El caso es que, verdad o mentira, se ha empezado a correr el espécimen de que la nueva amenaza que se nos está echando encima, al menos en España, tiene su origen en una fiesta del orgullo gay habida en Canarias. Pero no solo eso, sino que, para más leña al fuego, esos gays contagiados en Canarias han seguido propagando la enfermedad a través de un prostíbulo masculino de Madrid al que acuden con frecuencia prohombres de la política nacional. Y, para redondear la jugada, cuentan que ese prostíbulo, de pésimas condiciones de salubridad, no había sido cerrado hace tiempo gracias a los buenos oficios de, precisamente, esos influyentes prohombres que le frecuentan. ¡No me digan que el asunto no está sobrado de material netflíxtico! ¡Pura socialdemocracia en acción!
Y así corre el mundo porque hay cosas que nunca cambian. Y si no se lo creen cojan, agarren la Biblia y recorran sus páginas. Cuando la gente empieza a vivir bien es inevitable que dé en el vicio. Así, los israelitas cada vez que levantaban cabeza fabricaban becerros de oro para adorarlos y se inventaban lo de la prostitución sagrada, una infantil artimaña para desculpabilizarse que a efectos de justicia divina no les servía de nada. Dios les mandaba plaga tras plaga que les sumían en la miseria y vuelta a empezar.
Lo de la prostitución sagrada tiene sus perendengues. Recuerdo haber leído en Heródoto que en Babilonia las mujeres no se podían casar si antes no se habían prostituido con algún extranjero de los muchos que llegaban a la ciudad. Había un templo a tal efecto para hacer las cosas más cómodas. Los padres mandaban a sus hijas casaderas al templo y los viajeros corrían a él nada más llegar a la ciudad para aliviar urgencias genitales que ya saben lo incómodas que son. Bueno, vayan ustedes a saber el trasfondo de tal costumbre, porque también he leído en no recuerdo dónde que en aquella región del mundo era normal que los padres usasen a sus hijas a edad muy temprana. Así que mandarlas al templo podría ser una forma de disimular. En fin, vete tú a saber.
En este asunto de los LéridaGeronaTarragonaBarcelona hay también algo de infantil artimaña para desculpabilizarse. Como sí recibir por detrás otorgase una especie de superioridad no digo ya moral, que también, sino más bien de tipo intelectual. Claro, ahí está la Grecia Clásica para sustentar sus pretensiones. En cualquier caso la discriminación de la que han sido víctimas desde no sé cuándo parece como que ahora, cuando lo de tener hijos ha perdido todo prestigio, les dé una especie de derecho de resarcimiento que como todos los resarcimientos es el camino directo al ridículo y la decadencia. Esa gente es de vergüenza ajena, pero como se pasan el día amontonados dándose la razón unos a otros pues no se enteran. Es como si toda su vida fuese una fiesta en casa de Trimalción. Todos artistas promiscuos. Como si eso no fuese un oximorón o, si mejor quieren, un imposible metafísico.
En resumidas cuentas, que a nadie debe importarle como cada cual organiza sus asuntos íntimos, pero cuando dejan de ser íntimos y pasan a ser objeto de exhibición y orgullo ya la tenemos montada. Montada la mafia, quiero decir. Y eso a Dios, como les decía, no le gusta nada y, por tanto, ya sabemos que algo funesto se nos va a venir encima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario