sábado, 26 de agosto de 2023

Voluntarismo

Tocar la guitarra como lo hace Ana Vidovic tiene algo como de sobrenatural: un don que han concedido los dioses. Sin duda que hay mucho trabajo detrás, pero sin el don se quedaría en una más entre la legión de voluntariosos que se limitan a cumplir con corrección. Y aquí es donde entra en juego otra especie de don concedido por la divinidad, el que hace que uno pueda distinguir entre Ana y esa legión de voluntariosos. Supongo que esto es algo que tiene más que ver con el cultivo de la sensibilidad. Lo que Pessoa llama erudición de la sensibilidad, es decir, reducir el ámbito de tus pesquisas para cavar más hondo en él. 

De estas cosas hablaba la otra noche con Luis, que es un fino poeta. Me decía que la poesía es cosa de jóvenes, de cuando, por así decirlo, tienes la cabeza a pájaros. Luego, la sientas y lo que te sale ya no es poesía sino simples oraciones más o menos elegantes. Y aquí es donde está el punto y la magia de todo este este asunto, que la sensibilidad que distingue nunca sabe uno hasta qué punto se puede cultivar. En cualquier caso, mi personal impresión es que, al revés que la creación, la capacidad de percepción de la belleza, o llamémosle arte, aumenta con la edad. Y por eso quizá sea que te vas limitando tanto en tus gustos, porque, por así decirlo, una prosa en la que no detectas un cierto componente poético no merece la pena tomarse la molestia. 

En fin, como ven, hoy me he levantado metafísico, por decirlo de un modo pedante. Pero es que, de qué otra forma hubiera podido ser si no tengo por delante otras expectativas que no sean frustraciones. Y todo por empeñarme en tareas para las que no estoy dotado. ¡Maldito voluntarismo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario