Me encuentro en el portal con una vecina y me dice que Putin es muy malo. Me encuentro por la calle a uno de mi pueblo que está en las últimas y me dice que Putin es muy malo. Yo les digo que poco más o menos igual de malo que los otros o incluso que nosotros. Me miran con cara de no entender. En el mundo ya está todo patas arriba si hacemos excepción de las estanterías de Mercadona. Veremos el tiempo que pasa antes de que empiecen a flaquear. Entonces será la mundial. La III guerra, por supuesto.
Hablo con mis amigos del alma y, no sé si será porque se han inoculado el caramelón o por qué, el caso es que se niegan a informarse por otros medios que no sean los oficiales. De resultas, según mi perspectiva, tienen el tarro comido. Me deprime hablar con ellos porque siempre habían sido personas de mente abierta. Es lo que tiene pasar por el aro, que es difícil la vuelta atrás. En cualquier caso, tampoco descarto en absoluto mi total caos mental respecto de la realidad imperante.
¡Qué chungo! Ahora precisamente, cuando acabo como quien dice de empezar a disfrutar con la guitarra. Poder tocar de corrido los Recuerdos de la Alhambra, o Asturias, o una bourré de Bach, o un preludio de Villalobos... bueno, tengo un repertorio de treinta o cuarenta piezas de dificultad media que me da para ponerme a tocar en un banco del centro de la ciudad a la espera de recolectar unas monedas. Ahora que parece que esto se va a trufar de turistas...
Sí, así es: de lo único que no me avergüenzo es de haber aprendido algo de música. Todo lo demás, pura pantomima full cuando no pura y dura misera moral, como es el caso sobre todo del oficio con el que me gané la vida. O es que hoy día puede haber una profesión más miserable que la de médico... creyéndose todo eso de los miasmas -ahora lo llaman virus- por tal de que los laboratorios les paguen un viaje turístico. Bueno, también siento algo de orgullo por no haber picado el anzuelo del turismo, claro que el haber tenido de amigo a Fede y después haber leído a Pessoa me quita todo mérito al respecto. Porque es que mira que hay que ser chusma para picar en ese anzuelo.
En fin, que ¡qué bien se está cuando se está solo y sin compromisos!