viernes, 2 de diciembre de 2022

Andana

Como me imagino que ustedes no se enteran de nada de lo que está pasando en el mundo les voy a contar un pequeño detalle que a mi juicio es bastante significativo: resulta que en Schortens, un cento de vacunación en Friesland, noroeste de Alemania, a una enfermera se le ocurrió que, por si las moscas, iba a ser mejor inyectar suero fisiológico que la preceptiva dichosa vacuna anticovid a los 8.600  ancianos a su cargo. Descubierto el pastel saltaron todas las alarmas y la susodicha enfermera fue sometida a todos los procedimientos judiciales a los que su osadía daba lugar. Acabamos de conocer la sentencia de los tribunales: la enfermera ha sido absuelta de todo tipo de cargos. 

¿Entonces, qué? No habíamos quedado... así es la vida, donde dijeron digo, ahora dicen Diego, y al que Dios se la haya dado ya está ahí San Pedro para bendecírsela. Y así, como el que no quiere la cosa, los que dicen llamarse Andana van siendo legión. 

Es muy curioso todo esto del lenguaje. A mí que me registren, yo me llamo Andana. Sin lugar a dudas, si no fuese por las germanías o hermandades, nuestras capacidades expresivas estarían muy mermadas. Pero, afortunadamente siempre hubo y habrá patios de Monipodio en donde hablar con sobrentendidos es la clave de la seguridad. Son códigos secretos que el uso va haciendo cada vez más públicos hasta que se incorporan a la lengua habitual. Andana es como el populacho delincuente conocía a la iglesia. Cuando alguien era perseguido por la justicia civil se metía en una iglesia y allí estaba seguro. En lenguaje culto se decía acogerse a sagrado. "A fé doctor, que con usted de nada sirve acogerse a sagrado", cuenta Gracián que le dijo un noble a su médico que le había perseguido hasta la iglesia para no perder tan remunerativo cliente. ¡Los médicos, punto y a parte!

Por cierto, que a muchos de ellos de nada les van a servir los juegos de lenguaje como técnica de camuflaje. Han sido causa eficiente del desaguisado y ahora a lo más que pueden acogerse es a la presunción de inocencia. Al menos eso es lo que dijo ayer el tribunal que atiende la demanda criminal interpuesta a la máxima autoridad médica suiza por haber autorizado el uso de una medicación que no había sido testada como ordenan los cánones. 

Y suma y sigue.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario