Como decía, he estado estos meses ocupado en describir lo que veo desde esta última revuelta del camino en la que estoy. Mirando lo de atrás con prismáticos y lo de cerca con microscopio. Así, procurando ser minucioso, he venido a dar en algo así como eso que los curas llaman confesión general y, los mafiosos, que también son curas, aunque de otra manera, ajuste de cuentas. Personalmente, me quedo con el ajuste de cuentas; el mafioso que llevo dentro, ¿quién no lo lleva?, ha estado ajustándome las cuentas y me ha hecho sentirme como lo que he sido y soy, un tipo de lo más vulgar que se pasó la vida salvándose por los pelos de las consecuencias de sus despreciables actos. Y no tengo religión a la que acogerme en busca de consuelo; éste, de venirme de algún lado, tendría que ser del famoso "mal de muchos, consuelo de tontos", porque, pienso, la inmensa mayoría de los humanos estamos en las mismas: salvándonos por los pelos de los peligros en los que nuestras deficientes cabezas nos meten.
En cualquier caso, creo recordar que, en su última vuelta, Baroja, ajusta cuentas con todo chichirimundi menos con el mismo... al único que salvó de sus iras fue al pintor Dario Regoyos. Yo, por contra, no me he detenido en describir miserias ajenas; con las mías, las tengo a calderadas. Pero, a lo que quería llegar: dada la curiosidad que siempre sentí por la figura de Baroja, nada tiene de extraño que haya encontrado retratos suyos que en nada le favorecen; por ejemplo, que era un empedernido putero. No sé qué de verdad pudiera haber en ello; al respecto, el no dice ni mu. Yo, sin embargo, he procurado por todos los medios de mi memoria no ocultar una sola de mis rijosidades y sus desagradables consecuencias. Aunque ya sé que los pecados de la carne se suelen considerar como los menos ofensivos a las leyes no escritas del cielo, no por ello dejo de considerarlos despreciables por las muchas razones en la que no voy a entrar ahora.
En definitiva, superada, pienso, la parte más escabrosa de mi camino por la vida, he decidido volver a publicar mis reflexiones cotidianas en este blog. Eché mucho en falta este desahogo durante estos meses y no me importa el retractarme del deseo que mostré de dar por terminada mi exposición al ajeno escrutinio. Si alguien lo lee, genial. Si nadie, exactamente lo mismo, porque, al fin y al cabo, es el escrutinio de mi comprensión del mundo que me rodea el que me apacigua el espíritu.
Acertadísima reflexión. Llego a los mismas conclusiones, aunque no me atrevo, como tú, a reconocerlas, menos en un papel. Me has dejado muy pensativo , intentando comprender esta vida, la mía, vulgar y pecaminosa.
ResponderEliminarGracias, Nacho. ¡Y qué le vamos a hacer!
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