jueves, 8 de diciembre de 2022

Evolución

Como lo de Oblivión se me ha atravesado he optado dejarlo para año nuevo, vida nueva. Así ha sido que sin saber a qué motivos sea debido me han entrado ganas de releer lo escrito en estos blogs, ya va para catorce años o así. Desde aquellos primeros blbuceos en aquella casa junto al nacimiento del Canal de Castilla hasta donde llegue, que, ¡Dios mío, lo que dan de sí catorce años de verter sobre el papel lo que a uno se le pasa por la cabeza!

Sin lugar a dudas es un ejercicio interesante donde les haya. Porque en catorce años uno acumula experiencias que son las que, en definitiva, configuran la manera de pensar. Por eso releer lo escrito da una idea bastante aproximada de los cambios que uno ha expirementado en el plano digamos que espiritual. Y qué le vamos a hacer si uno se parece a lo que era hace catorce años lo que un huevo a una castaña. Porque solo los minerales no evolucionan. Bueno, algunos sí, pero eso no viene ahora a cuento. 

El asunto es que evolucionamos y enfrentarse a testigos fehacientes de esa evolución tiene algo parecido al masoquismo porque son muchas las veces en las que uno tiene que avergonzarse al comprobar años después las tonterias que se hicieron y dijeron pensando que se acertaba. Así es la vida, que uno de forma natural tiende a mirar hacia atrás con lentes de fantasía. Recordando siempre mentiras en las que se sale bien parado. Y por eso supongo será que no paramos de tropezar en la misma piedra. Pero, ¡ay!, si tienes testigos fehacientes, entonces... ¿entonces qué? ¿Servirá para hacernos más avisados respecto a la vulnerabilidad de nuestras opiniones sobre el devenir del mundo? Me temo que no porque la condicion humana es la que es y vivir sin algo medianamente sólido en lo que apoyarse resulta dificil por no decir imposible. Pero, bueno, a la postre, en algo hay que entretetenerse. 


martes, 6 de diciembre de 2022

Y vuelven a beber

Creo recordar que todos los años por estas estas fechas me invade como una dejadez que me obliga a redoblar el trabajo de la voluntad para continuar sobre la breche. La conciencia de inanidad me invita a estar todo el día tumbado en el sofá agarrando ora un libro, ora otro, sin que pueda determe en cualquiera de ellos más de un par de minutos. Me incorporo e intento adentrarme en la partitura de Oblivión que, como les dije, baje ayer a que me la imprimiesen en la copistería de la esquina, pero nada, es como una pendiente de 75º que tuviese que subir en bicicleta. Y aumenta mi desaliento. 

Los ciclos de la naturaleza. Más luz, menos luz. Más o menos serotonina, o dopamina, que no sé. Sea como sea, la humanidad, cualquier cosa que eso sea, parece como que necesita aportes suplementarios de sustancias dopantes a medida que nos aproximamos al solsticio invernal. Beben y beben y vuelven a beber. Y todos corren en trineo hacia el castillo del conde Drácula donde se va a celebrar el baile definitivo. 

En fin, ante lo inevitable, relajarse y ponerse a la espera de mejores tiempos. Afortunadamente tengo donde esconderme. Siempre lo tuve y siempre salí renovado del escondrijo. 

"La libertad es la posibilidad de mantenerse aislado. Eres libre si puedes apartarte de los hombres, sin que te obligue recurrir a ellos la falta de dinero, o la necesidad gregaria, o el amor, o la gloria, o la curiosidad, cosas que ni del silencio ni de la soledad pueden alimentarse. Si te resulta imposible vivir solo, es que naciste esclavo."

lunes, 5 de diciembre de 2022

Oblivion

"Toda opinión es una groseria, incluso cuando no es sincera. 

Toda sinceridad es una intolerancia. No hay liberales sinceros. Además, no hay liberales." 

Me he pasado la vida opinando porque, como soy un mierda, no puedo estar callado. Ahora ya me he dado cuenta de que, cuando opinas mucho, de vez en cuando suena la flauta por casualidad. Pero solo por un rato. A la larga, que no es larga, toda opinión es desmentida por la realidad. No existen verdades que proclamar, solo ilusiones de verdad. Ser sabio es ser consciente de ello y, por tanto, no actuar. 

En cualquier caso, ayer bajé de la red la partitura de Oblivión y hoy iré a la copistería de la esquina a que me la impriman. Quiero aprender a tocar algo de Piazzola para tener, como quien dice, todo el santoral completo: Bach, Tárrega, Albéniz, Villalobos, Leo Brouwer, Ponce, Barrios... ésta es la verdad que me va quedando: aire que vibra a mi antojo.   

viernes, 2 de diciembre de 2022

Andana

Como me imagino que ustedes no se enteran de nada de lo que está pasando en el mundo les voy a contar un pequeño detalle que a mi juicio es bastante significativo: resulta que en Schortens, un cento de vacunación en Friesland, noroeste de Alemania, a una enfermera se le ocurrió que, por si las moscas, iba a ser mejor inyectar suero fisiológico que la preceptiva dichosa vacuna anticovid a los 8.600  ancianos a su cargo. Descubierto el pastel saltaron todas las alarmas y la susodicha enfermera fue sometida a todos los procedimientos judiciales a los que su osadía daba lugar. Acabamos de conocer la sentencia de los tribunales: la enfermera ha sido absuelta de todo tipo de cargos. 

