miércoles, 29 de junio de 2022

Libros y guitarras

He vuelto una vez más a El libro del Desasosiego. No sé cada cuanto siento esa necesidad, pero puede que ya hayan pasado cinco o seis años desde que me demoré por última vez en sus páginas. En cualquier caso, ayer, mientras me enfrascaba, tenía la sensación de novedad absoluta. Es la magia de la prosa de los poetas que tarda mucho más en marchitarse. O eso es al menos lo que a mí me parece. Pessoa, fuente inagotable de referencias. Rara es la vez que hablo con Fede que no salga a colación. Mayormente por la cosa de las múltiples personalidades que es el sujeto predilecto de las investigaciones de Fede. En el mismo prólogo del libro ya se describe a sí mismo el autor por medio de un artilugio que le permite camuflarse a las miradas de los simples. Sí, desde luego que no es un libro para simples. Recuerdo un lejano día en el que un viejo combatiente de la guerra civil me dio la explicación de por qué la habían ganado los nacionales: es que entre la oficialidad nacional se leía mucho a Pessoa, dijo. Me pareció una apreciación de lo más interesante. ¿Cómo no iban a ganar a los que se atolondraban leyendo Materialismo y Empirio-Criticismo?

De todas formas, como necesito un poco de dispersión, también hace días que ando con lo de El Conde Lucanor. Es uno de los pocos libros que conservo y que no por muchas veces leído deja de maravillarme. En realidad solo conservo joyas, no es por nada. Y no me importa baladronear de ello porque algún derecho tendré a saber algo de libros después de los miles de horas que les he dedicado. El caso es que el autor, el infante Don Juan Manuel es un pájaro de cuenta, pero con mucho bagaje a las espaldas. Ha recibido una educación tirando a espartana lo que le lleva a una madurez muy temprana: a los doce años ya se le considera un hombre hecho y derecho. Con todas las responsabilidades. Don Juan Manuel nos da una idea muy aquilatada de un siglo, el XIV, tan decisivo como cualquier otro, ya que es el de los coletazos del feudalismo y los inicios del estado burgués. Porque no es otra que la naciente burguesía la que ayuda a los reyes a deshacerse de la nobleza feudal y crear un único poder. En realidad, si bien lo miramos, más de lo mismo. Nunca al que más tuvo le pareció que tenía bastante. Y de ahí, posiblemente, todos los males del mundo. 

Claro que lo de tener es muy relativo, no es lo mismo tener mil castillos en España, como sueñan los franceses, que poseer el arte de Yamandu que, para mayor escarnio, tiene, encima, a Elodi para interpretar piezas a dúo. No sé qué más podría ambicionar Yamandu, pero, desde mi perspectiva, pienso que no puede tener el cielo mucho más para ofrecerle. En fin, Pilarín...

martes, 28 de junio de 2022

Y no da voces

Cuando de niño vivía con mi hermano a pupilaje en la ciudad, los sábados por la tarde tomábamos el tren para ir pasar el domingo con nuestros padres en el pueblo. En las estaciones del extrarradio se solían subir obreros de las fábricas que había por allí y todos, invariablemente, nada más sentarse sacaban un Marcial Lafuente Estefanía y se ponían a leer. Parecían tomarse aquello muy en serio. Tengo muy nítido el recuerdo de la acalorada discusión que mantuvieron dos de ellos sobre si se decía pántano o pantano. El uno le llamaba burro al otro y cosas así y, aunque parecía que iban a terminar a tortas, con la sabia intervención de los compañeros, acabó en risotadas.  

Les cuento esto porque, con la misma fruición que leían aquellos obreros a Marcial, veo al atardecer las películas del oeste que ponen en un canal de televisión que por lo visto es de propiedad eclesiástica. Desde luego que los curas han sabido siempre lo que se hacen que no por otra cosa será que todo cambie en este mundo menos su imprescindible papel de mediadores con lo trascendente. En fin, sea como sea, veo esas películas e irremisiblemente me traslado a mis lecturas vespertinas de la Biblia. Ayer, sin ir más lejos, el protagonista apresó a Jerónimo, el más rebelde de todos los apaches, recurriendo al procedimiento que usó Gedeón para derrotar no sé si a los amonitas, a los amorreos o cualquiera de aquellas otras tribus paganas que nunca dejaban de dar pol saco a los israelitas. 

Y es que, miren ustedes, nada hay que consuele tanto al hombre vulgar como la justicia divina... que no otra cosa es la Biblia y, por ende, las películas del oeste. En realidad, lo mismo la una que las otras se podrían resumir en aquel aforismo que le gustaba repetir a mi madre: Dios castiga y no da voces. 

lunes, 27 de junio de 2022

Stultorum infinitus

Ya, uno, no sabe qué pensar. Porque, vamos a ver, ¿existen o no existen los virus?, ¿son fósiles el gas y el petróleo o no lo son? Y así un montón de artículos de fe que configuran eso que los sociólogos denominan nuestro imaginario colectivo. ¿De cuantas cosas estamos convencidos que la posteridad se encargará de desmentir? Toda la historia de la humanidad ha sido igual: un descubrimiento que ridiculizaba una creencia. ¿Por qué habría de ser ahora diferente? Esa soberbia, o fatal arrogancia que diría Hayek, que nos hace suponer que hemos llegado al cenit del conocimiento. Pues bien, señoras y señores, si no nos queremos pegar el batacazo será mejor guardar una cierta distancia respecto de nuestras certezas. O ponerlas en solfa, por decirlo de otra manera. 

Uno puede empezar y no parar a poner ejemplos al respecto que ha ido amontonando a lo largo de la vida. Recuerdo a todos aquellos pobres desgraciados a los que rebanaron el estómago porque tenían una úlcera. O a aquellos que murieron asfixiados por que les ponían el oxigeno de forma intermitente y a altas concentraciones. Si hay oficio que haya hecho gala de fatal arrogancia ese ha sido el de médico. No hay más que ir a la literatura para encontrar miles de diatribas  contra la necedad de esos que se dicen profesionales y no son más que charlatanes. 

Pero yendo a las dos certezas que en la actualidad nos traen de cabeza, los virus y los combustibles fósiles: si se te ocurre decir que los virus no existen te la arman y, no digo, ya, si sostienes que el petróleo nada tiene que ver con la materia orgánica que fue enterrada en los movimientos tectónicos de las pasadas eras geológicas. Y, sin embargo, les puedo asegurar que hay multitud de científicos de esos dos campos que niegan lo uno y lo otro. Los virus serían trozos de células deterioradas, los llaman exosomas, y el petróleo, por no se sabe qué mecanismos, se va regenerando en los pozos a medida que se va extrayendo. Vayan ustedes a saber, pero, en cualquier caso la pelota está en el tejado y no pondría yo la mano en el fuego porque vaya a caer de un lado o de otro. 

En fin, qué mundo éste... claro que después de haber leído el elogio de la estulticia de Erasmo de qué nos vamos a extrañar. 

domingo, 26 de junio de 2022

Nazaret

Nazaret Martín es una pastora que apacienta sus rebaños por la parte extremeña de la Sierra de Gata. Por su dominio del lenguaje recuerda a la Marcela de El Quijote. Me imagino que suscitará pasiones entre los mozos de aquellos lugares, si es que queda alguno. Pero que sea pastora no quiere decir que no haya podido estudiar en Salamanca: yo apostaría diez a uno a que así ha sido porque de lo contrario no casarían las cuentas. 

El caso es que Nazaret abrió un canal en YouTube hace un mes o así y ya tiene dos millones y pico de visitas. Y es que no cabe duda de que tiene algo de bruja... con esos ojos. Un solo vídeo basta para que quedes enganchado. Es una comunicadora nata que ha elegido el elogio de la vida rural como fundamento de su discurso filosófico. 

Personalmente soy muy sensible a ese discurso. Me moriré con la sensación de no haber sabido, ya sea por cobardía, ya por estulticia, seguir mis impulsos naturales. Si no granjero, que desde el principio comprendí lo que da a entender Nazaret en sus vídeos, o sea, la dureza de ese oficio, sí que podría haber sido un buen médico rural como mi padre. Aunque también hay que decir que la socialdemocracia que nos impuso Franco lo destruyó todo, incluido ese oficio. Mi padre fue al respecto de su profesión uno de los últimos de Filipinas. Ya los últimos años de su ejercicio le habían convertido en funcionario que fue lo que, en definitiva, le mató. Pero, bueno, lo de la nefasta idea de progreso que viene dominando el mundo desde que los filósofos idealistas empezaron a partir el bacalao es otra historia para otro momento. 

La vida rural para Nazaret es estar ocupada de sol a sol los 365 días del año, y 366 si es bisiesto, en tareas que exigen conocimiento y dedicación. Son mil pequeñas cosas que se aprenden por trasmisión paterno filial y la práctica. Sin duda hay que haber nacido en ese ambiente. Pero, una vez que lo dominas, querer cambiarlo por algo más productivo, o empresarial como dice Nazaret, es ser víctima de la propaganda oficial, que como ustedes saben, no consiste en otra cosa que en tratar de convencer a la gente de que se es mucho mas feliz aborregándose que permaneciendo individuo. Porque la vida del individuo es agónica y completamente incompatible con el famoso aprender jugando que venden las autoridades en curso. 

Bueno voy a dejar ya de dar la chapa... como suele decir Nazaret para concluir sus vídeos. 

 

viernes, 24 de junio de 2022

Pensar

El otro día les contaba que al Dios de los judíos le molesta una barbaridad, entre otras muchas cosas, que la gente no descanse un día de cada siete y, también, que se case con personas de otras culturas. Ya ven, dos cosas que desde la perspectiva actual carecen de todo sentido. ¿Por qué no voy a trabajar en domingo si ello viene bien para mis intereses? Y no digo ya casarse con gente de otras culturas, caso de que eso exista, si, precisamente, los matrimonios mixtos son la mejor herramienta de integración entre los pueblos. O, al menos, eso es lo que hemos dado en creer de tanto como nos lo venimos repitiendo los unos a los otros.  

Pero conviene no dar las cosas por hechas y menos los tópicos por verdades. Hay que pararse a pensar. ¿Por qué los judíos siguen siendo judíos y los gitanos, gitanos? Por cierto que, María, que ha tenido muchos alumnos gitanos, dice que no hay niños más felices en el mundo porque son los más queridos. Solo es una impresión, pero es la de una persona con bastante experiencia al respecto. Yo también fui vecino de gitanos en aquella casa de Santoña y vi como los niños participaban de los rituales de los adultos desde el mismo comienzo de su vida. En fin, con esto de las relaciones matrimoniales es difícil acertar se haga como se haga, pero, claro, una cierta homogeneidad de creencias puede ser que ayude a aguantar el tirón. Los zoroástricos, por ejemplo, pensaban que los matrimonios entre hermanos eran los mejores. 

Pero lo de santificar las fiestas de guardar como se decía en el catecismo del padre Astete, eso sí que me parece que se merece más de una consideración. Porque una cosa es guardarlas como lo hacen los judíos y otra como las guardaban los católicos cuando todavía se creía en esas cosas. Los católicos iban a misa y luego a tomar el vermut y por la tarde al partido, el cine, o a hacer visitas... cualquier cosa menos estar solos. El de los judíos, por contra, consiste sobre todo en estar solos y sin hacer nada, o sea, aburriéndose. ¿Y qué es una vida sin intervalos de aburrimiento? Pues ya lo dijo el filósofo: doble estupidez. Porque es durante el aburrimiento cuando más dados estamos a pensar en los asuntos trascendentes... el sentido de la vida y todo eso. 

No sé, porque tengo la impresión de que mi vida ha sido un continuo huir de mi mismo para no verme ante el espejo. Y ahora que los años me obligan a parar y por tanto a verme, el único sentimiento que me inspiro es el de vergüenza. Cometí todas las equivocaciones posibles seguramente porque no respeté las fiestas de guardar... no me di la oportunidad de pensar. ¡Qué quieren que les diga! Quizá todavía esté a tiempo. 

miércoles, 22 de junio de 2022

Miga

Ya puedo tocar de corrido el allegro solemne de La Catedral  de Barrios Mangoré y Un Dia de Noviembre de Leo Brouwer. Claro que decir de corrido no quiere decir presentable. Anoche se las estuve escuchando a Ana Vidovic y me agarré una depresión morrocotuda que todavía me dura. Voy a tener que hacer muchos ejercicios de mindfulness para poder sobrevivir a tanta humillación. Sin duda, y volviendo al aforismo gracianesco, lo que lisonjea presto la pasión, desengaña tarde el tiempo. En fin, conformémonos con la constatación de que todavía me queda sitio en el disco duro para nuevas adquisiciones. 

Por lo demás, mira que hay que estar mal de la chaveta para querer torcerle el brazo a Rusia. Claro, como llevan años tratando de convencernos con la milonga esa del PIB que según la propaganda oficial Rusia lo tiene por el estilo de Italia o, incluso, España, pues no hay nada por lo que preocuparse: se le ponen un par de sanciones y ya la tenemos arrodillada... como si fuese, ya digo, España. ¡Hay que ser majaderos! Como si fuese igual tener hoteles en la costa para turistas que inmensos yacimientos de todo lo que es necesario. Por no hablar de la pata del conocimiento aplicada a la más importante de todas las artes, la de la guerra. No, no se dejen engañar, que una cosa es predicar desde Hollywood y otra dar trigo desde las estepas. 

Y veo en un vídeo que ahí siguen en Alemania con lo de la mascarilla. Por la calle, incluso. Y policía hasta en la sopa. Diría yo que ya la tenemos montada de nuevo. Pa mí que ese país no tiene solución. Nos hemos echado en sus manos porque hacen coches muy buenos y ahora ni siquiera vendiendo el coche podemos comprar gasolina. Es lo de siempre, equivocar las prioridades. Te da Dios la mano y le coges el brazo. ¡A ver cómo salimos de ésta! 

