miércoles, 27 de abril de 2022

Reflexiones de un casi desesperado

Me encuentro en el portal con una vecina y me dice que Putin es muy malo. Me encuentro por la calle a uno de mi pueblo que está en las últimas y me dice que Putin es muy malo. Yo les digo que poco más o menos igual de malo que los otros o incluso que nosotros. Me miran con cara de no entender. En el mundo ya está todo patas arriba si hacemos excepción de las estanterías de Mercadona. Veremos el tiempo que pasa antes de que empiecen a flaquear. Entonces será la mundial. La III guerra, por supuesto. 

Hablo con mis amigos del alma y, no sé si será porque se han inoculado el caramelón o por qué, el caso es que se niegan a informarse por otros medios que no sean los oficiales. De resultas, según mi perspectiva, tienen el tarro comido. Me deprime hablar con ellos porque siempre habían sido personas de mente abierta. Es lo que tiene pasar por el aro, que es difícil la vuelta atrás. En cualquier caso, tampoco descarto en absoluto mi total caos mental respecto de la realidad imperante. 

¡Qué chungo! Ahora precisamente, cuando acabo como quien dice de empezar a disfrutar con la guitarra. Poder tocar de corrido los Recuerdos de la Alhambra, o Asturias, o una bourré de Bach, o un preludio de Villalobos... bueno, tengo un repertorio de treinta o cuarenta piezas de dificultad media que me da para ponerme a tocar en un banco del centro de la ciudad a la espera de recolectar unas monedas. Ahora que parece que esto se va a trufar de turistas... 

Sí, así es: de lo único que no me avergüenzo es de haber aprendido algo de música. Todo lo demás, pura pantomima full cuando no pura y dura misera moral, como es el caso sobre todo del oficio con el que me gané la vida. O es que hoy día puede haber una profesión más miserable que la de médico... creyéndose todo eso de los miasmas -ahora lo llaman virus- por tal de que los laboratorios les paguen un viaje turístico. Bueno, también siento algo de orgullo por no haber picado el anzuelo del turismo, claro que el haber tenido de amigo a Fede y después haber leído a Pessoa me quita todo mérito al respecto. Porque es que mira que hay que ser chusma para picar en ese anzuelo. 

En fin, que ¡qué bien se está cuando se está solo y sin compromisos!  

sábado, 23 de abril de 2022

Diana

Los días que sopla el sur es como si tuvieses la cordillera al alcance de la mano. Todo en la vida es ilusión, unas veces óptica y otras sentimental.

El caso es que los días de sur los señores reciben por detrás. Al menos eso es lo que la leyenda urbana, convenientemente engrasada por el colectivo LeridaGeronaTarragonaBarcelona, sostiene que ponía en unos carteles que había en los portales del Paseo Pereda. Y es que esos días de sur pasear por los muelles más que desagradable es casi imposible. 

Pero como lo suyo es que el viento sur nunca se muera de sed, hoy llueve de lo lindo y, para más inri, con un viento del oeste tirando a huracanado. Concluyendo, si ayer era casi imposible salir a pasear hoy es imposible del todo. Lo cual, tampoco es que sea para rasgarse las vestiduras porque ya estábamos avisados y, además, no hay nada que podamos hacer para impedirlo. Ni ganas. 

Coges, agarras una mahou cinco estrellas, unos frutos secos y pones Diana Krall Live in Paris. Y a vivir que son dos días. 

viernes, 22 de abril de 2022

Samuel y Rothbard

Por aquel entonces los israelitas vivían en una especie de anarquía lo que venía a ser estar sometidos en exclusiva a la ley divina, la que Moisés había bajado del monte. El que la hacía la pagaba porque Dios que todo lo ve y es infinitamente justo ya se encargaba de que así fuese. Para sus dudas y preocupaciones acudían a un profeta que tenía línea directa con Dios. Samuel se llamaba y nunca les defraudó. Pero Samuel, que tan sabio era para las cosas de los demás, cometió el mayor error que puede cometer un hombre: no supo educar a sus hijos. Así, cuando sus hijos crecieron resultaron ser unos pájaros de cuenta que se aprovechaban de la posición de su padre, lo cual, como es fácil de entender, levantó no pocas suspicacias. ¿Quién iba a suceder a Samuel que ya era viejo? A sus hijos no los querían ver ni en pintura así que, hablando unos con otros, los israelitas concluyeron que lo mejor sería tener un rey como los demás pueblos. 

"A Samuel le disgustó que pidieran ser gobernados por un rey, y se puso a orar al Señor. El Señor le respondió:

-Haz caso al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti sino a mí; no me quieren por rey. Como me trataron desde el día que les saqué de Egipto, abandonándome para servir a otros dioses, así te tratan a ti. Hazles caso, pero adviérteles claro, explícales los derechos del rey:

-Estos son los derechos del rey que os regirá: a vuestros hijos se los llevará para enrolarlos en sus destacamentos de carros y caballería y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejercito, como aradores de sus campos y segadores de su cosechas. A vuestras hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Vuestros campos, viñas y mejores olivares os los quitará para dárselos a sus ministros. De vuestro grano y vuestras viñas os exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A vuestros criados y criadas, vuestros mejores burros y bueyes se los llevará para usarlos en su hacienda. De vuestros rebaños os exigirá diezmos. ¡Y vosotros mismos seréis sus esclavos! Entonces gritaréis contra el rey que os eligísteis, pero Dios no os responderá.

El pueblo no quiso hacer caso a Samuel, e insistió: No importa. ¡Queremos un rey! Así seremos como los demás pueblos. Que nuestro rey nos gobierne y salga al frente de nosotros a luchar en la guerra." 

Rothbard, como era de origen judío, es seguro que conocía desde niño esta pasaje de la Biblia. Y le debió impactar mucho porque, si bien lo consideramos, ese breve pasaje es la semilla de la que luego brotó toda su teoría política, Manifiesto Libertario incluido. El pueblo quiso un Estado que le cobijase bajo sus alas por la sencilla razón de que el pueblo, indefectiblemente, se equivoca. Los individuos también, pero menos. Por eso es tan importante que los individuos pesen más que las colectividades. Cuanto menos ingeniería social mejor les va a los individuos y, por tanto, al mundo. Ya se encargaran los individuos de entenderse entre ellos cuando sientan la necesidad de hacer alguna cosa en conjunto. Para, el resto, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Yo, la verdad, si hay algo que no entienda es que no sea lea a Rothbard en los colegios... otro gallo nos cantara. 

miércoles, 20 de abril de 2022

Nebraska

La otra noche pasamos un buen rato viendo Nebraska. ¿Vemos una película?, dice María, y yo de mala gana me pongo a husmear por el disco duro por ver si queda algo aprovechable para sacudirse el tedio de la velada en ciernes. Porque es que a esas horas del día tengo tal fatiga mental que si no fuese por disciplina me iría a la cama, porque cada día me va sobrando un rato mayor y así ha sido que he entrado en el circulo vicioso de madrugar cada vez más porque cada vez me acuesto antes. Cosas de viejos, supongo, que es que en realidad lo que uno no sabe es que coño anda haciendo por aquí todavía. 

El caso es que muy de vez en cuando aparece una pepita de oro. Fue el caso de Nebraska, una película de gente normal a la que le pasan cosas normales, es decir, anodinas. Y esa es la cuestión, que las cosas anodinas no suelen carecer de su lírica e, incluso, de su grano de épica, siempre y cuando,  claro está, el que las cuenta no intente resaltarlas y todo dependa de la perspicacia de quien las observa. Es la historia de un viejo que tiene medio perdida la cabeza, como corresponde, pero no tan perdida como para no conservar la noción de lo esencial, es decir, que cuando ya no tienes nada que ofrecer y estás sintiendo la muerte en los bordes de tu cuerpo te carcome el deseo de ser recordado con benevolencia, al menos por los tuyos. En el fondo no es más que la ilusión de no morir del todo. Una tontería, desde luego, pero así estamos hechos y no hay forma de sustraerse a ello por muy brillantes que sean los razonamientos con que lo intentas. 

