jueves, 16 de junio de 2022

El instrumento

Ya tengo medio en el bote Un Día de Noviembre. No tiene mayores dificultades. La única, quizá, es que al tener una melodía tan pegadiza la puedes llegar a odiar. Ya saben, es como cuando te enamoras de alguien que de inmediato te corresponde con entusiasmo. No tardas en verle un montón de pegas. Pero, bueno, Un Dia de Noviembre, como todo lo de Leo Brouwer, tras su aparente sencillez esconde una sabiduría muy sofisticada. Es, un decir, y salvando épocas, lo que le pasa a la Lágrima de Tárrega que cuanto más la tocas, más mágica te parece. ¡Cómo se le pudo ocurrir un lamento tan perfecto? Claro que hay que tener en cuenta que se le acababa de morir una hija... ¡Hija! ¡Hija! ¡Hija! ¡Yaíyaíyaíyayaí! 

Por lo demás, no sé qué pensar de todo esto que se nos está viniendo encima. Ayer fui al centro a comprarme unos calcetines y al principio pensé que se trataba de hooligans que habían venido a la ciudad siguiendo a su equipo, pero al acercarme al meollo vi que la cosa era más seria: una huelga de obreros muy cabreados. A la policía que había por allí le llegaba la cara al suelo. Me imagino cómo debían tener el culo de prieto. Cuando vienen malos tiempos para la gente, para los policías doblemente malos. Mal asunto ese oficio. 

Por otra parte, acabo de venir del supermercado y, sí, los precios de la fruta están disparados, el doble que el año pasado por estas fechas diría yo, pero de momento no hay el menor síntoma de ese desabastecimiento que no se cansan de anunciar no sé si los agoreros o las casandras. Hoy veo el titular de un video que anuncia dos años de desabastecimiento en Inglaterra. ¡Imagínense la gracia que me ha hecho pensando en toda la progenie que tengo allí! 

No sé, pero me cuesta creer que todo esto no vaya a ser más que una artimaña de los gobernantes para intentar cuadrar las cuentas. Siempre ha sido igual: cuando la deuda del estado empieza a cantar se provoca la inflación y así se recauda el doble y se alivia la deuda. Es lo que hacen los malos médicos, dar medicinas para tapar los síntomas. La enfermedad de fondo se la suda porque saben que atacarla les va a traer problemas con el paciente. Claro que, a la postre, tanto en un caso como en el otro, hay que recurrir siempre a la cirugía radical en un intento desesperado de salvar el pellejo.

En fin, voy a darle un rato a la guitarra que eso sí que es terapia de la buena. ¡No entiendo cómo puede vivir la gente sin tocar un instrumento! Aunque también es verdad que cada uno se las apaña como puede. 

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