En otro orden de cosas, que son las mismas, sigo con mis lecturas vespertina de la Biblia. Veo que entre otra muchas cosas hay dos que le molestan especialmente a Dios: una que se trabaje el día de la semana dedicado al descanso por ley divina; otro que los judíos y judías se casen con gente de otras religiones. A nosotros estas cosas nos parecen ridículas, pero seguramente tienen su miga. No es cosa de echarlas en saco roto porque no hay nada en ese libro que no la tenga. Miga, quiero decir. 

lunes, 20 de junio de 2022

Reseteo

 No es porque lo dijese Segismundo en su desesperación, pero para mí que no hay mayor verdad que el que toda la vida es sueño. Una pura ilusión. Un inagotable correr tras quimeras. Un continuo creer, que no pensar, que estamos en momentos decisivos de la historia de la humanidad. Un antes y un después. Así es que me parto el culo de risa cuando oigo hablar del nuevo orden, del reseteo y todas esas milongas con las que mucha gente anda entretenida. 

No han hecho otra cosa los humanos desde que tomaron conciencia de sí mismos que robar fuego a los dioses a costa de grandes penalidades con la absurda pretensión de que así podrían hurtarse al miedo que les amarga la vida. Un intento que, a la vista está, ha resultado completamente fallido: si algo ha sido constante sobre la faz de la tierra es el miedo. Y por eso es, precisamente, que siempre haya sido tan fácil para unos pocos manejar a la inmensa mayoría. 

No hay forma de escapar a la maldición del miedo como no sea momentáneamente por medio de las sustancias o actividades embriagantes. Digamos que Sisifo se libera mientras está subiendo la piedra, pero cuando parecía que la tenía arriba la piedra se echa a rodar hacia abajo y volvemos a las mismas. La embriaguez se sigue inevitablemente de la resaca que es un no vivir. 

O sea, convénzanse, todo es inútil excepto la embriaguez. Es decir, estar fuera de sí. Si puedes, porque los dioses te favorecieron, conseguirlo por medio de una pasión, pues dales infinitas gracias. De lo contrario, recurre a cualquiera de los sucedáneos de los que tan generoso es el mercado. Pero no te hagas ilusiones; todos los sucedáneos tienen efectos secundarios desagradables... acuérdate de Prometeo. ¡Para qué coño tuvo que robar el fuego!  Para que un águila venga todos los días a roerte el hígado. 

Reseteo. ¡Ya te digo! ¡Como no me reseteen la polla...!

sábado, 18 de junio de 2022

Su coartada

Los franceses dicen gourmandise d´énergie y bavardean sobre el asunto hasta caer exhaustos. Por qué, digo yo, los humanos nunca nos saciamos de consumir productos energéticos. Nunca nos parece que vamos suficientemente rápidos. ¡Cuatro horas a Madrid, qué barbaridad! Pero bueno, vamos a ver, qué coño tienes tú que hacer en esta vida para querer arañarle unos minutos a esas cuatro horas. Te has parado a pensar en el coste de ese arañazo. 

Supongo que todo ello es una cuestión de imbecilidad. El tipo ese que vi hace dos días junto al náutico, acababa de dejar su lancha a motor y se estaba subiendo a una moto de gran cilindrada. Una jornada redonda. Y yo, pensando en que este invierno, según todos los augurios, solo vamos a poder calentarnos con el gas de nuestros pedos, automáticamente me cagué en sus muertos. ¡Este imbécil...!

Así es, según todos los indicios las vacas están muy flacas, pero a los imbéciles se la suda: ellos, mientras puedan rebañar sus huesos, van a seguir.

Ese es todo el problema del mundo, la imbecilidad. La imposibilidad de ver más allá de las narices; de relacionar unos hechos con otros. Siempre es culpa de los otros porque yo, ¿qué mal hago yendo a la playa en coche? Treinta kilometrillos de nada... a esos que van en jets privados es a los que habría que pararles los pies. ¡Ya te digo! No hay imbécil que no tenga su coartada.  

viernes, 17 de junio de 2022

Lo que Dios reprueba

 "En la calles de Valencia hay hombres con vulva y mujeres con pene". Así reza una publicidad que ha aparecido por toda la ciudad. Sin comentarios. 

Sigo con mis lecturas vespertinas de la Biblia. Pienso que me demoré más de la cuenta para adoptar este hábito. Seguramente me hubiese evitado unos cuantos dolores de cabeza si lo hubiera adoptado antes, pero como ya nada se puede hacer al respecto, huelgan lamentos. Me llama la atención la insistencia machacona con la que se repite la frase: hizo lo que Dios reprueba. Y a continuación el terrible castigo porque, otra cosa no, pero Dios no deja pasar ni una. Como en las películas del oeste que suelo ver por la tarde en el canal 13, precisamente el de la Iglesia, no hay maldad que no se pague con la vida que, como decía Tácito: remedio al que la experiencia califica por más saludable y mejor que la piedad y misericordia. 

¿Por qué será que a la mayoría nos cueste tanto vivir según las tablas que Moisés bajó del monte? A la primera de cambio se nos antoja Betsabé, la mujer de Urías, y no paramos en mientes. Le mandamos a la primera línea de combate para que le maten. Sin embargo Dios en este caso no es que hiciese la vista gorda, que bien que se lo reprochó a David, pero a la hora de la verdad no dudó en hacer del hijo que concibió esta pareja adulterina el rey más sabio que nunca hubo sobre la faz de la tierra. No sé, es como si ahí Dios hubiese querido decirnos que no todos somos lo mismo ante el pecado. Es que David me había prestado tantos y tan buenos servicios...

