Ya puedo tocar de corrido el allegro solemne de La Catedral de Barrios Mangoré y Un Dia de Noviembre de Leo Brouwer. Claro que decir de corrido no quiere decir presentable. Anoche se las estuve escuchando a Ana Vidovic y me agarré una depresión morrocotuda que todavía me dura. Voy a tener que hacer muchos ejercicios de mindfulness para poder sobrevivir a tanta humillación. Sin duda, y volviendo al aforismo gracianesco, lo que lisonjea presto la pasión, desengaña tarde el tiempo. En fin, conformémonos con la constatación de que todavía me queda sitio en el disco duro para nuevas adquisiciones.
Por lo demás, mira que hay que estar mal de la chaveta para querer torcerle el brazo a Rusia. Claro, como llevan años tratando de convencernos con la milonga esa del PIB que según la propaganda oficial Rusia lo tiene por el estilo de Italia o, incluso, España, pues no hay nada por lo que preocuparse: se le ponen un par de sanciones y ya la tenemos arrodillada... como si fuese, ya digo, España. ¡Hay que ser majaderos! Como si fuese igual tener hoteles en la costa para turistas que inmensos yacimientos de todo lo que es necesario. Por no hablar de la pata del conocimiento aplicada a la más importante de todas las artes, la de la guerra. No, no se dejen engañar, que una cosa es predicar desde Hollywood y otra dar trigo desde las estepas.
Y veo en un vídeo que ahí siguen en Alemania con lo de la mascarilla. Por la calle, incluso. Y policía hasta en la sopa. Diría yo que ya la tenemos montada de nuevo. Pa mí que ese país no tiene solución. Nos hemos echado en sus manos porque hacen coches muy buenos y ahora ni siquiera vendiendo el coche podemos comprar gasolina. Es lo de siempre, equivocar las prioridades. Te da Dios la mano y le coges el brazo. ¡A ver cómo salimos de ésta!
En otro orden de cosas, que son las mismas, sigo con mis lecturas vespertina de la Biblia. Veo que entre otra muchas cosas hay dos que le molestan especialmente a Dios: una que se trabaje el día de la semana dedicado al descanso por ley divina; otro que los judíos y judías se casen con gente de otras religiones. A nosotros estas cosas nos parecen ridículas, pero seguramente tienen su miga. No es cosa de echarlas en saco roto porque no hay nada en ese libro que no la tenga. Miga, quiero decir.
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