Amor casi de un vuelo me ha encumbrado
adonde no llegó ni el pensamiento;
mas toda esta grandeza de contento
me turba, y entristece este cuidado,
que temo que no venga derrocado
al suelo por faltarle fundamento;
que lo que en breve sube en alto asiento,
suele desfallecer apresurado.
¿Recuerdan ustedes cómo era el mundo hace treinta años? ¿Cuántos de ustedes manejaban internet, móviles y demás mandangas de las que la actualidad provee hasta a los más depauperados? Treinta años, un suspiro como quien dice. ¿Qué fundamentos puede tener cualquier cosa que se construye en el tiempo de un suspiro? Toda esta tela de araña, nunca mejor dicho, construida con ceros y unos y en la que parece haber quedado atrapada la vida hasta límites que nunca conoció la humanidad. Una tela araña, con su sofisticación y vulnerabilidad. Un leve manotazo y a tomar pol saco.
El caso es que, según oigo decir por ahí, la gente, entre la que me incluyo, ha empezado a caer en la cuenta de lo pegajosos y molestos que son los hilos de esa red de ceros y unos. Es como si ya no hubiese forma de vivir si no es colgado de esos hilos. Si bajas a tierra no tendrás de qué sustentarte. Todo, los más mínimos actos de nuestra vida, pasan por los filtros de las compañías tecnológicas que han construido esa tela en la que, como moscas, nos debatimos por sobrevivir hasta que perdemos todas las fuerzas y no ofrecemos resistencia a ser comidos. ¿Ustedes se han parado a pensar que significa eso de que la inmensa mayoría de las personas vaya por la calle con la mirada absorta en la pantalla del móvil? Así es que no ven las cagadas de perro y las pisan con el consiguiente desparramamiento del material, que es que, como no llueva dos días seguidos, es imposible andar por la calle sin pisar mierda.
¡Por Dios Bendito, otra de las tantas imbecilidades de las que me he ufanado! Así es que me he tenido que pasar la vida apeándome del burro una detrás de otra. Seguramente a causa de mi infantil credulidad. Veo venir por ahí un burro volando y de inmediato me subo. La última fue en ésta que resultó ser tela de araña. ¡Por Dios Bendito, pero como puedo seguir creyendo a estas alturas de la vida en el progreso! Me ufanaba de ser de los primeros que utilizaron todas las ventajas que ofrecía la red. El banco, las compras... era un moderno avant la lettre, o sea, un hortera dicho en cristiano.
En definitiva, desde hace tiempo lo compro todo lo más cerca de casa que puedo y lo pago con dinero contante y sonante. Quizá sea algo más caro, pero como sé que de balde compra el que compra lo que ha de menester... y ya me dirán ustedes lo que ha de menester cualquiera con dos dedos de frente. Total, que mis finanzas no se ven en absoluto resentidas con tal actitud y, de paso, colaboro al cantado descalabro de todas esas empresas tecnológicas que se encumbraron de un vuelo. Escuchaba hoy que Amazón ha tenido que cerrar no sé cuántas tiendas.
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