lunes, 30 de mayo de 2022

Elodie y Yamandu

Apenas llevo cinco días estudiando el allegro solemne de La Catedral y ya como que veo la vida de otra manera. Y si se la escucho a Èlodie Bouny y Yamandu, flipo. Èlodie sigue la partitura y Yamandu la acompaña improvisando. El caso es que Èlodie y Yamandu son pareja en la vida real y tienen dos niños. Vista la compenetración que exhiben sobre el escenario uno piensa que no puede irles mal. Y, luego, Yamandu, que cuando los niños se ponen pesados, en vez de cabrearse, agarra la guitarra y se pone a improvisar inspirado por la lata que le están dando los niños. Todo le sirve para su particular convento.

Entre unas cosas y otras uno se da cuenta de que hay vidas y vidas. Vidas con jardín que cultivar y otras que por mucho que lo intenten no consiguen dar con el jardín aunque piensen que sí han dado. Entonces, estos autoengañados, son los auténticos pantomima full, esa masa amorfa que acude desesperada cada noche a los lugares de moda a intentar dar una imagen de si mismos que más tiene que ver con lo que les gustaría ser que con lo que son. En fin, que qué pena me doy cuando miro para atrás y me veo de tal guisa. ¡Cruel madrastra la naturaleza!

Pero no quiero desesperar. Porque sé que, lo que natura non da, la voluntad si presta. Insistiendo se llega muy lejos. Y si no se llega, por el camino te entretienes. En cualquier caso, a lo primeros avances con La Catedral me ha entrado la codicia y ya estoy pensando en hacerme con la partitura de Un Día de Noviembre. Son piezas esas dos que me parecen tan básicas hoy día para un guitarrista como lo fueron antaño, y siguen siendo, los Recuerdos de la Alhambra y Asturias. Es una cuestión de melodías que dieron en el clavo. Nadie que las escuche puede quedar indiferente. 

Por lo demás sigo con la lectura de Les Paradis Artificiels. Es un libro denso, o sea, de los que no admiten la lectura de corrido. El Periodista Sostres diría que no es apto para chachas. No sé, yo apuntaría más hacia los pantomima full. Yo lo leí cuando lo era a tope y doy fe de que no me debí enterar de mucho porque seguí en mis trece. En fin.  

jueves, 26 de mayo de 2022

Te Venero

Ayer no pude ya más, cogí, agarré e hice todas las maniobras necesarias para agenciarme la partitura de La Catedral de Agustín Barrios Mangore. Durante un tiempo me había parecido imposible sacar voluntad para tamaña empresa, pero ayer me dio por pensar que aunque sea ya lo último de interés que haga en la vida lo tengo que intentar. Luego, me puse con el tercer movimiento, el allegro solemne y me di cuenta de que el dominio que tengo de los estudios simples de Leo Brouwer me va a ayudar mucho a tirar para adelante. Encuentro muchas concomitancias entre ambas piezas y, si me apuran, también con cosas de Villalobos que es quizá el autor al que más tiempo he dedicado aunque, a la hora de la verdad, no sea capaz de tocar con fuste nada suyo. Bueno, en honor a la verdad ni de Villalobos ni de nadie, pero al menos disfruto lo mío cuando escucho a los maestros interpretar las piezas que yo destrozo. 

El asunto de la voluntad es quizá la clave de la vida. Un muerto viviente es, seguramente, una persona que no tiene voluntad. Que la ha perdido por el simple procedimiento de pactar con el diablo. Se maravillaría la gente si fuese consciente de lo sencillo que es conseguir ese pacto. ¿Bicicleta? ¡Eléctrica, por supuesto! ¡Pues anda que no me las sé yo todas! Lo de la agonía lo dejo para los pringaos. Todo en este mundo de fantasía está encaminado a que pierdas la voluntad que es el camino directo a la perdida de autoestima y a las pulsiones suicidas. La no aceptación de las condiciones de vida, el aburrimiento, te empuja a vender el alma al mejor postor. El único problema es elegir entre tanto como hay, desde un viajecito a un cachivache maravilloso, todo siempre pensado en clave de felicidad sin que para conseguirla tengas que ejercitar la voluntad. Todo es como en el chiste de Bartolo el As de los Vagos. Se presentó a un concurso y todos sus contrincantes querían aparatos que solo fuese necesario apretar un botón para que hiciesen todas las tareas. Bartolo quería un aparato para que apretase el botón.

