Ya he contado no sé cuántas veces, y no me canso, que, cuando andaba rondando los cuarenta, un profesor de griego que conocí en una tertulia, me recomendó leer la Ilíada teniendo al lado el Diccionario de Mitología Griega de Pierre Grimal. Muchas veces pienso que el haber seguido al pie de la letra aquel consejo quizá haya sido lo que más me ha ayudado en esta vida a sosegar la cabeza. Esa mitología griega, que debe de ser un muy logrado sincretismo de todas las mitologías que circulaban por el Oriente Medio, me parece que es la respuesta más ingeniosa que nunca se dio a las grandes cuestiones desconocidas que siempre abrumaron al ser humano: qué es esto, de dónde ha salido, que sentido tiene, etc., etc.. Hasta que empecé a enfrascarme en ese conocimiento esotérico no tuve una conciencia sólida de lo que es el mundo simbólico, lo cual es como decir que estaba en un estadio de desarrollo mental, digamos que preolímpico, es decir, cuando el instinto se sobrepone por goleada a la razón.
El mundo simbólico es el descubrir significados ocultos, es decir, pensar por uno mismo. Significados que nunca son definitivos, sino que se van adaptando a la evolución del conocimiento o, si mejor quieren, de la experiencia de la vida. De ahí la importancia de recibir en la temprana edad un adecuado entrenamiento en ese mundo de significados inciertos que es la mitología griega. Y así fue hasta que llegó Constantino y mando parar. Organizó un concilio en Nicea para que los mitos tuviesen un significado único y, al que dijese lo contrario, a la hoguera. Aquello fue la entronización del «prohibido pensar por uno mismo» y, con ello, el triunfo de la tiranía que seguimos arrastrando desde entonces so capa de los más diversos embaucamientos.
En fin, allá cada cual con sus correspondientes convencimientos; que con su pan se coman todas las vacunas que les recomiende el Constantino de turno. En lo que a mí respecta, les puedo asegurar que hasta el último suspiro seguiré indagando en los misterios de la Titanomaquia por ver si, así, consigo un poco más de sosiego frente a las naturales tribulaciones del existir.
Amí me ayudó mucho tu recomendación , un diccionario de mitología giega, para ver la película de Nolan . Por cierto , no me disgustó. Una recomendación que me vino de perlas.
ResponderEliminarPor cierto que desde que vi aquella Odisea protagonizada por Kirk Douglas, ya no pude sacármele de la cabeza cada vez que he vuelto a leerla. Para mi Ulises siempre tendrá la imagen de ese actor, lo cual pienso que a lo mejor me quita campo a la imaginación.
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