...
Y fue la tarde y la mañana el día sexto."
Así comienza el Genesis en la traducción de Reina Valera. Me lo envía Manolo desde las tierras bálticas para saludarme el día. Un texto de una belleza irrepetible. Mientras lo leía, escuchaba la Sonata en re menor de Silvius Leopold Weiss en la guitarra de Marcin Dylla. Más belleza irrepetible. Alguien, que también se entretuvo escuchándolo, escribió en los comentarios: Imagine the sheer hours of practice this man has invested. It's astounding and inspiring —imagina las ásperas horas de práctica que ha tenido que invertir este hombre. Es sorprendente e inspirador—.
Efectivamente, sorprendente e inspirador. Los seres humanos a nada que purifiquemos nuestro espíritu, liberándole de todo tipo de emociones negativas, nos podemos pasar la vida sorprendiéndonos e inspirándonos los unos a los otros. Nos damos la energía de la emulación para ponemos a cualquier empresa que hasta entonces nos había parecido imposible. Y es que, como dice el filósofo, "hay dentro de toda cosa la indicación de una plenitud. Un alma abierta y noble sentirá la ambición de perfeccionarla, de auxiliarla, para que logre esa plenitud. Esto es amor —el amor a la perfección de lo amado."
La percepción de la belleza lo es todo en la vida. Algo que no cae del cielo porque sí. Se necesita de la ascesis, es decir, por poner un ejemplo, agarrar la partitura de esa sonata en re menor que les decía y ponerse con ella hasta que te resuene por dentro. O ponerse con el desentrañamiento de esa fórmula que asegura que el número e elevado a la potencia i multiplicado por pi es igual a menos uno... te permite entre otras mil cosas resolver una ecuación con un número negativo elevado a una potencia. En fin, millones de ejemplos que pasan todos por, como digo, la ascesis, que no es, precisamente, sacar un billete de avión para ir a extasiarse ante las maravillas de la Galería Uffizi de Florencia, o Venecia, que ni lo sé, ni me importa.
La percepción de la belleza sería, entonces, nuestra relación con lo divino. Nuestro ser a imagen y semejanza de eso que hemos dado en imaginar que son los dioses: la perfección o, si mejor quieren, el erotismo universal, esa fuerza que mantiene en armonía todo lo creado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario