domingo, 5 de junio de 2022

The Wanderer

El caso es que en cierta época de mi vida anduve muy enganchando en los derivados de la cannavis sativa. Lo he contado ya demasiadas veces sin que por ello se me hayan quitado las ganas de traerlo a colación cada sí y cada no, como si ese episodio constituyese la madre de todas mis experiencias. Y sí, no voy a decir ahora que aquello no me sirvió para nada por más que me hiciese tirar por el desagüe de la pereza cantidades ingentes de tiempo. Gracias a ello sé lo que es estar en posesión de lo que podríamos llamar una hiperconciencia de sí mismo. Un yo tan desmesurado que, si no como Dios, me hacía sentirme omnipotente a efectos de percepción de la realidad y, por ende, de una superioridad intelectual rayana en la locura. 

No es que ahora vaya a decir que me arrepiento o no me arrepiento. Como buen discípulo de Miguel de Molinos pienso que Dios así lo quiso y no hay más que hablar. Pero no nos engañemos, nadie que esté medianamente bien en la vida pacta con el diablo. Supongo que será a causa del vacío existencial que produce el no tener que ir a la guerra cada día. Como los israelitas cuando les caía el maná del cielo que dieron en todo tipo de supercherías. Sí, no hay mayor desgracia para el hombre que ser rico. Y si lo es de nacimiento, doble desgracia. 

El caso es que uno lee Melmoth the Wanderer y se maravilla, pero es incapaz de darse cuenta de que Melmoth no son los otros, que también, sino tú que llevas no se sabe ya cuánto tiempo intentando romper el pacto que tienes con el diablo sin conseguir resultados apreciables. Como el comedor de opio sueñas con liberarte engañándote a ti mismo. Hoy fumaré un poco menos que ayer y un poco más que mañana. ¡Que soberbia pensar que puedes torcerle el brazo a la naturaleza! Como si fuese posible arrancarse de cuajo poco a poco un miembro para despistar al dolor. 

Si les digo la verdad no sé cómo me quité de aquello. Supongo que quitarme de otras cosas que me oprimían ayudo mucho. Pero vete tú a saber, porque de todo se cansa uno, sobre todo de los inventos para no cansarse. 

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