Al viejo le echan al buzón una papel en el que le dicen que le ha tocado un millón de dólares. Luego claro, está la letra pequeña que el viejo no lee. Así que el hombre ve abrírsele el cielo: ya puede dejar algo a sus hijos. El hijo pequeño le dice que es un timo, pero no consigue convencerle. Al final le lleva a la ciudad en la que se cobra el supuesto premio. Pero antes pasan por el pueblo del que son oriundos y se alojan un par de días en la casa de unos familiares. El viejo deja escapar allí lo de que va a cobrar un millón y de nada sirve que el hijo lo desmienta. A la gente le gusta pensar que ese tipo de cosas pasan y no quieren saber nada de aguafiestas. Se crea entonces un ambiente de comedia que acaba rozando la tragedia. La cosa acaba bien porque el hijo pequeño es un buen chaval que quiere que su padre tenga su cuota de gloria antes de partir de este mundo. Un sainete, en definitiva, que acaba bien. 

No le vi, en cualquier caso, a la película una intencionalidad oculta. Lo cual, hoy día, es casi un milagro. Precisamente hoy, cuando han dado la noticia de que Netflix ha perdido un 20%de sus subscritores y Elon Musk ha dicho que no le extraña nada porque los contenidos de esa plataforma son pura propaganda de toda esa basura ideológica en boga. Sí, ese es el asunto, que he tardado demasiado en caer en la cuenta de que salvo rarísimas excepciones, el cine, la literatura y, en general, todo lo que se engloba bajo la denominación de cultura, no suele ser sino mera propaganda, o adoctrinamiento si mejor quieren, del poder en curso para que obedezcamos de buena gana. En fin, qué le vamos a hacer. 

martes, 19 de abril de 2022

Plenitud

No me atrevo a calibrar lo que me costó aprender a estar solo sin por ello sentir la menor carencia sino, a ciencia cierta, todo lo contrario, es decir, plenitud. Hace ya muchos años que estoy en ello y, de tal modo me horrorizan las masas -más de cuatro- que hasta me hice diagnosticar por un perito en la materia de fóbico social, etiqueta que a la postre me reportó no pocos beneficios tanto materiales como espirituales. Pero, al respecto, no voy a entrar ahora en detalles. 

Lo qué sí quiero decir es que mi vida valió bien poco hasta que no inicié la lucha por conseguir ese objetivo. Aunque al principio no fuese consciente de en qué me había metido. Sin duda estaba predestinado a ello porque todo vino rodado: a partir de los cincuenta, ya, como quien dice, había alcanzado la excelencia en ese difícil arte, padre y madre de todo lo que en esta vida merece la pena, empezando por la escurridiza amistad. Porque, ¿cómo vas a poder ser amigo de alguien si primero no sabes serlo de ti mismo?

Sí, mis queridos niños, y niñas también, no os hagáis vanas ilusiones porque hasta que no sintáis la plenitud de la soledad no seréis más que hojas muertas que el viento arrastra de aquí para allá. No podréis marcaros un objetivo poderoso porque os dará miedo. Todo vuestros deseos consistirán en salir volando por la ventana en busca de alguna yugular virgen de la que pensáis extraer la pócima maravillosa que os va a restituir la vida. ¡Pobrecillos! ¡Como si las yugulares vírgenes anduviesen por ahí a la disposición del primer vampiro que se acerca! No, no funciona así la cosa. La vida, mis queridos, solo se restituye atravesando el desierto.

En fin, perdónenme estas breves expansiones motivacionales, pero es que uno ve lo que ve y le pasa lo que a Guillermo Brown, que solo quería ayudar. 

sábado, 16 de abril de 2022

Inverosímil, pero cierto

Alonso de Contreras ya va de retirada. Debe andar por la cuarentena. Apenas le queda una página para terminar sus inverosímiles, por más que sean veraces, memorias y se nos descuelga con lo siguiente. Claro, hay que tener en cuenta que son los tiempos y lugares de la Lozana Andaluza.   