¿Entonces, qué? No habíamos quedado... así es la vida, donde dijeron digo, ahora dicen Diego, y al que Dios se la haya dado ya está ahí San Pedro para bendecírsela. Y así, como el que no quiere la cosa, los que dicen llamarse Andana van siendo legión. 

Es muy curioso todo esto del lenguaje. A mí que me registren, yo me llamo Andana. Sin lugar a dudas, si no fuese por las germanías o hermandades, nuestras capacidades expresivas estarían muy mermadas. Pero, afortunadamente siempre hubo y habrá patios de Monipodio en donde hablar con sobrentendidos es la clave de la seguridad. Son códigos secretos que el uso va haciendo cada vez más públicos hasta que se incorporan a la lengua habitual. Andana es como el populacho delincuente conocía a la iglesia. Cuando alguien era perseguido por la justicia civil se metía en una iglesia y allí estaba seguro. En lenguaje culto se decía acogerse a sagrado. "A fé doctor, que con usted de nada sirve acogerse a sagrado", cuenta Gracián que le dijo un noble a su médico que le había perseguido hasta la iglesia para no perder tan remunerativo cliente. ¡Los médicos, punto y a parte!

Por cierto, que a muchos de ellos de nada les van a servir los juegos de lenguaje como técnica de camuflaje. Han sido causa eficiente del desaguisado y ahora a lo más que pueden acogerse es a la presunción de inocencia. Al menos eso es lo que dijo ayer el tribunal que atiende la demanda criminal interpuesta a la máxima autoridad médica suiza por haber autorizado el uso de una medicación que no había sido testada como ordenan los cánones. 

Y suma y sigue.  

jueves, 1 de diciembre de 2022

Tela de araña

Amor casi de un vuelo me ha encumbrado

adonde no llegó ni el pensamiento;

mas toda esta grandeza de contento

me turba, y entristece este cuidado,


que temo que no venga derrocado

al suelo por faltarle fundamento;

que lo que en breve sube en alto asiento,

suele desfallecer apresurado. 



¿Recuerdan ustedes cómo era el mundo hace treinta años? ¿Cuántos de ustedes manejaban internet, móviles y demás mandangas de las que la actualidad provee hasta a los más depauperados? Treinta años, un suspiro como quien dice. ¿Qué fundamentos puede tener cualquier cosa que se construye en el tiempo de un suspiro? Toda esta tela de araña, nunca mejor dicho, construida con ceros y unos y en la que parece haber quedado atrapada la vida hasta límites que nunca conoció la humanidad. Una tela araña, con su sofisticación y vulnerabilidad. Un leve manotazo y a tomar pol saco.

El caso es que, según oigo decir por ahí, la gente, entre la que me incluyo, ha empezado a caer en la cuenta de lo pegajosos y molestos que son los hilos de esa red de ceros y unos. Es como si ya no hubiese forma de vivir si no es colgado de esos hilos. Si bajas a tierra no tendrás de qué sustentarte. Todo, los más mínimos actos de nuestra vida, pasan por los filtros de las compañías tecnológicas que han construido esa tela en la que, como moscas, nos debatimos por sobrevivir hasta que perdemos todas las fuerzas y no ofrecemos resistencia a ser comidos. ¿Ustedes se han parado a pensar que significa eso de que la inmensa mayoría de las personas vaya por la calle con la mirada absorta en la pantalla del móvil? Así es que no ven las cagadas de perro y las pisan con el consiguiente desparramamiento del material, que es que, como no llueva dos días seguidos, es imposible andar por la calle sin pisar mierda. 

¡Por Dios Bendito, otra de las tantas imbecilidades de las que me he ufanado! Así es que me he tenido que pasar la vida apeándome del burro una detrás de otra. Seguramente a causa de mi infantil credulidad. Veo venir por ahí un burro volando y de inmediato me subo. La última fue en ésta que resultó ser tela de araña. ¡Por Dios Bendito, pero como puedo seguir creyendo a estas alturas de la vida en el progreso! Me ufanaba de ser de los primeros que utilizaron todas las ventajas que ofrecía la red. El banco, las compras... era un moderno avant la lettre, o sea, un hortera dicho en cristiano. 

En definitiva, desde hace tiempo lo compro todo lo más cerca de casa que puedo y lo pago con dinero contante y sonante. Quizá sea algo más caro, pero como sé que de balde compra el que compra lo que ha de menester... y ya me dirán ustedes lo que ha de menester cualquiera con dos dedos de frente. Total, que mis finanzas no se ven en absoluto resentidas con tal actitud y, de paso, colaboro al cantado descalabro de todas esas empresas tecnológicas que se encumbraron de un vuelo. Escuchaba hoy que Amazón ha tenido que cerrar no sé cuántas tiendas.