"En la calles de Valencia hay hombres con vulva y mujeres con pene". Así reza una publicidad que ha aparecido por toda la ciudad. Sin comentarios.
Sigo con mis lecturas vespertinas de la Biblia. Pienso que me demoré más de la cuenta para adoptar este hábito. Seguramente me hubiese evitado unos cuantos dolores de cabeza si lo hubiera adoptado antes, pero como ya nada se puede hacer al respecto, huelgan lamentos. Me llama la atención la insistencia machacona con la que se repite la frase: hizo lo que Dios reprueba. Y a continuación el terrible castigo porque, otra cosa no, pero Dios no deja pasar ni una. Como en las películas del oeste que suelo ver por la tarde en el canal 13, precisamente el de la Iglesia, no hay maldad que no se pague con la vida que, como decía Tácito: remedio al que la experiencia califica por más saludable y mejor que la piedad y misericordia.
¿Por qué será que a la mayoría nos cueste tanto vivir según las tablas que Moisés bajó del monte? A la primera de cambio se nos antoja Betsabé, la mujer de Urías, y no paramos en mientes. Le mandamos a la primera línea de combate para que le maten. Sin embargo Dios en este caso no es que hiciese la vista gorda, que bien que se lo reprochó a David, pero a la hora de la verdad no dudó en hacer del hijo que concibió esta pareja adulterina el rey más sabio que nunca hubo sobre la faz de la tierra. No sé, es como si ahí Dios hubiese querido decirnos que no todos somos lo mismo ante el pecado. Es que David me había prestado tantos y tan buenos servicios...
Pero eso no quita para que si lees la Biblia con insistencia acabe por obsesionarte el sintagma "lo que Dios reprueba". Porque eso es exactamente el sentimiento de culpa: el arma más poderosa que se conoce de cara a la convivencia con nuestros semejantes. Elimina, o afloja, ese sentimiento y el mundo se convierte en uno de esos documentales de sobremesa en los que unos animales comen a otros. Quizá de tanto ver eso con la barriga llena se nos ha torcido el juicio y no hay nada que se nos antoje que no consideremos apropiado conseguirlo sea como sea.
En fin, en cualquier caso, si yo fuese Dios, a los primeros que liquidaría sería a esos médicos que practican esas horrorosas cirujías que luego dan pie a los valencianos para decir que hay hombres con vulva y mujeres con pene por las calles de su ciudad.
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