jueves, 26 de mayo de 2022

Te Venero

Ayer no pude ya más, cogí, agarré e hice todas las maniobras necesarias para agenciarme la partitura de La Catedral de Agustín Barrios Mangore. Durante un tiempo me había parecido imposible sacar voluntad para tamaña empresa, pero ayer me dio por pensar que aunque sea ya lo último de interés que haga en la vida lo tengo que intentar. Luego, me puse con el tercer movimiento, el allegro solemne y me di cuenta de que el dominio que tengo de los estudios simples de Leo Brouwer me va a ayudar mucho a tirar para adelante. Encuentro muchas concomitancias entre ambas piezas y, si me apuran, también con cosas de Villalobos que es quizá el autor al que más tiempo he dedicado aunque, a la hora de la verdad, no sea capaz de tocar con fuste nada suyo. Bueno, en honor a la verdad ni de Villalobos ni de nadie, pero al menos disfruto lo mío cuando escucho a los maestros interpretar las piezas que yo destrozo. 

El asunto de la voluntad es quizá la clave de la vida. Un muerto viviente es, seguramente, una persona que no tiene voluntad. Que la ha perdido por el simple procedimiento de pactar con el diablo. Se maravillaría la gente si fuese consciente de lo sencillo que es conseguir ese pacto. ¿Bicicleta? ¡Eléctrica, por supuesto! ¡Pues anda que no me las sé yo todas! Lo de la agonía lo dejo para los pringaos. Todo en este mundo de fantasía está encaminado a que pierdas la voluntad que es el camino directo a la perdida de autoestima y a las pulsiones suicidas. La no aceptación de las condiciones de vida, el aburrimiento, te empuja a vender el alma al mejor postor. El único problema es elegir entre tanto como hay, desde un viajecito a un cachivache maravilloso, todo siempre pensado en clave de felicidad sin que para conseguirla tengas que ejercitar la voluntad. Todo es como en el chiste de Bartolo el As de los Vagos. Se presentó a un concurso y todos sus contrincantes querían aparatos que solo fuese necesario apretar un botón para que hiciesen todas las tareas. Bartolo quería un aparato para que apretase el botón.

El caso es que he largado este rollo de la voluntad porque vengo leyendo lo que Baudelaire dice sobre ella en relación con los paraísos artificiales. Y claro, como uno, como ya les he contado en repetidas ocasiones, ha abusado de esa clase de artificios pues como que duele reconsiderarse a uno mismo. Todos mis problemas fueron de voluntad. En la euforia de la ebriedad hacía propósitos de la enmienda, pero en cuando aterrizaba no podía con mi alma y lo dejaba todo para mañana. Así ha sido que nunca he llevado a término cosa que mereciese la pena. Y a mi alrededor no veo que más de lo mismo, pero como en los que hemos pactado con el diablo el mal de muchos no funciona como consuelo pues aquí estamos... nace el hombre y al nacer/ nace el hombre y al nacer/ cárcel por destino tiene/ porque solamente viene/ a un continuo padecer. Rosalía. Te Venero.

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