lunes, 20 de junio de 2022

Reseteo

 No es porque lo dijese Segismundo en su desesperación, pero para mí que no hay mayor verdad que el que toda la vida es sueño. Una pura ilusión. Un inagotable correr tras quimeras. Un continuo creer, que no pensar, que estamos en momentos decisivos de la historia de la humanidad. Un antes y un después. Así es que me parto el culo de risa cuando oigo hablar del nuevo orden, del reseteo y todas esas milongas con las que mucha gente anda entretenida. 

No han hecho otra cosa los humanos desde que tomaron conciencia de sí mismos que robar fuego a los dioses a costa de grandes penalidades con la absurda pretensión de que así podrían hurtarse al miedo que les amarga la vida. Un intento que, a la vista está, ha resultado completamente fallido: si algo ha sido constante sobre la faz de la tierra es el miedo. Y por eso es, precisamente, que siempre haya sido tan fácil para unos pocos manejar a la inmensa mayoría. 

No hay forma de escapar a la maldición del miedo como no sea momentáneamente por medio de las sustancias o actividades embriagantes. Digamos que Sisifo se libera mientras está subiendo la piedra, pero cuando parecía que la tenía arriba la piedra se echa a rodar hacia abajo y volvemos a las mismas. La embriaguez se sigue inevitablemente de la resaca que es un no vivir. 

O sea, convénzanse, todo es inútil excepto la embriaguez. Es decir, estar fuera de sí. Si puedes, porque los dioses te favorecieron, conseguirlo por medio de una pasión, pues dales infinitas gracias. De lo contrario, recurre a cualquiera de los sucedáneos de los que tan generoso es el mercado. Pero no te hagas ilusiones; todos los sucedáneos tienen efectos secundarios desagradables... acuérdate de Prometeo. ¡Para qué coño tuvo que robar el fuego!  Para que un águila venga todos los días a roerte el hígado. 

Reseteo. ¡Ya te digo! ¡Como no me reseteen la polla...!

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