jueves, 31 de agosto de 2023

Pirola

Pirola es un asteroide de esos que tienen las mismas probabilidades de chocar con la Tierra que de que los olmos den peras. Y no te digo nada, ya, desde que a los olmos se los llevó la grafiosis. Pirola también se dice en algunos lugares cuando los niños en vez de ir a la escuela se largan por ahí en busca de improbables aventuras. Pero lo que realmente ha dado relevancia a la palabra pirola es que es el nombre que los políticos han puesto a una supuesta variante del supuesto covid. Y ya están los medios desgañitándose con los peligros que se nos avecinan sin percatarse de que segundas partes nunca fueron buenas. Porque es que se da la circunstancia de que este intento de amedrantamiento pilla a la resistencia muy organizada. De hecho, no son pocos los lugares en los que los políticos están siendo sometidos a comisiones parlamentarias de investigación por su manejo del asunto covid. Y tampoco faltan sitios en donde de las comisiones parlamentarias ya han pasado directamente a los tribunales de justicia. Claro, como los medios habituales no dicen nada al respecto parece como si no existiera, pero, ya digo, la resistencia está muy organizada y los medios ya no necesitan ser los habituales para tener millones de visitantes. 

Y así es que el decrépito presidente americano ha salido por todos los lados preconizando una nueva campaña de vacunación universal de los seis meses de vida en adelante. Como se suele decir, pa mear y no echar gota. Porque es que ha sido, precisamente, la CDC, o sea, la máxima autoridad que hay en EEUU para las cosas de la sanidad pública, la que ha dicho que tienen más probabilidades de contagiarse con el Pirola las personas que se vacunaron que las que no pasaron por el aro. Interesantísimo, como ya se habrán dado cuenta. Y en el entretanto, cada vez hay más gente enmascarillada por la calle. Lo que es a mí, dice esa gente, desde luego no me pilla. ¡Y cágate lorito!

A mí todo esto no me sorprende en absoluto. Me he pasado la vida leyendo libros de Historia y, de otra cosa no, pero de que la cordura en el mundo siempre ha sido un bien escaso, quizá el más escaso de todos, de eso no me queda ya la menor duda. Ahora mismo, sin ir más lejos, estoy pegándole la enésima vuelta a los libros de Heródoto. ¡Por Dios Bendito, pero cómo podía ser tan cerril para entenderse entre ellos aquella gente que, por otro lado, nos legó el sistema de pensamiento más elaborado de que tenemos noticia! Allí sí que tenía sentido eso de por un quítame allí esas pajas. No podían vivir sin zurrarse la badana a la primera de cambio. Y así ha sido siempre, y así seguirá siendo por los siglos de los siglos. Y no por nada si no porque al haber gente que es incapaz de ganarse la vida por sus propios medios se las apaña para ganársela con los medios de los demás. Es la casta de los parásitos que no hay especie en la naturaleza que no la tenga y los dioses sabrán por qué tiene que ser así para que no falle su perpetuación que, a la postre, es lo único que interesa. 

En definitiva, que una vez más los parásitos están jugando su papel, Pirola mediante, para que el mundo siga adelante con su eterno juego de descomposición, recomposición... porque imagínense lo que sería esto si todo fuese recomposición. ¿A dónde habríamos llegado ya? No quiero ni pensarlo. 

miércoles, 30 de agosto de 2023

El cóndor pasa

Hay una noticia por ahí que de ser verdad podría ser una auténtica bendición para el mundo: por lo visto Walt Disney está al borde de la quiebra. Y no es porque lo dijera Sánchez Ferlosio, que también, sino porque cualquiera con dos dedos de frente habrá podido darse cuenta de que esa compañía ha representado el mal absoluto en el mundo: la artera tergiversación de los valores fundamentales. Según su fundador el principal problema del mundo es que los niños crecen y empiezan a pensar. Vamos, que pierden la inocencia. Y a eso es a lo que se ha dedicado con denuedo esa compañía, a evitar por todos los medios a su alcance que los niños pierdan la inocencia o, dicho de otro modo, que los mayores aprendan a pensar. Y a los hechos me remito.

Hoy, por casualidad he ido a dar en un video absolutamente enternecedor si bien lo consideramos desde una perspectiva waltdisnéica. Resulta que por azares de la vida un cóndor resultó malherido por la parte de Salta, en Argentina, ese país en el que la gente se preocupa tanto por los desarrapados. Pues bien, no hizo falta pensárselo dos veces para que unas almas caritativas corriesen al rescate del cóndor. Lo han tenido, como quien dice, hospitalizado más de un año hasta que el bicho, milagrosamente, se ha repuesto. Lo de los costes de la operación, claro está, pelillos a la mar. Y así es como llegó el día mágico. Una legión de bienaventurados subió en sus todoterrenos a la cumbre de una montaña, eso sí, debidamente pertrechados de todo tipo de equipos de filmación. En uno de los coches iba el cóndor de marras. Lo sacaron de su jaula y lo pusieron al borde de un precipicio. Y allí estuvo el bicho más de una hora extendiendo sus alas, pero sin decidirse a saltar. Al final, claro, saltó, y entonces fue la apoteosis de gritos y aplausos, todo ello acompañado de una música tipo guerra de las galaxias, es decir, con muchos saltos de quinta que, como saben, son los que dan sabor épico a la música. Luego, ya, después, la cámara se recreó un buen rato filmando las etéreas salas por donde andaban meciéndose con la elegancia que les caracteriza una nutrida colla de cóndores. 

Y así corre el mundo, con esta pertinaz inocencia que, a la postre, no es más que maldad en forma de un egoísmo atroz. Porque, ¿qué hay detrás de toda esta historia del cóndor? Se lo diré: una caterva de sinvergüenzas que han hecho de los buenos sentimientos su modus vivendi. ¿O es que se creen ustedes que toda aquella gentuza que estaba filmando al cóndor en la cima de la montaña lo hacían por amor al arte? Ni de coña. Estaban allí debidamente subvencionados por un gobierno que ha conseguido que las calles de uno de los países más ricos en recursos estén llenas de desarrapados. Son las cosas asociadas a una inflación del 115% interanual. 

Ya digo, la sombra de Walt Disney es alargada. A ver si con un poco de suerte se cumplen los vaticinios y se va a tomar pol saco. 

martes, 29 de agosto de 2023

El trigo entre todas las flores

Absténgase de entrar aquí quien no sepa geometría. ¿Les suena? Da igual. Porque el caso es que los problemas de geometría se rigen por los principios más elementales de la lógica. Solo hay que haber echado una ojeada al primero de los libros de Euclides para saber que es lo quiero decir cuando digo lógica. Pero, en fin, tampoco hay que pasarse porque he conocido gente que a mi docto entender razonaba como los ángeles sin haber oído hablar de Euclides en su vida. Y es que lo de razonar puede que sea como la música, la poesía, la pintura, es decir, uno de esos dones que los dioses conceden al que quieren, cuando quieren y para lo que quieren. 

Así todo, por mucho que te hayan favorecido los dioses, la geometría, pienso yo, es como ir al gimnasio a ejercitar el músculo del recto pensar. Bien es verdad que, algunos, por mucho que vayan al gimnasio, no consiguen exhibir una figura que valga mucho la pena el esfuerzo que se han tomado. Los más de ellos, si se han fijado, consiguen unas deformidades monstruosas que hacen las delicias de los aficionados al cine de Hollywood: simbología para tarados. Por eso hay que andarse con cuidado con los abusos, porque a golpe de constancia uno puede llegar a resolver con tanta facilidad los problemas geométricos que sin darse cuenta ve todo el monte cubierto de orégano. Y es que, como dice Pessoa con su proverbial intuición, los únicos problemas que tienen solución son los matemáticos. Los de la vida real, si no te los resuelven los dioses, apaga y vete.

En resumidas cuentas, ejercitarse en geometría tiene ese componente placentero que siempre va asociado al conseguir una meta. Como cuando subes una montaña. Una idiotez que viene a ser como lo de mirarse en el lago para encontrarse guapo. Sin embargo, qué sería de nosotros si expulsásemos por completo a Narciso de nuestras vidas. Sin encontrarte guapo de vez en cuando esto sería más terrible todavía de lo que de por sí es. Bueno, voy a dejar de predicar y me voy a poner a ver si consigo algo de trigo.

lunes, 28 de agosto de 2023

Lluvia

Este final de agosto se está despidiendo con un temporal del noroeste. Llueve y sale el sol intermitentemente, pero el viento es potente todo el rato. Uno sale por ahí debidamente pertrechado y ve a esas familias de veraneantes, como almas en pena, esperando la hora de marcharse que tampoco quieren adelantar porque tienen pagado el piso. Por otro lado, están esos millones de metros cuadrados de terrazas completamente desiertos. Es curioso cómo se aprovechó el circo de la pandemia para justificar las terrazas en los sitios más insólitos. Y ahí se han quedado. Así es que hay calles que mejor las evitas porque el espacio para los transeúntes se reduce a los intersticios entre las personas que se demoran comiendo pinchos y comentando sobre las características que adornan a sus perros, porque ese es el caso, que acudir a una terraza sin hacerte acompañar por el perro queda cutre. 

Por su parte, unos pobres desgraciados han montado sus tenderetes a guisa de mercado romano en la calle Burgos. Ellos y ellas se han colocado unos atuendos que quieren hacer recordar lo que hemos visto en Quo Vadis y películas por el estilo. Y ahí están guareciéndose de la lluvia entre plásticos a la expectativa de tiempos mejores. ¿Quién les habrá engañado? O como diría Félix de Azúa: y todo por no haber querido estudiar. 

La verdad es que recuerdo los finales de verano siempre así, venga a llover hasta que empezaban las clases. Y claro, de sobra es sabido que el clima siempre está batiendo records. Vienen dos años un poco secos y la gente se apresura a comprarse un apartamento junto a este mar por aquello de que el tan cacareado cambio climático les va a proporcionar días gloriosos. Pero van dados, porque la geografía es la que es y vivir en una cornisa orientada al norte entre el mar y la montaña no puede tener otra salida que la de acostumbrarse a las lluvias persistentes. 

En fin, que ojalá llueva y llueva y llueva para ver si así volvemos a por donde solíamos, es decir, a una ciudad habitable en la que se puede pasear por las aceras porque no hay terrazas. Y turistas, los justos. Al fin y al cabo, a la chusma siempre le quedará la cornisa mediterránea que está orientada al sur, es decir a los vientos del desierto que en vez de agua traen arena. 

Por cierto, que nunca hubo en Santander tanta gente durmiendo en la calle. También eso lo podría solucionar la lluvia persistente. 

domingo, 27 de agosto de 2023

Del otro lado

Ayer me llamó Pedro para contarme que un tipo había besado a una tipa y que la cosa tenía una transcendencia crucial por motivos que a mi juicio de desinteresado por la cotidianeidad mediática eran irrelevantes. La verdad es que no pude entender la excitación que semejante nadería estaba produciendo en Pedro, uno de los hombres más templados que conozco. Las cosas del futbol, o del circo por remontarse hasta los romanos, siempre las hemos considerado como las arteras herramientas que utilizan los poderes cuando quieren tapar las típicas pudriciones de los sistemas agotados por la corrupción. En cualquier caso, la cosa no me dejó muy buen sabor de boca que digamos, porque me puso frente al distanciamiento del mundo circundante que poco a poco me va convirtiendo en un cuerpo extraño que todo pugna por expulsar. 

La cosa viene de varios años para atrás, cuando me manifesté contrario al discurso en boga que tenía a todo el mundo con los huevos por corbata. Afortunadamente aprendí a informarme desde muy joven, y esta ocasión de marras no fue diferente. Al mes de haber empezado el baile ya estaba al corriente de que en absoluto se trataba de un problema sanitario. Era simplemente un ensayo de los poderes en curso para subyugar por medio del terror a unas poblaciones que se les estaban yendo de las manos. Y desde luego que no estaba solo en mi apreciación. Allí donde no alcanzaba la censura había voces cualificadas denunciando el embuste. Como siempre, las capas más avisadas de la población no se tragaron el anzuelo y, cuando llegó la prueba del nueve de la autonomía personal decidieron no pasar por el aro: no se inyectaron la pócima mágica... que mira que hay que ser inocente para caer en semejante superstición. 

Así, una vez más, la sociedad se dividió. Los creyentes y los no creyentes. Por supuesto, una vez más el asunto me pilló en el lado equivocado. Y en él sigo porque, aunque sea el circo lo que parece llevarse la atención de las masas, la realidad es que hay una procesión que va por dentro y que no olvida a los que no cumplieron con la verdad establecida. Son los mismos que ahora no se tragan lo de la importancia del beso que un tipo dio a una tipa por no sé qué cuestiones futbolísticas. No, hay otros asuntos por ahí que por mucho que se traten de ignorar están creando tal pudrición en el mundo que hay que estar muy anósmico para no darse cuenta del hedor que despide. 

En fin, allá cada cual, pero a mí no me la dan: sé que pocos olvidan de qué lado estoy cuando me ven. Porque es muy ancha la grieta que se creó con esta nueva religión que señorea el mundo... por cierto que andan amenazando con volver a los confinamientos y las mascarillas: la cosa se pone interesante.  

sábado, 26 de agosto de 2023

Voluntarismo

Tocar la guitarra como lo hace Ana Vidovic tiene algo como de sobrenatural: un don que han concedido los dioses. Sin duda que hay mucho trabajo detrás, pero sin el don se quedaría en una más entre la legión de voluntariosos que se limitan a cumplir con corrección. Y aquí es donde entra en juego otra especie de don concedido por la divinidad, el que hace que uno pueda distinguir entre Ana y esa legión de voluntariosos. Supongo que esto es algo que tiene más que ver con el cultivo de la sensibilidad. Lo que Pessoa llama erudición de la sensibilidad, es decir, reducir el ámbito de tus pesquisas para cavar más hondo en él. 

De estas cosas hablaba la otra noche con Luis, que es un fino poeta. Me decía que la poesía es cosa de jóvenes, de cuando, por así decirlo, tienes la cabeza a pájaros. Luego, la sientas y lo que te sale ya no es poesía sino simples oraciones más o menos elegantes. Y aquí es donde está el punto y la magia de todo este este asunto, que la sensibilidad que distingue nunca sabe uno hasta qué punto se puede cultivar. En cualquier caso, mi personal impresión es que, al revés que la creación, la capacidad de percepción de la belleza, o llamémosle arte, aumenta con la edad. Y por eso quizá sea que te vas limitando tanto en tus gustos, porque, por así decirlo, una prosa en la que no detectas un cierto componente poético no merece la pena tomarse la molestia. 

En fin, como ven, hoy me he levantado metafísico, por decirlo de un modo pedante. Pero es que, de qué otra forma hubiera podido ser si no tengo por delante otras expectativas que no sean frustraciones. Y todo por empeñarme en tareas para las que no estoy dotado. ¡Maldito voluntarismo!

viernes, 25 de agosto de 2023

Los dioses

En realidad, ¿qué es la vida? Se lo diré: cuatro cosas. Dos materiales y dos espirituales. A saber: comida y un refugio, por un lado y, por el otro, música y contar cuentos. Todo lo demás es la consecuencia de querer ser como los dioses. Pecado de soberbia, en definitiva, que nos condena a las penas del infierno. Porque eso es lo que es este marasmo en el que vivimos, un infierno. Esa obsesión por inventar cachivaches que no tienen otra finalidad que la de de dominar a los vecinos. ¿Qué es lo que saca el ser humano del dominar a sus vecinos? Más infierno. Porque dominar a los otros es un imposible metafísico. Es como querer retener el agua en un cesto. Una majadería. 

Así que, como les digo, una vez satisfechas las necesidades de condumio y refugio no encuentro otra forma de evadirme del sufrimiento del mundo que sumergirme en las historias que alguien inventó o en las partituras que alguien compuso. Historias que tratan de explicarte en qué consiste la condición humana, que es que parece que solo profundizando en ese conocimiento vas a encontrar las grietas por donde poder escapar de la imbecilidad que te señorea desde el mismo día que empezaste a sentir envidia de los dioses. Todo ese trasiego inútil que ves alrededor no es más que eso, envidia de los dioses... y por tanto, sufrimiento, porque tratar de imitarles solo puede traer frustración. 

Resumiendo, sigo insistiendo con la partitura de Libertango. Y otras por el estilo. A veces consigo que me suenen y, entonces, me voy por ahí con el espíritu ligero. Es la armonía con el mundo: no desear nada y sentir que los dioses están de tu lado. 

miércoles, 23 de agosto de 2023

En el escaparate

Hace años había unas cuantas familias, supongo que en cada país, que salían todas las semanas en lo que se conocía como las revistas del corazón. Era gente bastante vulgar, de la farándula o así, cuyas cotidianidades adquirían un lustre inaudito por el simple procedimiento de exhibirlas en público. Lo realmente sorprendente de todo ello era el interés que mostraba la gente del común por semejantes naderías. La curiosidad por la vida ajena es algo inherente a la condición humana y cuando más vulgar es esa vida más parece que interesa porque, seguramente, es más fácil identificarse con ella que es lo que, a la postre, proporciona un cierto placer. 

El caso es que ese fenómeno, digamos que de vivir en el escaparate, se ha convertido en algo sumamente común gracias a las posibilidades que ofrecen las redes sociales. Hay por ahí cientos, miles, de personas, parejas jóvenes la mayoría, que graban todo lo que hacen y lo cuelgan en la red. Por supuesto que no todo sirve; para suscitar el interés, aparte del encanto personal hay que tocar teclas más o menos mitificadas por el imaginario popular. Por ejemplo, los viajes. O la vida primigenia en un entorno natural. 

Y ahí están, proporcionando entretenimiento a millones de personas que, en cierta manera, viajan por delegación o, también, cumplen su sueño de vuelta a los orígenes, es decir, al pueblo de los ancestros.  Y esa es la cuestión, que entretener nunca ha sido fácil. Y de miles que lo intentan solo unos pocos lo consiguen hasta el punto de que pueden vivir de ello. Un modus vivendi, en definitiva, que, por más que a primera vista parezca simpático, supongo que hay que currárselo a base de bien y siempre con la inquietud de los números, porque si pierdes tirón no sacas ni para cerillas. 

Y así va el mundo, perdiendo intimidad a marchas forzadas. Ayer había un vídeo en las redes en el que se podía ver al segundo de a bordo de los talibanes dando por el culo a uno de los de su guardia de corps. La verdad es que no sé a dónde vamos a llegar.  


domingo, 13 de agosto de 2023

Por levante

Todo esto no deja de tener su gracia. Resulta que las sanciones a Rusia y el mantenimiento de la guerra en Ucrania -a coste cero para los americanos según ha dicho el presidente polaco; los muertos, trecientos mil por el momento, los pone todos Ucrania- no tienen otra finalidad que desgastar la economía rusa hasta hacerla colapsar. ¡Y mira tú por dónde! Ahora resulta que la economía rusa, que hace menos de diez años estaba al nivel de la española, por arte de birli-birloque, ha sobrepasado a la alemana. Esto de las guerras es lo que tienen, que la razón siempre está de parte de quien las gana. Y buena gana de ponerse a discutirlo, porque va contra la lógica histórica que no admite el cómo hubieran sido las cosas si las cosas hubieran sido de otro modo... uno de los ejercicios intelectuales más tonto que dar se puede. 

Por otro lado, al principio de la plandemia unos médicos americanos pusieron una querella conta la poderosísima agencia del medicamento, FDA, por estar inmiscuyéndose en sus derechos de prescripción al prohibirles recetar Ivermectina. Pues bien, ayer, o anteayer, pal caso es lo mismo porque nadie estaba haciendo puto caso a la prohibición, los tribunales dictaron sentencia y dieron la razón a los médicos. Ya se puede recetar Ivermectina con el beneplácito de la FDA. El caso es que la cosa tiene mucha más miga de la que a primera vista pudiera parecer. Porque es que se da la circunstancia de que, desde el comienzo de la viriasis que se dio en llamar covid, algunos médicos empezaron a tratarla con ivermectina con resultados muy satisfactorios. Rápidamente, como una exhalación diríamos, la FDA prohibió tanto su uso como cualquier publicación al respecto. Y aquí es donde comenzó el trabajo de los que se dio en llamar conspiranoicos, negacionistas, hijos de la gran puta en general, ya que estos desalmados empezaron a achacar la prohibición a que la ivermectina costaba dos duros y el gobierno ya tenía montado el tinglado de las vacunas que iban a hacer más multimillonarios a los multimillonarios, eso sí, a costa del dinero de los contribuyentes. Nunca se vio una operación tan a la desesperada de censura y represión como la llevada a cabo por los gobiernos a propósito de todo este embuste. Como se dice ahora: para mear y no echar gota. Un total sin sentido, porque, si meas, echas gotas, y si no, no meas. 

Y en éstas estamos, con los políticos jurando por activa y por pasiva que ellos nunca obligaron a nadie a vacunarse. Todo fue una mala interpretación por parte de la gente de lo que solo eran orientaciones. Y se quedan tan anchos. Y sobre todo convencidos de que se van a ir de rositas. Es lo que tiene el tener a la mitad de la población drogada con psicotrópicos, que haces con ella lo que te sale de la punta del nabo, porque, como, además, esto es una democracia, pues las mayorías de drogados mandan. 

En fin, Pilarín, que nadie se amohíne porque la verdad apunta ya por levante. Hay demasiada gente, y muy valiosa además, trabajando para que así sea. Pronto llegará a su cenit y deslumbrará tanto que obligará a tomar medidas radicales. O todos estos mangantes en el poder rinden cuentas o lo que llamamos civilización se irá al carajo. Será el imperio de las semiautomáticas. O de la caza del tecolote, como decían en el México de la revolución al acabar las juergas yendo a matar policías. Lo sé porque mi padrino, que estuvo allí y lo vio, nos lo contaba en las sobremesas familiares. 


sábado, 12 de agosto de 2023

La puerta de salida

He estado estos tres últimos días, como quien dice al borde del abismo. Me pilló una de esas viriasis, o lo que sea, veraniegas que me ha producido fiebres extremas. He sido consciente todo el rato de que estas cosas a mi edad tienen su importancia, pero no me ha preocupado lo más mínimo, al revés, me sentía tan mal que casi deseaba perder el conocimiento e irme. Porque es que, además, cada vez tiene uno más puñetas y, por otra parte, ya lo tengo todo bien adobado para que no les quede ningún marrón a mis hijas. Lo único que tendrán que hacer es cambiar la domiciliación de los recibos. Un verdadero chollo por comparación con lo que se estila. 

En otro orden de cosas, ya nada me queda por añadir. He hecho examen de conciencia, dejando por escrito todo, o de todo de lo que me he acordado, aquello de lo que me avergüenzo haber hecho, que es mucho y bien que lo he tenido que pagar porque, por educación, o por lo que sea, el sentimiento de culpa ha sido un tormento permanente. Y si a todo esto le añado la asfixiante sensación cada vez mayor de estar viviendo en una sociedad repulsiva que adora tanto el comunismo que ni siquiera se da cuenta de que le han quitado hasta el último resquicio de libertad. No se puede hacer absolutamente nada sin pasar por el aro de los sicarios del Estado. También de esto he querido dejar constancia apoyándome para ello en el criterio de los que me parecen los mejores. 

En fin, parece que de ésta he salido, y aunque me costará recuperarme, aquí estaré a merced de lo que los dioses dispongan o, también, emulando a Séneca, hasta que decida elegir la puerta de salida.  

miércoles, 9 de agosto de 2023

Absceso

Liberty is always freedom from the guvernment. Ludwig von Mises. Y no hay otra. Y que nadie me venga con la milonga del subjetivismo. Un gobierno que tiene todos tus datos hasta límites rayanos en la histeria. Ahora están poniendo por todas las partes cámaras de reconocimiento facial. Así van a saber mejor que tú mismo en donde has estado en cada momento. Por no hablar de la sustitución del dinero metálico por el digital. Ya no va a quedar resquicio por dónde escapar. Y la chusma tan feliz haciendo turismo y tomando pinchos en los bares. Y todo eso por no hablar de los miles de muertos y discapacitados que han producido las últimas medidas sanitarias y que ahora los gobiernos se niegan a reconocer. Ni falta que les hace, ya que la chusma está a lo que está. O sea, a pasárselo pipa mirando para otro lado. ¿Muertos? ¿Dónde están esos muertos? La televisión no dice nada al respecto... luego Dios existe. 

Lamento ponerme pesado, pero es que quiero que no se hagan ilusiones, porque la cosa también va con ustedes. Ayer, hasta yo, que paso de todo lo que tiene que ver con la política en curso, pude enterarme de que un diputado, el único que, a mi juicio, tenía alguna categoría, no solo humana, también intelectual, ha mandado a tomar vientos su escaño en el parlamento. A mí no es que me haya sorprendido, lo que nunca pude entender es que una persona tan valiosa se hubiese podido dejar arrastrar a una labor tan detestable. Porque es que creo que no puede haber mayor miseria moral que pretender vivir de organizar la vida de los otros. O sea, hablando en plata, ser un mafioso. 

Ya sé que siempre fue igual: manipulación por el miedo y mucho circo. Pero también sé que todo tiene un límite y que por eso es que toda la historia esté salpicada de episodios violentos en los que nadie está a salvo y, menos que nadie, los que el pueblo considera responsables de sus miserias. La única incógnita ahora es saber hasta qué punto el absceso está maduro. Yo diría que ya apunta una cabeza de pus. En fin, hora de hacerse a un lado para que no nos salpique cuando estalle.

martes, 8 de agosto de 2023

Muertos no muertos

Aquellos griegos de tres, cuatro, cinco siglos antes de que la virgen María diese a luz como un rayo de sol pasa por un cristal sin romperle ni mancharle, al decir del padre Astete, aquellos griegos, digo, que nos legaron la metafísica, la geometría, la lógica, que, hablando en plata, nos enseñaron a pensar, aquellos, si bien lo consideramos, eran unos cazurros de pueblo que por un quítame allá esas pajas se venían a las manos. Es muy curioso todo este asunto y hace pensar en lo que sostiene Anxo Bastos, que para que la gente prospere nada mejor que el que estén organizados en pequeñas comunidades independientes. Y muy diferenciadas unas de otras por su origen. Los argivos, los dorios, los jonios... había por aquel entonces etnias para dar y tomar. Y a nadie se le olvidaba quién era quién a la hora de las peleas, aunque, eso sí, la propia conveniencia promovía las traiciones cada sí y cada no, porque es que, además, en cada pequeña comunidad había tribus que no olvidaban su ilustre procedencia, ya de Cadmo, ya de Alcmeón, ya de quienquiera que fuese que había conseguido convertirse en legendario. En definitiva, aquellas gentes vivían en un permanente estado de agonía, lo que, a la postre es la única forma de mantener el coco activo. 

Lo bueno del caso es que en medio de aquella permanente pelea con los vecinos las pequeñas ciudades no hacían otra cosa que prosperar. Supongo que eso era porque, por un lado, la destrucción causada por las guerras producía una industria de la reconstrucción que, como toda reconstrucción, siempre trae aparejada un cierto grado de innovación. Por otro lado, esas permanentes querellas mantenían alejados de la patria a los revoltosos que, por otra parte, si nos les mataban solían regresar con botín. Algo así como lo que pasó en Europa en la Edad Media cuando al papa Urbano II se le ocurrió la idea de mandar a toda la gentuza que infectaba los caminos, impidiendo con ello el comercio entre las ciudades, a conquistas los lugares sagrados del cristianismo en Palestina. Irse todos aquellos revoltosos y empezar la prosperidad en Europa todo fue uno. Pero esto es otra historia. 

Lo que cuenta en estas historias ejemplares de desarrollo tanto espiritual como material es el papel que en ello juega la agonía. Yo ya sé que, para el común de las gentes de hoy día, la agonía es algo que hay que evitar en la medida de lo posible. De hecho, no recuerdo ya la cantidad de veces que en mi entorno más próximo me recomendaron cambiar la bicicleta de motor de alubias por otra de motor eléctrico. ¡Qué sabrían ellos lo que es cabalgar por las estepas infinitas! En fin, el caso es que en las pequeñas comunidades en competencia permanente con las vecinas, la agonía es la norma so pena de sucumbir. Exige que todos los ciudadanos participen y se expriman el coco. Y eso es exactamente lo que llamamos estar vivo. No como pasa ahora que, al menor atisbo de tensión entre ciudades o ciudadanos viene la autoridad central a rebajar los humos. Así es como se ha dado en esta idiocia en la que máxima tensión la proporciona la adscripción a una ideología de la que solo se conoce el nombre. Izquierda, derecha. Dos formas igualmente estúpidas de considerarse moralmente superior que los adversarios. Aunque, luego, en la práctica, ambas dos son exactamente lo mismo. Las dos están totalmente de acuerdo en el núcleo de su pensamiento que no es otro que el que el perro es uno más de la familia que se puede comprar en las tiendas. Gente, la de hoy, que, en definitiva, no son más que muertos no muertos, en gloriosa expresión de Bram Stoker. 

Por lo demás, ya no voy en bicicleta. Pero ni ciego de grifa me hubiera comprado una eléctrica. No conozco ni a uno que la tenga que me merezca la menor consideración. Los considero genta muerta. Aunque a primera vista no lo parezca.  

lunes, 7 de agosto de 2023

Muescas

En un plis-plas se está yendo el verano. Y en el entretanto ya voy controlando la partitura de Libertango. Mejor dicho, las partituras, porque cojo esto de una y lo otro de otra. Hay, yo diría, millones de versiones en la red. Y es que tiene algo esa pieza que a la que la escuchas un par de veces se convierte en irresistible. Ese ritmo machacón interrumpido aquí y allá por secuencias cromáticas desesperadas... yo qué sé, habría que preguntar a Javier Altozano por el porqué de esa pegajosidad. Quizá esa secuencia armónica descendente que al llegar a lo más bajo pega un respingo y se vuelve a encaramar para volver a descender siempre por el mismo camino con pequeñas variaciones, ya digo, yo qué sé, la magia de la melodía que a veces, por el querer de los dioses se acierta. 

Por lo demás, no me entero mucho de lo que pasa por ahí. Supongo que en algún lado andará la gente matándose y, unos kilómetros más allá, tomando el sol en las playas o charlando en las terrazas de los cafés. El mundo siempre ha sido así y la risa siempre ha ido por barrios. Hoy te toca a ti y mañana me tocará a mí. Nadie está libre porque, como les recordaba ayer, la verdad adelgaza, pero nunca quiebra. Y, a la postre, siempre prevalece. Y por eso es que los vendedores de crecepelo siempre acaban perseguidos a gorrazos. Me pasó unas cuantas veces y que tire la primera piedra el que no haya ejercido nunca de tal... de vendedor de crecepelos, quiero decir. 

En otro orden de cosas, Casanova está empezando a cruzar el ecuador de su vida y se siente en pleno apogeo. La impresión que da es que va de ciudad en ciudad con la sola finalidad de poner otra muesca en su polla. Eso sí, una muesca de calidad 10. Y en esas estando nos deja una pormenorizada relación de los usos y costumbres de su época. Y no es que él no se dé cuenta de que vivir como viven él y los que son como él es un abuso insoportable; incluso, más de una vez reflexiona que la revolución, que ya se otea en el horizonte, es inevitable por justificada. Pero mientras dura lo que dura dura, vida y dulzura. Él, por supuesto, no va a mover un dedo para que las cosas cambien, porque, por un lado, le gusta como están las cosas y, por otro, porque está convencido de que cualquier cambio que se produzca no va a traer menos injusticia. Así que se limita a ser educado con sus pares y generoso con los que le sirven. En fin, ahora le tengo en Grenoble muy entretenido intentando ligarse a una mujer de postín, eso sí, de diecisiete años, y metiendo mano a las hijas y sobrina del hospedero... que no llegan ni a los diecisiete. En resumidas cuentas, que hay vidas y vidas, y algunas, desde luego, son para contadas.     

domingo, 6 de agosto de 2023

Multicapa integrada

Me dicen los que se bañan en el mar que la temperatura del agua es increíblemente alta para lo que se estila por estas latitudes. La BBC, CNN y demás medios al servicio de la propaganda oficial rápidamente han achacado el asunto a los pedos de las vacas, el CO2 de los coches y demás mandangas. Lo que ni de pasada han mencionado es que el año pasado hubo una erupción submarina del volcán Unga Tonga-Unga, ubicado en el Pacífico sur, que arrojó a la estratosfera millones de toneladas de vapor de agua. No quiero decir con esto que ya tenemos identificada la causa del efecto que tanto agrada a los bañistas. Ni mucho menos. Lo único que quiero señalar es que los designios del Señor son inescrutables y que las afirmaciones contundentes a base de insistir de los humanos no son más que propaganda interesada de tenderos. 

Lo que pasa es que los tenderos están, como todo quisqui, sujetos a las leyes no escritas del mercado que son las leyes de la subjetividad. Los gustos, deseos, necesidades y demás caprichos de los humanos, al igual que las veletas, juguetes del viento son. ¿Quién puede prever los deseos del futuro? Pues bien, los tenderos piensan que los gustos deseos y necesidades del populus se pueden moldear por medio de la publicidad. Y entonces inventan frases como "protege a tus clientes con seguridad multicapa integrada" que, aunque parezca ofrecer el oro y el moro, no es otra cosa que humo. Humo que bien es verdad que coloca a los incautos hasta el punto de que no se enteran cuando el tendero les mete la mano en el bolsillo. 

Pero, que nadie se haga ilusiones con la propaganda porque, a la postre, por el humo se sabe donde está el fuego. Y el populos por muy necio que sea también está sujeto a las leyes de la conservación de las especies. Por eso huye del fuego, porque intuye que quema. Y así es como en estos últimos tiempos se han producido un par de huidas de lo más significativas y que debieran hacer reflexionar a todo el mundo. Por un lado, las que parecían omnipotentes BBC y CNN han dejado de serlo. Hoy día hay cientos de medios infinitamente más modestos que les han tomado la delantera en cuanto a influencia sobre el populos. Por otro lado, la producción de vacunas por parte de la multinacional Pfizer se ha desplomado un 90%. 

Así corre el mundo en un perpetuo juego de engaños y descubrimientos. Y tiene que haber un ritmo, porque si del engaño al descubrimiento trascurre mucho tiempo quiere decir que algo se está pudriendo. Afortunadamente el instinto de supervivencia suele avisar a tiempo. 

A fin de cuentas, los que hemos leído El Quijote sabemos que, la verdad adelgaza, pero nunca quiebra, y siempre permanece sobre la mentira como el aceite sobre el agua.  

sábado, 5 de agosto de 2023

A chirigota

Sigo con Casanova, sigo con Heródoto, sigo con El Viaje al fondo de la noche de Céline. Son los intríngulis del ser humano y su historia. Parece como si sabiendo más de lo uno y lo otro fuésemos a sobrellevar con una mayor dignidad nuestro paso por aquí. Como todo, una vana ilusión. Uno ya lee sin otra pretensión que la de entretenerse, al ser posible riéndose de uno mismo. Y es que la vejez tiene eso, la risa. Salvo el dolor de los niños todo da risa. Por absurdo. 

Casanova es un favorecido de la fortuna y tal vez por eso sea que se pasa la vida desafiándola. De vez en cuando le juega una mala pasada, pero siempre acaba venciéndola. Es infatigable al desaliento: como los niños. Para él, mirarse en el estanque dorado que tienen las mujeres entre las piernas y sentirse el rey del mundo es todo uno. Y, de vez en cuando pilla una gonorrea, pero se pone a régimen unos cuantos días y como nuevo para volver a empezar. Mujeres y juego son su pasatiempo. Su pasión es la aristocracia. El sentimiento aristocrático. Por tal es que se debiera incitar a leer a Casanova en las escuelas, para tener idea lo más aproximada posible de en qué consiste el ser aristocrático. La compasión inteligente, que es la filantropía. El esfuerzo por conocer sin esperar más recompensa que el poder codearse con los mejores para seguir aprendiendo. La impavidez ante el peligro. En fin, todas esas cosas que su siglo estaba empeñado en cambiar por el calor de establo que proporcionan las masas. Por eso se rio de Voltaire cuando este le dijo que su meta en este mundo era acabar con la superstición. Que mira que hay que ser ingenuo para albergar tal pretensión. Como le respondió Casanova, la cuestión aquí es saber a que superstición te acoges en el momento en que abandonas el más aristocrático de todos los sentimientos: el escepticismo. El mundo, querido Voltaire, solo se puede describir, pero nunca cambiar. ¡Pues anda que no resultó ser superstición y media la dichosa ilustración!

Heródoto es otra cosa, que, por cierto, tampoco estaría de más que se leyese en las escuelas.  Conocerle ayuda a comprender eso que parecía no entender Voltaire, es decir, que el mundo, en lo esencial, no ha cambiado un ápice desde la noche de los tiempos. Porque las pasiones, que son la sustancia del mundo, no está en la mano de los hombres el poder atemperarlas. Somos esclavos de ellas y, al menor contratiempo, doblemente esclavos. Así que, si vienen mal dadas, nos comemos, no solo a las mascotas, que, eso, hasta los más sensibles, sino hasta a nuestros propios hijos. Así que, ¡menos lobos!, porque todo lo imaginable, por muy monstruoso que nos parezca, ha tenido y tiene lugar bajo el cielo so capa de normalidad: todo es cuestión de haberse criado en un ambiente. Bueno, esto es lo que viene a deciles Ciro a unos embajadores griegos, muy engreídos ellos, cuando le comentan lo salvajes que son los massagetaes porque se comen a sus viejos. Pues no señor, de salvajes nada, que bien contentos están los viejos de que les coman para que así su espíritu no se pierda y con ello poder alcanzar una especie de inmortalidad. Desde luego, se mire como se mire, una creencia mucho más simpática que la del buen salvaje que nos viene asolando por estos pagos desde hace ya más de dos siglos. 

Por lo demás, Céline, ¡qué mal lleva lo de vivir! Y es que a nada que uno sea un poco sensible la primera y única pulsión es la de salir corriendo. Y de ahí, probablemente, sea este incesante trasiego de personas de aquí para allá sin otra finalidad que la de huir de uno mismo. Porque a cualquier parte a la que te lleve la huida vas a encontrar la misma realidad insoportable. La gente sensible, o hipersensible, no tiene otra solución para sobrevivir que atemperar su sensibilidad por medio de las drogas. Es lo que hacía Pessoa que, por cierto, filosofó mucho sobre estos asuntos. En cualquier caso, Céline abusa de sus lectores. No les da tregua. Por así decirlo, pone a prueba su resistencia a la depresión. Es un buen ejercicio para tomarse la vida, y sobre todo a uno mismo, a chirigota.   

viernes, 4 de agosto de 2023

Colorín, colorado

El otro día pasaron por enésima vez en la cadena de la Iglesia la película Cimarrón. La quería ver María que siempre alega que solo la ha visto una vez. Yo la echaba de vez en cuando un vistazo y ya tenía bastante, porque me la sé de memoria, o par coeur, por corazón, como dicen los franceses sin que yo entienda la relación que pueda haber entre el corazón y la memoria, que es que los circunloquios del lenguaje son a veces bastante inextricables. Pero, éste es otro asunto. A lo que iba es que Cimarrón toma su nombre de los animales domésticos que escapan y se asilvestran, que es lo que viene a hacer el protagonista, Glen Ford, que no aguanta la petulancia y garrulería inherente al cumplimiento del sueño americano y se va por ahí a hacerse matar en una de esas guerras románticas de las que tantas hubo en Europa entre finales del XIX y comienzos del XX.