El caso es que he largado este rollo de la voluntad porque vengo leyendo lo que Baudelaire dice sobre ella en relación con los paraísos artificiales. Y claro, como uno, como ya les he contado en repetidas ocasiones, ha abusado de esa clase de artificios pues como que duele reconsiderarse a uno mismo. Todos mis problemas fueron de voluntad. En la euforia de la ebriedad hacía propósitos de la enmienda, pero en cuando aterrizaba no podía con mi alma y lo dejaba todo para mañana. Así ha sido que nunca he llevado a término cosa que mereciese la pena. Y a mi alrededor no veo que más de lo mismo, pero como en los que hemos pactado con el diablo el mal de muchos no funciona como consuelo pues aquí estamos... nace el hombre y al nacer/ nace el hombre y al nacer/ cárcel por destino tiene/ porque solamente viene/ a un continuo padecer. Rosalía. Te Venero.

martes, 24 de mayo de 2022

En las manos de Dios.

 El caso es que, verdad o mentira, se ha empezado a correr el espécimen de que la nueva amenaza que se nos está echando encima, al menos en España, tiene su origen en una fiesta del orgullo gay habida en Canarias. Pero no solo eso, sino que, para más leña al fuego, esos gays contagiados en Canarias han seguido propagando la enfermedad a través de un prostíbulo masculino de Madrid al que acuden con frecuencia prohombres de la política nacional. Y, para redondear la jugada, cuentan que ese prostíbulo, de pésimas condiciones de salubridad, no había sido cerrado hace tiempo gracias a los buenos oficios de, precisamente, esos influyentes prohombres que le frecuentan. ¡No me digan que el asunto no está sobrado de material netflíxtico! ¡Pura socialdemocracia en acción!

Y así corre el mundo porque hay cosas que nunca cambian. Y si no se lo creen cojan, agarren la Biblia y recorran sus páginas. Cuando la gente empieza a vivir bien es inevitable que dé en el vicio. Así, los israelitas cada vez que levantaban cabeza fabricaban becerros de oro para adorarlos y se inventaban lo de la prostitución sagrada, una infantil artimaña para desculpabilizarse que a efectos de justicia divina no les servía de nada. Dios les mandaba plaga tras plaga que les sumían en la miseria y vuelta a empezar. 

Lo de la prostitución sagrada tiene sus perendengues. Recuerdo haber leído en Heródoto que en Babilonia las mujeres no se podían casar si antes no se habían prostituido con algún extranjero de los muchos que llegaban a la ciudad. Había un templo a tal efecto para hacer las cosas más cómodas. Los padres mandaban a sus hijas casaderas al templo y los viajeros corrían a él nada más llegar a la ciudad para aliviar urgencias genitales que ya saben lo incómodas que son. Bueno, vayan ustedes a saber el trasfondo de tal costumbre, porque también he leído en no recuerdo dónde que en aquella región del mundo era normal que los padres usasen a sus hijas a edad muy temprana. Así que mandarlas al templo podría ser una forma de disimular. En fin, vete tú a saber. 

En este asunto de los LéridaGeronaTarragonaBarcelona hay  también algo de infantil artimaña para desculpabilizarse. Como sí recibir por detrás otorgase una especie de superioridad no digo ya moral, que también, sino más bien de tipo intelectual. Claro, ahí está la Grecia Clásica para sustentar sus pretensiones. En cualquier caso la discriminación de la que han sido víctimas desde no sé cuándo parece como que ahora, cuando lo de tener hijos ha perdido todo prestigio, les dé una especie de derecho de resarcimiento que como todos los resarcimientos es el camino directo al ridículo y la decadencia. Esa gente es de vergüenza ajena, pero como se pasan el día amontonados dándose la razón unos a otros pues no se enteran. Es como si toda su vida fuese una fiesta en casa de Trimalción. Todos artistas promiscuos. Como si eso no fuese un oximorón o, si mejor quieren, un imposible metafísico. 

