Como lo de Oblivión se me ha atravesado he optado dejarlo para año nuevo, vida nueva. Así ha sido que sin saber a qué motivos sea debido me han entrado ganas de releer lo escrito en estos blogs, ya va para catorce años o así. Desde aquellos primeros blbuceos en aquella casa junto al nacimiento del Canal de Castilla hasta donde llegue, que, ¡Dios mío, lo que dan de sí catorce años de verter sobre el papel lo que a uno se le pasa por la cabeza!
Sin lugar a dudas es un ejercicio interesante donde les haya. Porque en catorce años uno acumula experiencias que son las que, en definitiva, configuran la manera de pensar. Por eso releer lo escrito da una idea bastante aproximada de los cambios que uno ha expirementado en el plano digamos que espiritual. Y qué le vamos a hacer si uno se parece a lo que era hace catorce años lo que un huevo a una castaña. Porque solo los minerales no evolucionan. Bueno, algunos sí, pero eso no viene ahora a cuento.
El asunto es que evolucionamos y enfrentarse a testigos fehacientes de esa evolución tiene algo parecido al masoquismo porque son muchas las veces en las que uno tiene que avergonzarse al comprobar años después las tonterias que se hicieron y dijeron pensando que se acertaba. Así es la vida, que uno de forma natural tiende a mirar hacia atrás con lentes de fantasía. Recordando siempre mentiras en las que se sale bien parado. Y por eso supongo será que no paramos de tropezar en la misma piedra. Pero, ¡ay!, si tienes testigos fehacientes, entonces... ¿entonces qué? ¿Servirá para hacernos más avisados respecto a la vulnerabilidad de nuestras opiniones sobre el devenir del mundo? Me temo que no porque la condicion humana es la que es y vivir sin algo medianamente sólido en lo que apoyarse resulta dificil por no decir imposible. Pero, bueno, a la postre, en algo hay que entretetenerse.