Pirola es un asteroide de esos que tienen las mismas probabilidades de chocar con la Tierra que de que los olmos den peras. Y no te digo nada, ya, desde que a los olmos se los llevó la grafiosis. Pirola también se dice en algunos lugares cuando los niños en vez de ir a la escuela se largan por ahí en busca de improbables aventuras. Pero lo que realmente ha dado relevancia a la palabra pirola es que es el nombre que los políticos han puesto a una supuesta variante del supuesto covid. Y ya están los medios desgañitándose con los peligros que se nos avecinan sin percatarse de que segundas partes nunca fueron buenas. Porque es que se da la circunstancia de que este intento de amedrantamiento pilla a la resistencia muy organizada. De hecho, no son pocos los lugares en los que los políticos están siendo sometidos a comisiones parlamentarias de investigación por su manejo del asunto covid. Y tampoco faltan sitios en donde de las comisiones parlamentarias ya han pasado directamente a los tribunales de justicia. Claro, como los medios habituales no dicen nada al respecto parece como si no existiera, pero, ya digo, la resistencia está muy organizada y los medios ya no necesitan ser los habituales para tener millones de visitantes.
Y así es que el decrépito presidente americano ha salido por todos los lados preconizando una nueva campaña de vacunación universal de los seis meses de vida en adelante. Como se suele decir, pa mear y no echar gota. Porque es que ha sido, precisamente, la CDC, o sea, la máxima autoridad que hay en EEUU para las cosas de la sanidad pública, la que ha dicho que tienen más probabilidades de contagiarse con el Pirola las personas que se vacunaron que las que no pasaron por el aro. Interesantísimo, como ya se habrán dado cuenta. Y en el entretanto, cada vez hay más gente enmascarillada por la calle. Lo que es a mí, dice esa gente, desde luego no me pilla. ¡Y cágate lorito!
A mí todo esto no me sorprende en absoluto. Me he pasado la vida leyendo libros de Historia y, de otra cosa no, pero de que la cordura en el mundo siempre ha sido un bien escaso, quizá el más escaso de todos, de eso no me queda ya la menor duda. Ahora mismo, sin ir más lejos, estoy pegándole la enésima vuelta a los libros de Heródoto. ¡Por Dios Bendito, pero cómo podía ser tan cerril para entenderse entre ellos aquella gente que, por otro lado, nos legó el sistema de pensamiento más elaborado de que tenemos noticia! Allí sí que tenía sentido eso de por un quítame allí esas pajas. No podían vivir sin zurrarse la badana a la primera de cambio. Y así ha sido siempre, y así seguirá siendo por los siglos de los siglos. Y no por nada si no porque al haber gente que es incapaz de ganarse la vida por sus propios medios se las apaña para ganársela con los medios de los demás. Es la casta de los parásitos que no hay especie en la naturaleza que no la tenga y los dioses sabrán por qué tiene que ser así para que no falle su perpetuación que, a la postre, es lo único que interesa.
En definitiva, que una vez más los parásitos están jugando su papel, Pirola mediante, para que el mundo siga adelante con su eterno juego de descomposición, recomposición... porque imagínense lo que sería esto si todo fuese recomposición. ¿A dónde habríamos llegado ya? No quiero ni pensarlo.
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