sábado, 12 de agosto de 2023

La puerta de salida

He estado estos tres últimos días, como quien dice al borde del abismo. Me pilló una de esas viriasis, o lo que sea, veraniegas que me ha producido fiebres extremas. He sido consciente todo el rato de que estas cosas a mi edad tienen su importancia, pero no me ha preocupado lo más mínimo, al revés, me sentía tan mal que casi deseaba perder el conocimiento e irme. Porque es que, además, cada vez tiene uno más puñetas y, por otra parte, ya lo tengo todo bien adobado para que no les quede ningún marrón a mis hijas. Lo único que tendrán que hacer es cambiar la domiciliación de los recibos. Un verdadero chollo por comparación con lo que se estila. 

En otro orden de cosas, ya nada me queda por añadir. He hecho examen de conciencia, dejando por escrito todo, o de todo de lo que me he acordado, aquello de lo que me avergüenzo haber hecho, que es mucho y bien que lo he tenido que pagar porque, por educación, o por lo que sea, el sentimiento de culpa ha sido un tormento permanente. Y si a todo esto le añado la asfixiante sensación cada vez mayor de estar viviendo en una sociedad repulsiva que adora tanto el comunismo que ni siquiera se da cuenta de que le han quitado hasta el último resquicio de libertad. No se puede hacer absolutamente nada sin pasar por el aro de los sicarios del Estado. También de esto he querido dejar constancia apoyándome para ello en el criterio de los que me parecen los mejores. 

En fin, parece que de ésta he salido, y aunque me costará recuperarme, aquí estaré a merced de lo que los dioses dispongan o, también, emulando a Séneca, hasta que decida elegir la puerta de salida.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario