sábado, 18 de abril de 2026

Desde la última vuelta


En sus finales, Baroja escribe Desde la Última Vuelta del Camino. Desde que cesé de publicar posts en este blog, a mediados de diciembre del año pasado, he estado tratando de imitarlo una vez más. Cuando trabajaba en el hospital de Santander tenía allí un colega que era hijo del médico de Vera, no sé si exactamente del que habla Baroja en sus memorias, pero, en cualquier caso, le había conocido y estaba al tanto de su vida y obra. Pues bien, aquel colega me solía tachar de barojiano, cosa que no me desagradaba en absoluto, sino todo lo contrario. Como a Baroja, a mí me costó más años de lo debido acabar la carrera de medicina y, aunque, por la puerta de atrás, también acabé por abandonar la profesión para dedicarme a la literatura, por más que, en mi caso, dadas mis escasa dotes, tuve que buscarme el modus vivendi por procedimientos que en absoluto trajeron paz a mi espíritu; resumiré mi estado mental al respecto recurriendo a Ortega: "Todo un linaje de los más soberanos espíritus vienen pugnando siglo tras siglo para que purifiquemos nuestro ideal ético, haciéndolo cada vez más delicado y complejo, más cristalino y más íntimo. Gracias a ellos hemos llegado a no confundir el bien con el material cumplimiento de normas legales, una vez para siempre adoptadas, por el contrario, solo nos parece moral un ánimo que antes de cada nueva acción trata de renovar el contacto inmediato con el valor ético en persona". Efectivamente, mi modus vivendi siempre se adaptó a las normas legales, lo cual no quita para que mi escasa valoración del valor ético de esas normas me haya estado royendo las entrañas desde que me acogí a ellas. 

Como decía, he estado estos meses ocupado en describir lo que veo desde esta última revuelta del camino en la que estoy. Mirando lo de atrás con prismáticos y lo de cerca con microscopio. Así, procurando ser minucioso, he venido a dar en algo así como eso que los curas llaman confesión general y, los mafiosos, que también son curas, aunque de otra manera, ajuste de cuentas. Personalmente, me quedo con el ajuste de cuentas; el mafioso que llevo dentro, ¿quién no lo lleva?, ha estado ajustándome las cuentas y me ha hecho sentirme como lo que he sido y soy, un tipo de lo más vulgar que se pasó la vida salvándose por los pelos de las consecuencias de sus despreciables actos. Y no tengo religión a la que acogerme en busca de consuelo; éste, de venirme de algún lado, tendría que ser del famoso "mal de muchos, consuelo de tontos", porque, pienso, la inmensa mayoría de los humanos estamos en las mismas: salvándonos por los pelos de los peligros en los que nuestras deficientes cabezas nos meten. 

En cualquier caso, creo recordar que, en su última vuelta, Baroja, ajusta cuentas con todo chichirimundi menos con el mismo... al único que salvó de sus iras fue al pintor Dario Regoyos. Yo, por contra, no me he detenido en describir miserias ajenas; con las mías, las tengo a calderadas. Pero, a lo que quería llegar: dada la curiosidad que siempre sentí por la figura de Baroja, nada tiene de extraño que haya encontrado retratos suyos que en nada le favorecen; por ejemplo, que era un empedernido putero. No sé qué de verdad pudiera haber en ello; al respecto, el no dice ni mu. Yo, sin embargo, he procurado por todos los medios de mi memoria no ocultar una sola de mis rijosidades y sus desagradables consecuencias. Aunque ya sé que los pecados de la carne se suelen considerar como los menos ofensivos a las leyes no escritas del cielo, no por ello dejo de considerarlos despreciables por las muchas razones en la que no voy a entrar ahora. 

En definitiva, superada, pienso, la parte más escabrosa de mi camino por la vida, he decidido volver a publicar mis reflexiones cotidianas en este blog. Eché mucho en falta este desahogo durante estos meses y no me importa el retractarme del deseo que mostré de dar por terminada mi exposición al ajeno escrutinio. Si alguien lo lee, genial. Si nadie, exactamente lo mismo, porque, al fin y al cabo, es el escrutinio de mi comprensión del mundo que me rodea el que me apacigua el espíritu.   

2 comentarios:

  1. Acertadísima reflexión. Llego a los mismas conclusiones, aunque no me atrevo, como tú, a reconocerlas, menos en un papel. Me has dejado muy pensativo , intentando comprender esta vida, la mía, vulgar y pecaminosa.

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