Sigo con la Ilíada a pequeños sorbos. Diomedes el Tidida ha sido herido en el hombro por una flecha lanzada por Pandaro. Entonces, a las súplicas de Diomedes, acude Atenea y no solo le cura la herida, sino que le infunde una furia devastadora que causa verdaderos estragos en el campo enemigo, hasta llegar al mismísimo Eneas, hijo de Anquises y Afrodita. Diomedes ha tirado una piedra gigantesca que ha destrozado la cadera de Eneas; al instante acude su madre y lo cubre con un velo para evitar que lo rematen. Diomedes no se corta y ataca y hiere en la mano a la misma Afrodita. Afrodita le pide los caballos de oro a su hermano Apolo para huir al Olimpo a que la cure su madre Dione... extraña invención de Homero, porque, que yo sepa, Afrodita nació de la espuma que se produjo cuando cayeron en el mar los cojones de Urano cortados de un tajo por su hijo Cronos.
Pienso que es una representación perfecta de lo que son todas las guerras: humanos y dioses interactúan; unos dejándose el pellejo en el campo de batalla y otros desde lejos insuflando energía a unos o inutilizando la de sus contrarios. Por eso es que todas las guerras se perpetúan, porque, en realidad, aunque parezca que son entre humanos, son siempre entre dioses que tienen poderes infinitos. Miren, si no, esas guerras en curso: por más gente que muera en el campo de batalla la situación no cambia, o cambia muy poco, porque ninguno de los intereses de los desconocidos dioses que las han instigado han sido satisfechos. Y es que, hasta a los dioses les es muy difícil satisfacer sus deseos cuando son contrarios a los deseos de otros dioses.
Los dioses son seres afectados de la patología más letal que existe: la insaciabilidad de poder. Cuanto más tienen más quieren. Y para nada les preocupa comerse a sus hijos si con ello evitan sobresaltos. Lo que haga falta sin pararse en mientes: eso es lo que caracteriza a un dios. Por cierto, Elon Musk, ¿dios o hombre? Es el ser viviente que más curiosidad me suscita. ¿De dónde le veine esa obsesión por robar fuego a los dioses? Es como si quisiese acapararlo todo para él. Ayer me entretuve viendo un vídeo de la fábrica de chips que está a punto de construir en Texas. Muy bien, al final, los seres humanos no van a tener que doblar el espinazo para nada. ¿A qué se van a dedicar entonces? Pues a eso, a guerrear entre ellos para pasar el tiempo sin acordarse de la muerte. Es todo un sinsentido. Cuanto más nos valdría parar ya de una vez de robar fuego... pero se ve que el latrocinio está en nuestra esencia.
Hombres y dioses; tales para cuales: hasta los perroflautas tienen los suyos. Y por eso es que siempre estamos en tablas. Por más que ya no haya que bajar al río a lavar la ropa no hemos conseguido el poder disfrutar de ese tiempo liberado; seguro que hay por ahí un dios al que no le viene bien que lo utilicemos en la mera contemplación de las maravillas de creación. Si los humanos pudiéramos hacer eso seríamos como lo dioses, lo cual equivaldría al haberlos matado... y eso es imposible.
