miércoles, 30 de agosto de 2023

El cóndor pasa

Hay una noticia por ahí que de ser verdad podría ser una auténtica bendición para el mundo: por lo visto Walt Disney está al borde de la quiebra. Y no es porque lo dijera Sánchez Ferlosio, que también, sino porque cualquiera con dos dedos de frente habrá podido darse cuenta de que esa compañía ha representado el mal absoluto en el mundo: la artera tergiversación de los valores fundamentales. Según su fundador el principal problema del mundo es que los niños crecen y empiezan a pensar. Vamos, que pierden la inocencia. Y a eso es a lo que se ha dedicado con denuedo esa compañía, a evitar por todos los medios a su alcance que los niños pierdan la inocencia o, dicho de otro modo, que los mayores aprendan a pensar. Y a los hechos me remito.

Hoy, por casualidad he ido a dar en un video absolutamente enternecedor si bien lo consideramos desde una perspectiva waltdisnéica. Resulta que por azares de la vida un cóndor resultó malherido por la parte de Salta, en Argentina, ese país en el que la gente se preocupa tanto por los desarrapados. Pues bien, no hizo falta pensárselo dos veces para que unas almas caritativas corriesen al rescate del cóndor. Lo han tenido, como quien dice, hospitalizado más de un año hasta que el bicho, milagrosamente, se ha repuesto. Lo de los costes de la operación, claro está, pelillos a la mar. Y así es como llegó el día mágico. Una legión de bienaventurados subió en sus todoterrenos a la cumbre de una montaña, eso sí, debidamente pertrechados de todo tipo de equipos de filmación. En uno de los coches iba el cóndor de marras. Lo sacaron de su jaula y lo pusieron al borde de un precipicio. Y allí estuvo el bicho más de una hora extendiendo sus alas, pero sin decidirse a saltar. Al final, claro, saltó, y entonces fue la apoteosis de gritos y aplausos, todo ello acompañado de una música tipo guerra de las galaxias, es decir, con muchos saltos de quinta que, como saben, son los que dan sabor épico a la música. Luego, ya, después, la cámara se recreó un buen rato filmando las etéreas salas por donde andaban meciéndose con la elegancia que les caracteriza una nutrida colla de cóndores. 

Y así corre el mundo, con esta pertinaz inocencia que, a la postre, no es más que maldad en forma de un egoísmo atroz. Porque, ¿qué hay detrás de toda esta historia del cóndor? Se lo diré: una caterva de sinvergüenzas que han hecho de los buenos sentimientos su modus vivendi. ¿O es que se creen ustedes que toda aquella gentuza que estaba filmando al cóndor en la cima de la montaña lo hacían por amor al arte? Ni de coña. Estaban allí debidamente subvencionados por un gobierno que ha conseguido que las calles de uno de los países más ricos en recursos estén llenas de desarrapados. Son las cosas asociadas a una inflación del 115% interanual. 

Ya digo, la sombra de Walt Disney es alargada. A ver si con un poco de suerte se cumplen los vaticinios y se va a tomar pol saco. 

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