El sueño americano viene a querer decir que en América se puede conseguir lo que, en teoría, todo ser humano anhela, o sea, riquezas materiales. Una vez conseguidas, se supone que todo lo demás por añadidura. Necia suposición, porque la riqueza es una pócima que, cuando la bebes, en vez de calmar la sed lo que hace es acrecentarla. La ambición nunca se sacia, lo cual viene a querer decir que las personas que la beben se convierten en monstruos. Al final, todo vale so capa de estar yo en posesión de la verdad. Algo así como aquello de :"yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Ya ven que siempre hemos estado en las mismas: inventarse una milonga que sirva de excusa para imponerse por la fuerza. La de los americanos, en vez de luz, se compone de progreso y libertad. Porque el uno, por lo visto, según ellos, trae inexorablemente la otra. Es lo de siempre: simplificar para mejor ser comprendido. , 

Pues no, señoras y señores, el progreso material no trae necesariamente más libertad, sino que, a buen seguro, al sobrepasar los límites de lo estrictamente necesario, lo único que trae es esclavitud y degradación moral. Que no otra cosa es lo que, a la postre, nos ha traído el sueño americano. Pero, no desesperen porque, como bien sabido es, no hay cerdo al que no le llegue su San Martín. Y al cerdo americano, todo parece indicar que ya le está llegando. Paso por paso, se va  repitiendo lo de Roma. El que mucho abarca se endeuda, se inflaciona, y a tomar por el saco. Luego, las futuras generaciones recordarán la historia tratando de extraer lecciones de utilidad. Será inútil. Todos los imperios, en llegando a cierta masa crítica, necesitan para sobrevivir pasar de la república a la dictadura, o, si mejor quieren, de una cierta libertad a una esclavitud cierta. Es lo que les pasó a los romanos cuando pasaron el Rubicón y a los americanos cuando ganaron la segunda guerra mundial. A partir de esos momentos ambos imperios comenzaron a decaer en medio del lujo y la depravación moral. En aquel entonces llegaron los bárbaros a imponer su orden y ahora también están llegando a imponer el suyo. Y colorín, colorado.  

jueves, 3 de agosto de 2023

Por donde solía

Está haciendo un verano como los que recuerdo de la infancia. Pero, ahora, en vez de desesperarme, me agrada, y es que, como se suele decir, nunca llueve a gusto de todos. Porque esa es la cuestión, que, por geografía, en Santander lo suyo es que llueva en todas las estaciones: los vientos del Atlántico traen aires húmedos que se estancan en la cordillera y se enfrían y se condensan con resultado de lluvias y paisajes verdes y frondosos. Y por tal es que las temperaturas sean suaves y, por añadidura, que los ricos escojan estos parajes para pasar el verano. Lo cual, lo de los ricos, como no podría ser de otra manera por aquello de la emulación, no deja de repercutir en los usos y costumbres de las gentes del lugar. Que no por otra causa debe ser esa ostentosa propensión a tirar el pedo más alto que el culo. Pero, en fin, esto, lo del pedo, no son más que impresiones mías. ¡Vete tú a saber lo que tienen de realidad! Porque es que, además, gentes lo que se dice propiamente del lugar, cada vez quedan menos. 

Sea como sea, lo que no deja lugar a engaños es el aire de desolación que exhiben los turistas bajo la lluvia. Se les ve perdidos y con un aire como introspectivo de estar prometiéndose a sí mismos no volver por aquí así les maten. Siempre fue así y el que, por caprichos de la naturaleza, haya habido unos cuantos años seguidos un poco más secos no va a cambiar ni los aires atlánticos ni las alturas de la cordillera. Todo ha sido la ilusión esa del cambio climático que tanto da de qué hablar a los políticos. Pura filfa para atormentar a los pusilánimes. 

Así que, por unos u otros motivos, ¡benditas lluvias! ¿Se imaginan un Santander que vuelve por donde solía? O sea, un lugar de veraneo para ricos. Cuatro gatos, en definitiva. Yo, la verdad, es que no entiendo por qué los pobres se obstinan en veranear. Porque mira que lo pasan mal. Todas sus actividades tienen que ser por fuerza en precario. No es extraño, así, que a las malas vibraciones causadas por esa precariedad se las considere una de las primeras causas de divorcio. Muchas son las parejas que lo primero que hacen al volver a sus casas es acudir a un abogado de familia para que comience con los trámites pertinentes. 

El puto sueño americano que incitó a los pobres a creer que imitando a los ricos también ellos podrían sentirse ricos. Cuando la realidad incontrovertible es que los pobres solo pueden ser ricos si viven como pobres. O sea, sacar las sillas al fresco, botijo y guitarra. Y punto, pelota. 

Por cierto, que un catalán al que apodaban Xenius y que aconsejó mucho a Franco, sostenía que todos los problemas de España se solucionarían de una vez por todas si se tirase lloviendo sin parar durante quince años. No sé qué decir al respecto. A mí con tal de que aquí llueva como solía me conformo. Quince días de agosto como hoy, tres o cuatro años seguidos, y ya solo vendrán los ricos... que es gente que no suele molestar.