 En resumidas cuentas, que a nadie debe importarle como cada cual organiza sus asuntos íntimos, pero cuando dejan de ser íntimos y pasan a ser objeto de exhibición y orgullo ya la tenemos montada. Montada la mafia, quiero decir. Y eso a Dios, como les decía, no le gusta nada y, por tanto, ya sabemos que algo funesto se nos va a venir encima. 

domingo, 22 de mayo de 2022

El poema del hachisch

Lo mismo que a Baudelaire no se le pasó por la imaginación ponerse a escribir acerca de los efectos de los opiáceos después de haber leído El Comedor de Opio de De Quincey  -se limitó a incluirlo sin dejar una coma en su monográfico de los paraísos artificiales-, así, yo, que no soy menos, transcribiré algunos pasajes de Le poème du hachisch. Porque se da el caso de que habiendo sido uno, en un ya lejano pasado, un considerable consumidor de los derivados de la cannabis sativa y andando ahora con los típicos ejercicios de reconsideración tan propios de la senectud, me ha parecido que es imposible que un principiante como yo pudiera ni de lejos acercarse a la profundidad descriptiva de la que Baudelaire hace gala acerca de los efectos que produce sobre la psique la ingestión de tales sustancias. Se nota de lejos que las consumió generosamente. 

Recuerdo que andando a la sazón por Salamanca, ya de retirada, me preguntó un día Luis Felipe Torrente si era partidario de la legalización de la mariguana. Le dije que no con un cierto despecho. Estaba harto, quizá, de la simplificación del pensamiento de que hacía gala aquella juventud privilegiada o, acaso, sencillamente, tenía fresca la lectura de Les Paradis. Esas preguntas con sabor a ¿cree usted en Dios? Vamos a ver muchacho: ¿a qué te estás refiriendo cuando dices Dios? Pues bien, legalizar las drogas, ¿sí o no? Siempre me ha producido aprensión esta pregunta. Y desde luego que siempre estuve a favor de la libre autodeterminación de las personas y de su consiguiente responsabilidad, pero eso es una cosa y otra ignorar las múltiples aristas que tienen determinadas decisiones por aquello de que no todo ser humano, no nos engañemos en esto, está hecho a imagen y semejanza de Dios... es decir, dotado de unas poderosas potencias del alma: entendimiento, memoria y voluntad, para que nos entendamos. 

Así es que, ya digo, me produce aprensión decantarme por la despenalización por más que sepa a ciencia cierta que los efectos secundarios de la prohibición son devastadores. En definitiva, estamos en lo de siempre: el lado oscuro de la vida, o sea, donde es imposible avanzar sin tropezarse mil veces. Pero vayamos al texto:

"Yo pienso en faltas cometidas que dejaron en el alma trazas amargas, un marido o un amante que solo se puede recordar con tristeza, un pasado matizado por las tormentas; esas amarguras pueden entonces transformarse en dulzuras; la necesidad de perdón hace a la imaginación más hábil y más suplicante, e incluso el mismo remordimiento, en ese drama diabólico que no se se expresa sino por un largo monólogo, puede actuar como un excitante y recalentar poderosamente el entusiasmo del corazón. ¡Sí, el remordimiento! ¿Estaré equivocado si digo que el hachisch es para un espíritu verdaderamente filosófico un instrumento satánico? Los remordimientos, singular ingrediente del placer, son pronto ahogados en la deliciosa contemplación de los propios remordimientos, en una especie de análisis voluptuoso; y este análisis es tan rápido, que el hombre, ese diablo natural, no se apercibe de lo involuntario que es todo ello y cómo, de segundo en segundo, se va acercando a la perfección diabólica. Entonces, uno admira sus propios remordimientos y se glorifica sin enterarse de que está perdiendo la propia libertad. 

Eh aquí a mi hombre, el espíritu de mi elección, llegado a ese grado de alegría y serenidad donde es obligado admirarse a uno mismo. Toda contradicción se borra, todos los problemas filosóficos se hacen transparentes, o al menos lo parecen. Todo es materia de regocijo. La plenitud de la vida actual inspira un orgullo desmesurado. Una voz que le habla -¡sorpresa, es la suya!- le dice: "Tu tienes ahora derecho a considerarte superior a todos tus semejantes; ninguno conoce y no podría comprender todo lo que tu piensas y sientes; serían incluso incapaces de comprender toda la compasión que te inspiran. Tu eres un rey que los que pasan desconocen, y que vive en la soledad de su convicción: ¡pero te importa un bledo! ¿No posees ese desprecio soberano que hace que te sientas tan superior?"

Podría seguir transcribiendo y de nada les serviría a quienes no hubieran experimentado la sensación, ya sea por no haber probado el hachisch, ya sea por haberlo probado y carecer de la suficiente madurez para autocontemplarse. En cualquier caso, doy fe de que ni un punto ni una coma quitaría yo a ese texto en función de mis propias experiencias que, a Dios Gracias, no me arrastraron al abismo de pura casualidad. No, no conviene simplificar con este tipo de cosas. Jugar a revelarse contra Dios no sale nunca gratis por más que sea una parte nada despreciable de la educación sentimental. Muchos, demasiados quizá, pierden en esa apuesta y quedan condenados a un destino de ir de baile en baile batiendo las alas.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Lo de Ceilán

Es curioso porque hablo con mis amigos que blasonan de estar bien informados y no se han enterado de que en Sri Lanka, la antigua Ceilán, la gente del común se está dedicando estos días al más gratificante de todos los entretenimientos que no es otro que localizar, perseguir y dar caza a los políticos y sus amigos, los más ricos del lugar. Por lo visto las televisiones y periódicos al uso no han dicho ni mu al respecto. Supongo que será por la cosa de que todo se pega y pon las tuyas a remojar cuando veas las barbas del vecino pelar.

Lo de la información es un asunto peliagudo. Ayer me envió Isi un vídeo de lo más interesante. Se trataba de una conferencia sobre Tocqueville y, por tanto, sobre la democracia. Había andado el joven Tocqueville en los comienzos del XIX por los EEUU de América. Por aquel entonces era el único sitio del mundo con un régimen político democrático. El caso es que el chaval vio allí tal cantidad de contradicciones que no le quedó más remedio que ponerse a escribir sobre la democracia por aquello de que escribir es la mejor forma de reflexionar. Pero, claro, no se puede reflexionar a palo seco: hacen falta unos fundamentos sobre los que sustentarse. Fundamentos que pensaba Tocqueville habían de ser firmes, para lo cual no había que diseminarse. Por eso eligió solo tres libros que tratan de la democracia y se dedicó a estudiarlos a fondo: El Contrato Social de Rousseau, El Espíritu de las leyes de Montesquieu y otro por el estilo.

Lo que quiero decir es que para estar bien informado la primera treta del trato es restringir las fuentes para poder agotarlas. Sostenía Pessoa que hay una erudición de la sensibilidad. "La erudición de la sensibilidad nada tiene que ver con la experiencia de la vida. La experiencia de la vida nada enseña, lo mismo que la historia nada informa. La verdadera experiencia consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto. Así, la sensibilidad se ensancha y profundiza, porque en nosotros está todo; basta que lo busquemos y lo sepamos buscar". 

Hablaba anoche con Fede, tan apasionado siempre que a duras penas me deja meter baza. Morirá con las botas puestas. Estudioso infatigable de la condición humana hace ya tiempo que me viene hablando del concepto personalidad. Al respecto le obsesiona la novela de Stevenson "The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde". La lee, la relee y vuelve a leer y siempre parece que va de nuevas. Nada que ver con la película que trata de un ciudadano ejemplar que se vuelve demonio cuando se droga. Típico pensamiento binario para consuelo de las masas iletradas. La realidad es que el Dr. Yekyll no es más autentico que Mr. Hyde y otras mil personalidades que le pudieran surgir según las circunstancias. ¡Enorme tarea explicar al personal esa dura realidad! Todos podemos ser todo si nos vienen dadas de este modo o aquel. Un gran hallazgo que ha exigido restringirse. 

En fin, esperemos que lo de Ceilán no llegue aquí, porque se da la circunstancia de que para que pase lo que está pasando allí primero se tienen que vaciar las estanterías de los supermercados, cosa que, francamente, me pone los pelos de punta.  

miércoles, 11 de mayo de 2022

Les Paradis

Es evidente de toda evidencia, como se suele decir para recalcar, que si algo ha inventado, o descubierto, el hombre que le haya condicionado su relación con el mundo eso han sido las sustancias que transforman para bien, o para mal, la percepción de la realidad. Quien más quien menos, cada cual tiene su experiencia al respecto y el no tener ninguna quizá sea una de las carencias que más contribuyen, paradógicamente, a distorsionar la percepción de la realidad de forma y manera que pone un impedimento casi insalvable a lo que se conoce como vida social. Es fácil entenderlo si alguna vez, por lo que sea, han pretendido permanecer en estado sobrio en lugares donde todo el mundo está puesto. Ya lo dijo Erasmo, en los banquetes, si no bebes, mejor te vas. 

El caso es que estos días le estoy dando un repasito a otra de las joyas que guardo en mi caja fuerte, "Les Paradis artificiels" de Baudelaire. Es uno de esos libros que, si no fuese porque el mundo siempre ha estado, está y estará gobernado por las mafias que organizan los inútiles para defenderse de los inteligentes, a buen seguro formaría parte en lugar preeminente de todos los planes de instrucción, que no educación. Así de importante me parece a mí tener una herramienta tan precisa para ayudarte a comprender, o mejor a desentrañar, las sensaciones derivadas del artificio que supone la ingestión, inhalación, o incluso enema, de dichas sustancias. 

Analiza Baudelaire en Les Paraises tres de esas sustancias, de dos de las cuales, el vino y el hachís, tengo, por cierto, una larga y sobrada experiencia. De la otra, los opiáceos, a duras penas los caté en mis correrías hospitalarias y doy fe de que su poderío es de tal potencia que mejor mantenerse apartado de no ser que poseas un equilibrio emocional a prueba de bomba, caso de que eso exista.  

En cualquier caso, hay en ese libro, a propósito del vino, una historia que, dada mi afición a la guitarra, hace todas mis delicias. Se trata de un guitarrista español, muy dado a la bebida, que va por ahí vendiendo su preciosa mercancía. El hombre había viajado con Paganini formando un dueto, pero Paganini, que era el que gestionaba la empresa, un día se fue por su cuenta. Quedó solo el español que siguió ganándose la vida sin problemas. Paraba en cualquier pueblo o pequeña ciudad, tocaba un par de días en las tabernas y al tercero la gente del lugar no hablaba de otra cosa que de su arte. Así era que el ayuntamiento le organizaba un concierto que indefectiblemente tenía un gran éxito. Le pagaban y, con las mismas, seguía su camino. En esas estando, un día fue a dar a un pueblo como otro cualquiera. Y lo de siempre, tocó en las tabernas y al tercer o cuarto día ya tenía previsto el concierto en el salón del ayuntamiento para la última hora de la tarde. Total, que para matar el tiempo hasta la tarde, se fue a dar un paseo por los alrededores. De pronto, se topó con la  pared del cementerio y vio que adosado a la pared había un pequeño galpón donde un hombre esculpía lápidas. No tardó en entrar en conversación con él y, ¡oh, casualidad!, era español y, para  más leña al fuego, amante del vino y aficionado al violonchelo. No duró mucho la primera botella. Y después otra y otra. La hora del concierto se echaba encima y los dos amigos del alma, que eso hace el vino en un visto y no visto, estaban como cubas, pero les quedaba un resquicio de cordura y se fueron dando tumbos con sus instrumentos bajo el brazo hacia el ayuntamiento. Al llegar allí la gente se mosqueó lo suyo, pero el español le dijo al alcalde: tocaremos a duo y si no es así yo me voy. Al alcalde cedió de mala gana porque conocía de sobra la impericia del violonchelista. Y el concierto comenzó con un par de compases sin la menor armonía ni ritmo por parte del violonchelo. Fue suficiente para el guitarrista que agarro aquellas notas deslabazadas y empezó a improvisar sobre ellas melodías y ritmos que no tardaron en tener a todo el público embelesado. Fue un éxito total y por mucho que le instaron a que se quedase unos días el español cogió la guitarra y siguió su camino tan pronto como amaneció al día siguiente

Tengo que confesarles que no hay nada que me fascine tanto como esa gente dotada para la música. Para la guitarra concretamente. Y es que mira que hay guitarristas extraordinarios. Para parar un tren. Pero lo de Yamandu Costa y Joe Pass es como lo del guitarrista español. Son la imagen viva de la creatividad. Agarran una melodía cualquiera y se están dos horas haciendo con ella música original. Esta mañana me he desayunado escuchando a Yamandu hacer variaciones sobre Sons de Carriloes de Joao Pernanbuco. Bueno, Yamandu se estimula con mate a la vista del respetable. Es probable que con eso le baste. Joe, por lo visto, tubo problemas con la cocaína. No sé por qué el ser humano nunca sacia sus ansias de divinidad, así que mejor leer ese libro que les digo para hacerse una mejor idea de con qué nos jugamos los cuartos cuando nos queremos quedar en el banquete.  

lunes, 9 de mayo de 2022

Florido y hermoso

Veo vídeos de Yamandu Costa y quedo en shock. Da la sensación de que para tocar la guitarra necesita el mismo esfuerzo que el que yo hago para hablar o caminar. Es como si el instrumento fuese una prolongación de su cuerpo. Es uno de esos caprichos de los dioses que sirven para poner a cada uno en su sitio al estilo de lo que Thomas Bernhard nos cuenta en su novela El Malogrado. Tío, te están diciendo, por mucho que te esfuerces nunca vas a pasar de ser una puta mierda, así que: tú decides. Bueno, yo decido seguir con mi ilusión. 

Y, mientras tanto, el mundo sigue su curso. Como diría el poeta: gira y gira, buscando en la inmensidad, de tanta capacidad, como le da el centro frío. Y yo, con más albedrío, etc., etc.. Prometeo está encadenado y Atenea no corre a liberarle. Y me parece a mí que esto va para largo: hay demasiado fuego que apagar. De momento, para paliar el desasosiego podría servir una revolución al viejo estilo, con guillotinas y todo eso. Desde luego que sería pan para hoy, pero tendríamos el consuelo de que nadie podría quitarnos lo bailao. 

Mayo, florido y hermoso. Los turistas parecen surgir de debajo de las piedras. Las terrazas rebosan de alegría. Los coches rugen por las avenidas como si el precio de la gasolina estuviese por los suelos. La procesión, sin embargo, va por dentro y la figura de Putin no hace sino engrandecerse. ¡Que mira que hay que ser tonto para pretender lo contrario!

lunes, 2 de mayo de 2022

Curiosidad

Escarbando por las estanterías de mi magra biblioteca he vuelto a encontrar una joya. Un librito de Schopenhauer en el que analiza el sentido de la música. Metafísica de la música. Ir un poco más allá para intentar saber lo que hay detrás de la superficie. Ese vicio de los filósofos. Aunque, quién no lo es en mayor o menor grado. Todo el mundo tiene su particular parcela de indagación. Pero ni Schopenhauer es todo el mundo ni la música es cualquier cosa. 

"Está en la naturaleza del hombre el sentir deseos, realizarlos, tener enseguida nuevos deseos, y así sucesivamente; su bienestar y felicidad consisten tan solo en esta transición del deseo a su cumplimiento y de éste a un nuevo deseo, siempre que su transición se realice rápidamente, pues el retardo trae consigo dolor y la vaciedad de deseos produce hastío y languidez". 

Pues exactamente eso es la música sin que nos demos cuenta de ello al escucharla. Desde el reposo de la tónica vamos hacía la inquietud de la dominante que nos pide desesperadamente volver a la tónica para recuperar el reposo. Y así sucesivamente. Como todo arte es una sutil copia del mundo que no necesita ser comprendido para proporcionarnos placer. Y la música en esto, lo peta, como se suele decir. 

Vuelvo a aquella Barcelona del Celeste en la que me inicié y me encuentro la escuela de Jazz de Sant Andreu. Andrea Motis, Joan Chamorro y un largo etc.. Esa es la Cataluña que siempre amé. Como Rosalía que está desesclerotizando el flamenco para que vuelva a ser copia del mundo. 

En fin que cuantas gracias tengo que dar al Dios Padre Creador por haberme instigado a intentar ver lo que hay detrás de esas melodías que me vienen arrebatando desde que era niño. Quizá, como sostienen algunos, es mejor no saber y limitarse a sentir, pero cada uno es como es y lo mío es la curiosidad.