lunes, 7 de agosto de 2023

Muescas

En un plis-plas se está yendo el verano. Y en el entretanto ya voy controlando la partitura de Libertango. Mejor dicho, las partituras, porque cojo esto de una y lo otro de otra. Hay, yo diría, millones de versiones en la red. Y es que tiene algo esa pieza que a la que la escuchas un par de veces se convierte en irresistible. Ese ritmo machacón interrumpido aquí y allá por secuencias cromáticas desesperadas... yo qué sé, habría que preguntar a Javier Altozano por el porqué de esa pegajosidad. Quizá esa secuencia armónica descendente que al llegar a lo más bajo pega un respingo y se vuelve a encaramar para volver a descender siempre por el mismo camino con pequeñas variaciones, ya digo, yo qué sé, la magia de la melodía que a veces, por el querer de los dioses se acierta. 

Por lo demás, no me entero mucho de lo que pasa por ahí. Supongo que en algún lado andará la gente matándose y, unos kilómetros más allá, tomando el sol en las playas o charlando en las terrazas de los cafés. El mundo siempre ha sido así y la risa siempre ha ido por barrios. Hoy te toca a ti y mañana me tocará a mí. Nadie está libre porque, como les recordaba ayer, la verdad adelgaza, pero nunca quiebra. Y, a la postre, siempre prevalece. Y por eso es que los vendedores de crecepelo siempre acaban perseguidos a gorrazos. Me pasó unas cuantas veces y que tire la primera piedra el que no haya ejercido nunca de tal... de vendedor de crecepelos, quiero decir. 

En otro orden de cosas, Casanova está empezando a cruzar el ecuador de su vida y se siente en pleno apogeo. La impresión que da es que va de ciudad en ciudad con la sola finalidad de poner otra muesca en su polla. Eso sí, una muesca de calidad 10. Y en esas estando nos deja una pormenorizada relación de los usos y costumbres de su época. Y no es que él no se dé cuenta de que vivir como viven él y los que son como él es un abuso insoportable; incluso, más de una vez reflexiona que la revolución, que ya se otea en el horizonte, es inevitable por justificada. Pero mientras dura lo que dura dura, vida y dulzura. Él, por supuesto, no va a mover un dedo para que las cosas cambien, porque, por un lado, le gusta como están las cosas y, por otro, porque está convencido de que cualquier cambio que se produzca no va a traer menos injusticia. Así que se limita a ser educado con sus pares y generoso con los que le sirven. En fin, ahora le tengo en Grenoble muy entretenido intentando ligarse a una mujer de postín, eso sí, de diecisiete años, y metiendo mano a las hijas y sobrina del hospedero... que no llegan ni a los diecisiete. En resumidas cuentas, que hay vidas y vidas, y algunas, desde luego, son para contadas.     

2 comentarios:

  1. Pues sí.La jodienda no tiene enmienda. Una de esas verdades absolutas , imposibles de refutar, por mucho que uno se apañe. Y luego, detrás, vienen todas las consecuencias..

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  2. No me hables de consecuencias que uno ha ido servido.

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