"De allí pasé a Castillón donde topé una faluca que venía la vuelta de Nápoles; traía una brava dama española, conocida, con la cual cené aquella noche y rogóme que durmiese en su aposento porque tenía miedo. No quise ser desagradecido y así me acosté en el aposento en otra cama. Yo me levanté a orinar y como estaba oscuro, por irme a mi cama topé con la de la dama y metíme dentro y ella parecía que dormía, pero estaba despierta. Yo comencé a hincar y ella siempre dormía y acabado despertó y dijo <<¿ Qué ha hecho vuesamerced?>>. yo dije <<Tóqueme vuesamerced y lo verá>> y comenzó a decir <<¡Jesús!>> y <<Que mal hombre>>. Yo la dije <<Yo lo creo, que más mozo
 le querría vuesamerced con que velar de aquí a mañana>>, pero, aunque viejo, se dio una cuchillada sobre otra, que lo merecía a fe. "

Total que esta mañana he vuelto de Mercadona y con la misma he agarrado la plegable y me he llegado hasta el parque Cros de Maliaño que hay allí un chiringuito donde dan un café y pincho de tortilla que cumple con todos los criterios de calidad de mi particular baremo. Me he sentado y he sacado el Capitán Contreras con la intención de rematarlo. Casi lo he conseguido, pero el perreo de los altavoces me ha expulsado antes de tiempo. Desde que han puesto allí un camarero caribeño la música está un pelín alta para mi gusto. Así que he agarrado la plegable y no he parado hasta el paseo del Pesquero que a esas horas estaba la mar de agradable con un sol enteriñado que daba un calorcillo muy acogedor. Y esta vez, sí que sí, he rematado el Contreras. Con dificultad, bien es verdad, porque el libro está tan manoseado que tiene todas las hojas sueltas. ¡La de veces que lo habré leído! Y da igual cuántas sean porque no deja de admirarme. No debe haber habido una vida más agitada en toda la historia de la humanidad. Ni una persona con mayor determinación de conseguir sus objetivos, la mayoría de ellos entrañando una gran peligrosidad. Sin duda, a parte de tener una gran inteligencia, tuvo que contar con el favor de los dioses. De hecho, nunca cesó de ofrecerles sacrificios: los días que andaba ocioso se tragaba cuatro misas como si nada. Aunque, todo hay que decirlo, lo que se dice ocioso anduvo muy poco. 

A parte de eso, lo que queda claro en esas memorias es que en España, y supongo que en el mundo, siempre ha sido lo mismo: la gente que resuelve los problemas siempre ha tenido que bregar con los parásitos que obstaculizan el normal desarrollo de los acontecimientos. Todo ese monumento a la desconfianza que es la burocracia ha sido y será por siempre jamás la ruina de los Imperios. ¡Papiles y más papiles hasta para ir a cagar! Y no precisamente para limpiarse el culo, no, no tienen otra finalidad que justificar a los parásitos que nos devoran la vida.    

lunes, 11 de abril de 2022

Escampando boira

He salido un rato a escampar la boira y me he tenido que volver por el viento. Sopla del sur y en los sitios que hace chimenea como en el afamado y nunca suficientemente ponderado Centro Botín era difícil  mantener el tipo. Por allí había unos cuantos turistas desconsolados porque la cafetería del Centro estaba cerrada. Curiosa esa costumbre de cerrar un día a la semana los negocios. No parece a primera vista que tenga mucho sentido, porque mantener una inversión tan grande en el dique seco un 14% del tiempo es, cuando menos, una actitud muy señoritil, pero como así se lo repitió mil veces Dios a Moises: "que trabajen seis días y el séptimo que  descansen", pues nada,  hasta los Botín pasan por el aro, aunque puede que en este caso, más que por Dios sea por los sindicatos que ya se sabe lo que pueden llegar a dar pol saco. 

El caso es que sorprende la cantidad de turistas que intentan escampar su boira deambulando como almas en pena por los mitificados espacios de la ciudad. Yo, habrán dicho en la oficina, esta Semana Santa me voy a Santander. Y ya han adquirido el compromiso y no se pueden echar para atrás so pena de quedar como auténticos chisgaravises. Porque en realidad a lo que el turista cree que se ha comprometido con sus compañeros de trabajo es a contar la aventura de su viaje. Como dijo no sé quién, al turista lo de ir le trae sin cuidado, incluso se lo ahorraría si pudiese, pero para volver, que es lo que realmente le interesa antes tiene que ir. Parafraseando a Ortega, es como si la verdad del turista fuese ser una especie de Aquiles que se pasa la vida soñando con llegar a ser Homero. Bueno, no se hacen idea de la cantidad de Homeros, o mejor Homeras, que puede llegar a haber en las colas de la caja de los supermecados de Palencia relatando su particular Ilíada de fin de semana en Santander. En fin, cosas de la humana naturaleza que necesita desesperadamente reconocimiento so pena de craquer, como dicen los franceses para dar a entender que alguien se viene abajo. 

Total, que, como les dije, me vine para casa y aquí estoy tan ricamente con mis cosas. Si baja el viento, lo que no parece vaya a ser el caso, bajaré al muelle del puerto Pesquero a sentarme en un banco y seguir leyendo lo del Capitán Contreras. La verdad es que, qué país éste; si dicho capitán hubiese sido inglés o francés, ya hubiésemos visto veinte películas sobre él. Porque es difícil imaginar una vida más azarosa. Eso sí, las mujeres mucho quejarse, pero la única que saca provecho de los peligrosos trabajos del capitán es su quiraca que acaba con una mansión por todo lo alto en Malta.  Perspectiva de género que le dicen. Pero bueno, en el entretanto de si bajo o no bajo al muelle me entretendré con las partituras habituales que me he propuesto dominar razonablemente antes de ir a saludar a Caronte. No sé si lo lograré porque es obvio que el tiempo se me acaba. 

domingo, 10 de abril de 2022

Peripatos

 A las 10,49 AM de ayer me llegó un mensaje de Isi: ¿Damos un paseo? Serían las once y cuarto cuando nos encontramos a la altura del marítimo. Y comenzamos a caminar. El cielo estaba enteriñado y la brisa de nordeste apenas era perceptible: perfecto para lo que nos proponíamos que no era otra cosa que ir bordeando la bahía hasta llegar al puerto de Raos. Calculo que nos costó unas dos horas llegar allí, pero a efectos, digamos que psicológicos, no fue más allá de un suspiro. En el entretanto el cielo se había despejado completamente y el nordeste atizaba de plein fouet. Apenas había gente por allí. Raro para un sábado a mediodía. Nos sentamos en una terraza al abrigo de los elementos. 

Es lo que tiene la conversación, que se lleva el tiempo en volandas. Y se da el caso de que Isi parece nacido para conversar. Bueno, a veces se repite como nos repetimos todos, pero en general es la amenidad en persona. Amenidad y afabilidad, que todo hay que decirlo. Porque es que a sus generosas lecturas le añade una rica vida social que le redondea el bagaje de anécdotas con sentido. Así fue que entre la ida y la vuelta más el rato que estuvimos sentados tomando un piscolabis pasaron casi seis horas. Fue, ya, llegando a casa cuando caí en la cuenta de que estaba bastante cansado. Isi había medido el recorrido con su móvil y el cómputo había dado unos quince kilómetros. 

En cualquier caso, supongo, no todas las conversaciones sirven. O, mejor, sorben el seso por igual. Las hay que matan de aburrimiento por lo mismo que otras te elevan el espíritu y me pregunto por qué esto tiene que ser así. Al fin y al cabo, hables de lo que hables no son más que palabras que se lleva el viento. Aunque, quizá, a veces se produzca la ilusión de haber aprendido o comprendido algo que te puede servir para mejorar las expectativas, que no otra cosa es lo que da sentido a la existencia, tener expectativas de nuevas experiencias enriquecedoras... aunque, luego, cuando vuelves a tomar tierra, seas perfectamente consciente de que, a qué nos vamos a engañar, ya está todo el pescado vendido. 

 

viernes, 8 de abril de 2022

Más de casi lo mismo

Hoy he dormido bastante bien. Ni siquiera me ha protestado la próstata durante las primeras cinco horas. Supongo que ha sido la consecuencia natural de no haber dormido ayer más de cuatro horas. Que es que así vamos con esto del sueño, que un día no le alumbramos y al siguiente le quemamos. Me he levantado hacia las seis, he desayunado y, acto seguido, he mirado un par de problemillas, en este caso de "Matemáticas con Juan". Uno le he resuelto por mis propias medios y, el otro, he sucumbido y he tenido que recurrir a las explicaciones de Juan. ¡Curioso personaje! A continuación, he hecho las consabidas y obligatorias abluciones y excreciones y con la misma me he ido a dar un paseo por los muelles. 

Soplaba un sur un tanto fresco que mantenía agitadas las aguas de la bahía. En el cielo había nubes altas y densas salvo por levante que se apreciaba un cierto resplandor. La cordillera, todavía muy nevada, se perfilaba con una nitidez aclaparadora, que diría Pla. Para ser la hora que era había bastante gente. Algunos, ya en patinete, ya en bicicleta, se notaba que acudían a sus trabajos, otros simplemente paseaban o corrían, los más estaban sacando a cagar a su perro y otros cuantos se mantenían alertas junto a sus cañas por si había que echar mano del redeño adjunto para sacar una eventual captura. A la altura del Marítimo, cabe las estatuillas de los raqueros, estaba Rodrigo, un exalumno de María que me ha ignorado olímpicamente, de lo que deduzco que la noche le ha ido mal porque, cuando le ha ido bien, hace todos los aspavientos posibles para que me acerque porque quiere enseñarme sus capturas. Por cierto que es increíble lo que ha estirado ese chico en seis meses. De veinte centímetros no baja, desde luego. 

Serían las nueve o así cuando he vuelto a casa. María ya se había levantado y estaba desayunando. He subido las persianas y, sin más demora, me he puesto con unos minuetos de Rameau que poco a poco voy interiorizando. Están en Re y para tocarlos como manda la partitura ha que bajar un tono al bordón, es decir, afinarlo en Re. El caso es que ya les tengo, los dichos minuetos digo, en el bote; solo necesito persistir un poco para poder tocarlos como toco todo, es decir, fatal... pero tengo más moral que el Alcoyano. Total, que he decidido tener afinada la sexta en Re en la guitarra que compré el otro día por 85 € al brocanter que hay en la calle Nicolás Salmerón, o sea, justo aquí al lado. Así, con semejante artimaña, no necesito andar afinando cada vez que quiero tocar los citados minuetos, o Rosita de Tárrega, o Alma Zapoteca de Uvalle, o Sons de Carriloes de Joao Pernanbuco, por poner solo unos ejemplos. 

Cansado ya de tocar, fatal como digo, y que conste que no es modestia ni mucho menos, me he puesto con La Vida del Capitan Alonso de Contreras que es libro que cuantas veces he leído más maravillado he acabado. Por cierto que en la edición que tengo hay un prólogo de Ortega y Gasset que si no vale lo que la historia en sí, muy cerca le andará. Desde luego que Ortega fue una cabeza brillante donde las hubiese, aunque hay que reconocer que en ocasiones se pasa de rosca con las adjetivaciones y metonimias... diría sin temor a equivocarme que roza la cursilería pedantesca, que es la peor de todas las cursilerías. 

Y ahora estoy a la espera de que me traigan una bicicleta plegable que acabo de comprar. Me ha llamado el de los repartos para decirme que está en camino. No sé si habré hecho bien con tal adquisición, pero a estas altura lo de menos es volver a equivocarse. Porque es que tenía ya firmemente decidido no volver a las andadas a causa de las lumbalgias que achacaba a la bicicleta. Pero no he podido resistirme. Y más, que me han cerrado la piscina por la cosa de la crisis energética que le dicen. En fin, vamos a ver.