Me pongo a buscar un video de Mabel Millán y justo al lado de donde le encuentro hay otro titulado así: Why Critical Thinking Is Disappearing – The Rise of Collective Stupidity —Por qué está desapareciendo el pensamiento crítico. El ascenso de la estupidez colectiva—. Desde luego que esa visión tan siniestra de la realidad nada tiene que ver con Mabel, que vendría a ser, por así decirlo, la mujer diez: es guapa y elegante, además de una de las guitarristas más eminentes del panorama internacional, y, por si con eso no va servida, le ha añadido un puesto de fiscal en la audiencia de Cadiz. En fin, que sobran las generalizaciones: hay gente y gente. Yo entre mis amigos los tengo así y también los tengo asao... y no voy a entrar en detalles.
Desde antiguo están reflejados en los textos aquellos que tienen por costumbre mirar la berza y coger el tocino.
lunes, 27 de abril de 2026
Why Critical Thinking Is Disappearing – The Rise of Collective Stupidity
Seguramente, esa percepción de que se está perdiendo el pensamiento crítico a la vez que se incrementa la estupidez, lo uno por lo otro, es algo que existe en el mundo desde la noche de los tiempos. La historia de la humanidad se ha hecho con avances y retrocesos y, siempre que se han producido estos últimos, de inmediato ha habido la sensación de que su causa era precisamente esa, que la gente había perdido la capacidad de pensar correctamente. Y, seguramente, hay mucho de verdad en ello. Es evidente, de toda evidencia, que, cuando a las personas concretas les sopla el viento a favor por una mera cuestión de azar, como por ensalmo, en la mayoría de los casos, empiezan a instalar en su cabeza la idea de que les va bien porque son listos y tienen muchos méritos. La humildad no es virtud que traigamos de fábrica. Hay que cultivarla con mucho esfuerzo y, puestos a ello, es increíble la facilidad con la que le sale la mala hierba de la hipocresía. Y es que, entre las pocas verdades incontrovertibles a las que podemos aspirar, está la de nuestra imperfección, cualidad esta de la que es muy difícil, por no decir imposible, ser consciente... cuando hay alguien que consigue serlo, de inmediato le nace un hermano tonto. Todo Prometeo tiene un hermano Epimeteo dispuesto a abrir la caja de Pandora.
El caso puede que sea que, en los últimos años, nos fue tan fácil llenar la endorga que dimos en creer que es lo que no es. Nos instalamos en una especie de dolche farniente que es la actitud degradante por excelencia. Entonces es cuando el mundo alrededor empieza a agrietarse sin que la percepción de ello cause más que una somera aprensión que se trata de combatir con más diversión. Uno va por la calle y ¿qué es lo que ve?, pues muy sencillo, industria de la diversión. Hasta los niños, para aprender en la escuela, lo tienen que hacer divirtiéndose... ¿cómo si eso fuese posible! Resultado de todo ello es que las grietas se ensanchan y, con ello, la aprensión se trasforma en miedo. A partir de ahí, todo viene rodado. ¿Se acuerdan de aquello que las autoridades incompetentes catalogaron de pandemia? Estoy harto de oír a hablar a la gente de lo bien que se lo pasó cuando aquello. El que les pusieran un dogal al cuello les hizo sentirse seguros. Así no había forma de que se cayesen por ninguna grieta. Pues sí, aquello fue un toque a rebato para los que todavía conservaban alguna neurona funcionante... cuatro gatos que tuvieron que ponerse a resguardo so pena de sucumbir en la hoguera. ¿A cuánta gente de la que se dejó poner el dogal han visto ustedes entonar el mea culpa? ¡Lo ufanos que estaban ellos con su pasaporte para entrar nl los bares en el bolsillo! Pues sí, efectivamente, ausencia casi absoluta de pensamiento crítico. O presencia apabullante de estupidez, si mejor quieren.
De todas formas, como les decía, más de lo mismo. Todo sube y baja en una sucesión continua de ondas sinusoidales. Y siempre hay una pequeña porción de humanidad que se ocupa de guardar el fuego para que lo que quede de la debacle tenga con qué calentarse cuando empiece el nuevo ciclo interglaciar.
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