domingo, 12 de junio de 2022

Casandras y agoreros

¿Cómo distinguir a las auténticas casandras de los simples agoreros? En todas las épocas y lugares ha habido muy pocas de las unas y muchos de los otros. ¡Qué difícil nos lo ponen! Por no decir imposible, porque el ser humano está sujeto al imperio de sus emociones o, por mejor decirlo, necesidades emocionales. 

Necesidad de consuelo, para ser exactos. Cuando uno está  mal nada le consuela tanto como tener la esperanza de que pase algo que de una tacada ponga a todo el mundo en su misma situación. Consuelo de tontos como dice el refrán. Pero más de tontos es tener la esperanza puesta en que te toque la lotería. La realidad suele ser que en un principio confiamos en la lotería, pero como este procedimiento desengaña pronto, entonces, sin solución de continuidad, pasamos a hacer caso a los agoreros. ¿Para qué preocuparse si todo se va a ir a la mierda?

Pero, por mucho que sea lo más frecuente en la mayoría de las personas, no siempre se está mal; a veces las cosas te van bien y estás optimista. Entonces te ríes de los agoreros y desprestigias con tus ingeniosas ocurrencias a las casandras. Te niegas a aceptar como posible, y menos como probable, cualquier futuro acontecimiento que te podría sacar de tu actual bienaventuranza. Son el resentimiento y la envidia los que engendran las negras premoniciones, te dices. Sin embargo, no nos engañemos, las casandras existen y no hablan por hablar: cuando anuncian algo es porque los dioses del Olimpo así se lo han comunicado. Conviene no olvidarlo. 

Aunque dadas las actuales circunstancias no creo que sea muy necesario escuchar ni a las unas ni a los otros para saber que no vienen buenos tiempos. Y no por nada sino porque se recoge lo que se siembra. O, como dice la Biblia, porque llevamos demasiado tiempo haciendo lo que el Señor reprueba: prostitución sagrada, sacrificamos a los hijos, ofrecemos holocaustos a Astarte, Moloch, Baal y, en definitiva, a todo el ejercito celestial. Somos insaciables. En ver de dar gracias por lo que tenemos maldecimos por lo que echamos en falta. 

En fin, será lo que tenga que ser para que podamos volver al orden primigenio. Pero hay algo inequívoco: los políticos ya no pueden seguir dando a la manivela de hacer dinero como única solución a todos los problemas. 

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