lunes, 2 de mayo de 2022

Curiosidad

Escarbando por las estanterías de mi magra biblioteca he vuelto a encontrar una joya. Un librito de Schopenhauer en el que analiza el sentido de la música. Metafísica de la música. Ir un poco más allá para intentar saber lo que hay detrás de la superficie. Ese vicio de los filósofos. Aunque, quién no lo es en mayor o menor grado. Todo el mundo tiene su particular parcela de indagación. Pero ni Schopenhauer es todo el mundo ni la música es cualquier cosa. 

"Está en la naturaleza del hombre el sentir deseos, realizarlos, tener enseguida nuevos deseos, y así sucesivamente; su bienestar y felicidad consisten tan solo en esta transición del deseo a su cumplimiento y de éste a un nuevo deseo, siempre que su transición se realice rápidamente, pues el retardo trae consigo dolor y la vaciedad de deseos produce hastío y languidez". 

Pues exactamente eso es la música sin que nos demos cuenta de ello al escucharla. Desde el reposo de la tónica vamos hacía la inquietud de la dominante que nos pide desesperadamente volver a la tónica para recuperar el reposo. Y así sucesivamente. Como todo arte es una sutil copia del mundo que no necesita ser comprendido para proporcionarnos placer. Y la música en esto, lo peta, como se suele decir. 

Vuelvo a aquella Barcelona del Celeste en la que me inicié y me encuentro la escuela de Jazz de Sant Andreu. Andrea Motis, Joan Chamorro y un largo etc.. Esa es la Cataluña que siempre amé. Como Rosalía que está desesclerotizando el flamenco para que vuelva a ser copia del mundo. 

En fin que cuantas gracias tengo que dar al Dios Padre Creador por haberme instigado a intentar ver lo que hay detrás de esas melodías que me vienen arrebatando desde que era niño. Quizá, como sostienen algunos, es mejor no saber y limitarse a sentir, pero cada uno es como es y lo mío es la curiosidad. 

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