Pienso que hay pocos misterios en la naturaleza que se puedan comparar al de la melodía. Cualquier músico conoce su técnica; Schopenhauer dice que es la parte de la música que presenta de principio a fin una continuidad con sentido e intención. Por consiguiente, añade, nos relata la historia de la voluntad iluminada por la razón, cuyas manifestaciones en la vida real constituyen la conducta humana. Leo Brouwer componía como por un tubo; al cabo del día serán millones de horas las que los guitarristas de todas las partes del mundo dedican a estudiar e interpretar sus composiciones. En general, es música para músicos por la sencilla razón de que, a pesar de su impecable factura, su melodía no se capta ni a la primera ni a la segunda audición. Su Decamerón Negro, por poner un ejemplo, necesita de muchas audiciones antes de que empieces a identificarlo. Sin embargo, un día se levantó y compuso Un Dia de Noviembre; pues bien, de ese día para acá no hay guitarrista en el mundo que no quiera tocar esa pieza: a la segunda vez que la escuchas ya la identificas, y es que provoca una cascada de sentimentalidad dulzona, como si estuvieses detrás de un ventanal al lado de una chimenea, contemplando la sinfonía de colores de un bosque de caducifolias... ¡uff...!
Transcribo: «Está en la naturaleza del hombre el sentir deseos, realizarlos, tener enseguida nuevos deseos, y así sucesivamente; su felicidad y bienestar consisten tan solo en esta transición del deseo a su cumplimiento y, de éste, a un nuevo deseo, siempre que dicha transición se realice rápidamente, pues el retardo trae consigo dolor y la vaciedad de deseos produce hastío y languidez. Del mismo modo está en la naturaleza de la melodía la digresión continua en mil direcciones, apartándose sin cesar del tono fundamental para ir, no solo hacia los grados armónicos, la tercia o la dominante, sino hacia cualquier grado, hacia la séptima dominante y los intervalos aumentados, pero retomando siempre, al fin, el tono fundamental. La melodía, por medio de todas estas desviaciones, expresa las innumerables formas de los anhelos de la voluntad, pero, también, su satisfacción, encontrando al fin, de nuevo, un intervalo armónico y, mejor aún, el tono fundamental.»
En fin, ya ven en donde podría residir el misterio de la música, en ese continuo crear y ver cumplidos los deseos. Y ese proceso puede ir a toda mecha, como en una canción popular, o hacerse desear antes de verse cumplido, como en una sinfonía. Esa es la magia del asunto, o de la sabiduría, saber o no saber postponer la resolución de los deseos.
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