Apenas llevo cinco días estudiando el allegro solemne de La Catedral y ya como que veo la vida de otra manera. Y si se la escucho a Èlodie Bouny y Yamandu, flipo. Èlodie sigue la partitura y Yamandu la acompaña improvisando. El caso es que Èlodie y Yamandu son pareja en la vida real y tienen dos niños. Vista la compenetración que exhiben sobre el escenario uno piensa que no puede irles mal. Y, luego, Yamandu, que cuando los niños se ponen pesados, en vez de cabrearse, agarra la guitarra y se pone a improvisar inspirado por la lata que le están dando los niños. Todo le sirve para su particular convento.
Entre unas cosas y otras uno se da cuenta de que hay vidas y vidas. Vidas con jardín que cultivar y otras que por mucho que lo intenten no consiguen dar con el jardín aunque piensen que sí han dado. Entonces, estos autoengañados, son los auténticos pantomima full, esa masa amorfa que acude desesperada cada noche a los lugares de moda a intentar dar una imagen de si mismos que más tiene que ver con lo que les gustaría ser que con lo que son. En fin, que qué pena me doy cuando miro para atrás y me veo de tal guisa. ¡Cruel madrastra la naturaleza!
Pero no quiero desesperar. Porque sé que, lo que natura non da, la voluntad si presta. Insistiendo se llega muy lejos. Y si no se llega, por el camino te entretienes. En cualquier caso, a lo primeros avances con La Catedral me ha entrado la codicia y ya estoy pensando en hacerme con la partitura de Un Día de Noviembre. Son piezas esas dos que me parecen tan básicas hoy día para un guitarrista como lo fueron antaño, y siguen siendo, los Recuerdos de la Alhambra y Asturias. Es una cuestión de melodías que dieron en el clavo. Nadie que las escuche puede quedar indiferente.
Por lo demás sigo con la lectura de Les Paradis Artificiels. Es un libro denso, o sea, de los que no admiten la lectura de corrido. El Periodista Sostres diría que no es apto para chachas. No sé, yo apuntaría más hacia los pantomima full. Yo lo leí cuando lo era a tope y doy fe de que no me debí enterar de mucho porque seguí en mis trece. En fin.
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