Pero eso no quita para que si lees la Biblia con insistencia acabe por obsesionarte el sintagma "lo que Dios reprueba". Porque eso es exactamente el sentimiento de culpa: el arma más poderosa que se conoce de cara a la convivencia con nuestros semejantes. Elimina, o afloja, ese sentimiento y el mundo se convierte en uno de esos documentales de sobremesa en los que unos animales comen a otros. Quizá de tanto ver eso con la barriga llena se nos ha torcido el juicio y no hay nada que se nos antoje que no consideremos apropiado conseguirlo sea como sea. 

En fin, en cualquier caso, si yo fuese Dios, a los primeros que liquidaría sería a esos médicos que practican esas horrorosas cirujías que luego dan pie a los valencianos para decir que hay hombres con vulva y mujeres con pene por las calles de su ciudad. 

jueves, 16 de junio de 2022

El instrumento

Ya tengo medio en el bote Un Día de Noviembre. No tiene mayores dificultades. La única, quizá, es que al tener una melodía tan pegadiza la puedes llegar a odiar. Ya saben, es como cuando te enamoras de alguien que de inmediato te corresponde con entusiasmo. No tardas en verle un montón de pegas. Pero, bueno, Un Dia de Noviembre, como todo lo de Leo Brouwer, tras su aparente sencillez esconde una sabiduría muy sofisticada. Es, un decir, y salvando épocas, lo que le pasa a la Lágrima de Tárrega que cuanto más la tocas, más mágica te parece. ¡Cómo se le pudo ocurrir un lamento tan perfecto? Claro que hay que tener en cuenta que se le acababa de morir una hija... ¡Hija! ¡Hija! ¡Hija! ¡Yaíyaíyaíyayaí! 

Por lo demás, no sé qué pensar de todo esto que se nos está viniendo encima. Ayer fui al centro a comprarme unos calcetines y al principio pensé que se trataba de hooligans que habían venido a la ciudad siguiendo a su equipo, pero al acercarme al meollo vi que la cosa era más seria: una huelga de obreros muy cabreados. A la policía que había por allí le llegaba la cara al suelo. Me imagino cómo debían tener el culo de prieto. Cuando vienen malos tiempos para la gente, para los policías doblemente malos. Mal asunto ese oficio. 

Por otra parte, acabo de venir del supermercado y, sí, los precios de la fruta están disparados, el doble que el año pasado por estas fechas diría yo, pero de momento no hay el menor síntoma de ese desabastecimiento que no se cansan de anunciar no sé si los agoreros o las casandras. Hoy veo el titular de un video que anuncia dos años de desabastecimiento en Inglaterra. ¡Imagínense la gracia que me ha hecho pensando en toda la progenie que tengo allí! 

No sé, pero me cuesta creer que todo esto no vaya a ser más que una artimaña de los gobernantes para intentar cuadrar las cuentas. Siempre ha sido igual: cuando la deuda del estado empieza a cantar se provoca la inflación y así se recauda el doble y se alivia la deuda. Es lo que hacen los malos médicos, dar medicinas para tapar los síntomas. La enfermedad de fondo se la suda porque saben que atacarla les va a traer problemas con el paciente. Claro que, a la postre, tanto en un caso como en el otro, hay que recurrir siempre a la cirugía radical en un intento desesperado de salvar el pellejo.

En fin, voy a darle un rato a la guitarra que eso sí que es terapia de la buena. ¡No entiendo cómo puede vivir la gente sin tocar un instrumento! Aunque también es verdad que cada uno se las apaña como puede. 

martes, 14 de junio de 2022

Crónica de un desasosiego

Recuerdo que siendo niño me producía desasosiego la absoluta tolerancia hacia la inmundicia que veía incluso en los lugares más refinados. En el Gran Hotel del balneario, en cuya parte frontal había una ringlera de coches lujosos a cuyo alrededor merodeaban chóferes uniformados que esperaban ser requeridos por sus señores naturales, tenía a su vez en la parte trasera unas pocilgas dónde se criaban cerdos con los restos de la comida de los huéspedes. Producía un hedor insoportable que me imagino atizaba de plein fouet a los residentes de las habitaciones que quedaban encima de la pocilga. No podía entender que a nadie le pareciese que aquello era un sinsentido. Porque aquella gente que se alojaba allí era la crem de la crem del país y sin embargo... quizá padeciesen anosmia.

No es que yo sea un obseso de la limpieza y el orden doméstico, pero pienso como los catalanes que entre poc i massa la mesura passa. Aquellos chones podrían haber sido criados unos cientos de metros más allá sin que ello hubiese supuesto grandes dispendios. Para mí era simple dejadez. Pero a nadie parecía importarle. Porque esa es la cuestión que ni importaba entonces ni importa ahora: lo de la percepción de la inmundicia es algo que, como diría Pessoa, está relacionado con la erudición de la sensibilidad, una cualidad humana a todas luces escasa.

Me he parado en estas consideraciones porque viniendo esta mañana de mi habitual y gozoso paseo por los muelles, en la esquina de mi calle, a la puerta del supermercado, un perro, o dos dada la cantidad, habían dejado su mercancía que la gente que había pasado por allí se había encargado de extender por todo el interland. Digamos que lo van a tener crudo los clientes que quieran entrar al supermercado. He seguido palante sorteando como he podido el campo minado y unos metros mas allá he empezado a apercibirme del olor a fritanga  que sale por el extractor de humos que hay justo encima del escaparate del bar más prestigioso del barrio. He pensado en la suerte que tiene la vecindad que se despierta con tan apetitosos olores. Ya había allí, en las mesas altas junto a la entrada algunos clientes que se hacían acompañar de sus perros endosándose entre pecho y espalda la causa del olor a fritanga. Un camarero afectado de una rosácea erimatotelengiectásica les daba palique mientras fumaba un cigarrillo. Pero lo más curioso de todo me ha parecido la indiferencia que todos ellos mostraban hacia la capa de inmundicia que cubre todo el suelo por delante del bar. Por no hablar de los zócalos de todo alrededor que están completamente carcomidos por los orines. Pues nada, pelillos a la mar. 

Pues sí, esa es la madre del cordero, la erudición de la sensibilidad. Mejor evitarla so pena de tener que escribir después la crónica de tu desasosiego.   

lunes, 13 de junio de 2022

Santa voluntad

Como el allegro solemne de La Catedral ya le tengo en el bote, he bajado a un pendrive Un Dia de Noviembre. Luego iré a que me lo impriman. Cuando controle estas dos piezas me sentiré un ser más completo. Es una tontería si ustedes quieren, pero, no me engaño al respecto, lo único que enaltece mi ego es alcanzar objetivos difíciles. Otros tendrán otras formas de lograrlo porque, como dijo el torero aquel, hay gente para to. 

Por lo demás, está pasando lo que es inevitable que pase cuando se bajan los tipos de interés, que el valor del dinero se va al carajo. Al final acabaremos como en esos países que necesitan un carretillo, no para las mercancías, sino para transportar los billetes con los que se pagan esas mercancías: un kilo de garbanzos, dos billones de euros. Parece un imposible metafísico, pero pasa. ¡A ver si somos capaces de adelantar a Venezuela en ese sorprendente arte! En fin, pelillos a la mar. Lo importante es que los perros no sufran, que me lo acaba de decir el moldavo que limpia el portal. Según él, eso es lo que le ha argumentado una señora cuando le ha sugerido que ponga a su perro a hacer sus necesidades en otro sitio. Por lo visto no hay nada más cruel que torcer la voluntad de un perro en lo que respecta a sus preferencias sobre donde aliviarse. 

Efectivamente, en eso consiste toda la magia de la ideología dominante, ya saben a cual me refiero, en no torcer voluntades. Es para eso para lo que el Estado se ha apoderado de la educación, para que nadie le tuerza la voluntad a un niño, no vaya a ser que se acostumbre a luchar por lo que quiere. ¡Imagínense, en vez de corderitos, luchadores! ¡Pues buena la íbamos a tener!

Así que ya saben, perros, niños y, por qué no, también mayores, según su santa voluntad. 

domingo, 12 de junio de 2022

Casandras y agoreros

¿Cómo distinguir a las auténticas casandras de los simples agoreros? En todas las épocas y lugares ha habido muy pocas de las unas y muchos de los otros. ¡Qué difícil nos lo ponen! Por no decir imposible, porque el ser humano está sujeto al imperio de sus emociones o, por mejor decirlo, necesidades emocionales. 

Necesidad de consuelo, para ser exactos. Cuando uno está  mal nada le consuela tanto como tener la esperanza de que pase algo que de una tacada ponga a todo el mundo en su misma situación. Consuelo de tontos como dice el refrán. Pero más de tontos es tener la esperanza puesta en que te toque la lotería. La realidad suele ser que en un principio confiamos en la lotería, pero como este procedimiento desengaña pronto, entonces, sin solución de continuidad, pasamos a hacer caso a los agoreros. ¿Para qué preocuparse si todo se va a ir a la mierda?

Pero, por mucho que sea lo más frecuente en la mayoría de las personas, no siempre se está mal; a veces las cosas te van bien y estás optimista. Entonces te ríes de los agoreros y desprestigias con tus ingeniosas ocurrencias a las casandras. Te niegas a aceptar como posible, y menos como probable, cualquier futuro acontecimiento que te podría sacar de tu actual bienaventuranza. Son el resentimiento y la envidia los que engendran las negras premoniciones, te dices. Sin embargo, no nos engañemos, las casandras existen y no hablan por hablar: cuando anuncian algo es porque los dioses del Olimpo así se lo han comunicado. Conviene no olvidarlo. 

Aunque dadas las actuales circunstancias no creo que sea muy necesario escuchar ni a las unas ni a los otros para saber que no vienen buenos tiempos. Y no por nada sino porque se recoge lo que se siembra. O, como dice la Biblia, porque llevamos demasiado tiempo haciendo lo que el Señor reprueba: prostitución sagrada, sacrificamos a los hijos, ofrecemos holocaustos a Astarte, Moloch, Baal y, en definitiva, a todo el ejercito celestial. Somos insaciables. En ver de dar gracias por lo que tenemos maldecimos por lo que echamos en falta. 

En fin, será lo que tenga que ser para que podamos volver al orden primigenio. Pero hay algo inequívoco: los políticos ya no pueden seguir dando a la manivela de hacer dinero como única solución a todos los problemas. 

sábado, 11 de junio de 2022

Pan candeal

Ya empiezo a extraer dividendos del allegro solemne de La Catedral. En menos de dos semanas. El de Belmonte de Calatayud diría que he cargado la aplicación y eh ahí el resultado. En fin, a la vejez viruelas. 

Por lo demás ya di fin a Les Paradis artificiels. Ya no recuerdo las veces que he realizado ese viaje y siempre me deja igual. No diría que con un sentimiento de culpa acrecentado, pero si con la conciencia un tanto hiriente de mi manifiesta estupidez. ¡Por Dios, qué débil ha sido uno! ¿Tanto me apretaba la vida como para no haberla podido afrontar a palo seco? O por lo menos no tan mojado. El alcohol, los psicotropos, la mariguana... quizá esté bien tener alguna experiencia con esas sustancias, pero, ¡ojo!, porque uno va dejando la voluntad por el camino sin apercibirse de ello. Es inútil engañarse al respecto por más que el diablo te dé mil brillantes argumentos con los que justificarte. 

Y esa es la cuestión a resolver: ¿qué es la vida con una voluntad de mierda? Una vida que lo más lo más consiste en mirar lo que hacen otros. Una vida sin sustancia. O con muy poca. Me recuerda a lo que pasó con el pan. Antaño por cada saco de semilla se recogían a lo sumo once. Hoy, gracias a lo que llaman la revolución verde, se recogen treinta y siete sacos o más. Pero ¿qué pasa con el pan? El de antes resistía perfectamente comestible diez o más días y el de ahora apenas lo es a las doce horas. 

El mundo se ha llenado de gente lo mismo que las mieses de trigo gracias al artificio. Aquel pan de trigo candeal, ¿lo recuerdan? Sin trampa ni cartón. Como esos extraños seres que van por el mundo a palo seco. ¿Los pueden distinguir ustedes? ¡Son tan raros! Más de hacer que de mirar. ¿Conocen a alguno? ¿Conocen a alguien que no tome pastillas para dormir?

miércoles, 8 de junio de 2022

Duende

Sigo con el empeño de La Catedral. Es evidente que mejoro día a día y quizá, si persisto, en un par de meses la haga sonar de forma reconocible. El caso es que en el entretanto veo un vídeo en el que Elodie Bouny toca a primera vista una partitura endemoniada que le acaba de mandar un compositor. Como dice su marido Yamandu: es que yo me gano la vida con esto. En fin, sea como sea, no me pienso desmoralizar. Al revés, porque cada día que pasa noto que mejora mi facilidad para aprender nuevas piezas. Cuestión de suplir con voluntad lo que natura niega.  

Y entonces me acuerdo de Gracián y sus aforismos:

"34. Conocer su realce Rei: la prenda relevante, cultivando aquella, y ayudando a las demás. Qualquiera huviera conseguido la eminencia en algo si huviera conocido su ventaja. Observe el atributo Rei, y cargue la aplicación: en unos excede el juicio, en otros el valor. Violentan los más su Minerva, y assí en nada consiguen superioridad: lo que lisongea presto la pasión desengaña tarde el tiempo."

Qualquiera huviera si huviera. ¡Dichosas condicionales!  Como la niña que jugaba al diábolo en aquella película de Buñuel: "porque se me ha caído que si no...". Una niña patosa que esperaba resultados a la primera de cambio. Seguro que a Elodie la mandaron a estudiar al conservatorio de Paris porque destacaba, pero sería bueno saber las horas que metió para poder hacer lo que hace. Como Paco de Lucía que de niño metía más de diez horas al día. ¿Podría haber alguien que habiendo metido diez horas al día de niño no fuese un buen guitarrista de adulto? Claro que una cosa es ser buen guitarrista y otra ser Paco de Lucía o Yamandu. Su "ventaja" es el duende, un toque de divinidad, algo que ellos supieron, o más bien sospecharon, que tenían de resultas de la reacción del público que les escuchaba.

Resumiendo: que la condición para conocer tu realce Rei es trabajo, trabajo y más trabajo, que no por otra causa es que la inmensa mayoría se vaya a la tumba sin haberse enterado de cuál era el suyo y, por consiguiente, con la frustración de una vida anodina. Como la de la niña del diábolo de la película de Buñuel. 

domingo, 5 de junio de 2022

The Wanderer

El caso es que en cierta época de mi vida anduve muy enganchando en los derivados de la cannavis sativa. Lo he contado ya demasiadas veces sin que por ello se me hayan quitado las ganas de traerlo a colación cada sí y cada no, como si ese episodio constituyese la madre de todas mis experiencias. Y sí, no voy a decir ahora que aquello no me sirvió para nada por más que me hiciese tirar por el desagüe de la pereza cantidades ingentes de tiempo. Gracias a ello sé lo que es estar en posesión de lo que podríamos llamar una hiperconciencia de sí mismo. Un yo tan desmesurado que, si no como Dios, me hacía sentirme omnipotente a efectos de percepción de la realidad y, por ende, de una superioridad intelectual rayana en la locura. 

No es que ahora vaya a decir que me arrepiento o no me arrepiento. Como buen discípulo de Miguel de Molinos pienso que Dios así lo quiso y no hay más que hablar. Pero no nos engañemos, nadie que esté medianamente bien en la vida pacta con el diablo. Supongo que será a causa del vacío existencial que produce el no tener que ir a la guerra cada día. Como los israelitas cuando les caía el maná del cielo que dieron en todo tipo de supercherías. Sí, no hay mayor desgracia para el hombre que ser rico. Y si lo es de nacimiento, doble desgracia. 

El caso es que uno lee Melmoth the Wanderer y se maravilla, pero es incapaz de darse cuenta de que Melmoth no son los otros, que también, sino tú que llevas no se sabe ya cuánto tiempo intentando romper el pacto que tienes con el diablo sin conseguir resultados apreciables. Como el comedor de opio sueñas con liberarte engañándote a ti mismo. Hoy fumaré un poco menos que ayer y un poco más que mañana. ¡Que soberbia pensar que puedes torcerle el brazo a la naturaleza! Como si fuese posible arrancarse de cuajo poco a poco un miembro para despistar al dolor. 

Si les digo la verdad no sé cómo me quité de aquello. Supongo que quitarme de otras cosas que me oprimían ayudo mucho. Pero vete tú a saber, porque de todo se cansa uno, sobre todo de los inventos para no cansarse. 

viernes, 3 de junio de 2022

Allegro solemne

Ya tengo pillado el allegro solemne de La Catedral. Pasa como con todo, que una vez que lo desentrañas te parece que no era para tanto. Así todo, me costará lo suyo ensamblar todas las piezas y tocarlo de corrido. Un objetivo para los días a venir. 

Sigo con la Biblia. Los milagros de Eliseo. Está subiendo a un pueblo de montaña y unos niños que andaban por allí empiezan a burlarse de él. ¿Dónde vas calvo? Cosas así. Entonces salieron de unos matorrales que había por allí un par de osos y mataron a cuarenta y dos de los cincuenta niños que eran. Lo que no cuenta la Biblia es si los ocho que se salvaron fue porque eran los únicos que no se habían burlado o porque eran los que más corrían. Un enigma que nunca nadie resolverá. Pero de lo que si voy convenciéndome a medida que avanzo por esas páginas es de que Dios es una especie de Clint Estwood a lo bestia: Harry el Sucio, Sin Perdón, El Jinete Pálido y todo lo que ustedes quieran en una sola pieza. Que nadie se haga la menor ilusión de escapar a su justicia ciega. Y sin embargo la inmensa mayoría de los mortales se salta las tablas a la primera de cambio. Es mucho mas gratificante fabricarse ídolos y dedicarles ermitas en la cima de las colinas, lugares ideales, como todo el mundo sabe, para celebrar romerías, es decir, para pasar de lo sagrado a lo profano con la bendición del ídolo de turno. ¡Qué inocencia!

Y hablando de saltarse las tablas, ayer, el más alto tribunal, o sea, Dios, dictaminó que todas las pasadas leyes con las que el gobierno de la nación pretendió hacer frente a la pandemia que previamente se había inventado eran leyes fraudulentas. Contra natura, por así decirlo. Y los gobernantes, los pobres, en plan de a mí que me registren. Se equivocan los que dicen que se irán de rositas. Que yo sepa, ni a mí ni a nadie que yo conozca, nos ha perdonado ni una. Porque ello supondría el fin de la civilización. Que también pudiera ser, pero no creo. Para mí que pagarán por lo que han hecho para que Dios pueda seguir siendo Dios.