martes, 8 de agosto de 2023

Muertos no muertos

Aquellos griegos de tres, cuatro, cinco siglos antes de que la virgen María diese a luz como un rayo de sol pasa por un cristal sin romperle ni mancharle, al decir del padre Astete, aquellos griegos, digo, que nos legaron la metafísica, la geometría, la lógica, que, hablando en plata, nos enseñaron a pensar, aquellos, si bien lo consideramos, eran unos cazurros de pueblo que por un quítame allá esas pajas se venían a las manos. Es muy curioso todo este asunto y hace pensar en lo que sostiene Anxo Bastos, que para que la gente prospere nada mejor que el que estén organizados en pequeñas comunidades independientes. Y muy diferenciadas unas de otras por su origen. Los argivos, los dorios, los jonios... había por aquel entonces etnias para dar y tomar. Y a nadie se le olvidaba quién era quién a la hora de las peleas, aunque, eso sí, la propia conveniencia promovía las traiciones cada sí y cada no, porque es que, además, en cada pequeña comunidad había tribus que no olvidaban su ilustre procedencia, ya de Cadmo, ya de Alcmeón, ya de quienquiera que fuese que había conseguido convertirse en legendario. En definitiva, aquellas gentes vivían en un permanente estado de agonía, lo que, a la postre es la única forma de mantener el coco activo. 

Lo bueno del caso es que en medio de aquella permanente pelea con los vecinos las pequeñas ciudades no hacían otra cosa que prosperar. Supongo que eso era porque, por un lado, la destrucción causada por las guerras producía una industria de la reconstrucción que, como toda reconstrucción, siempre trae aparejada un cierto grado de innovación. Por otro lado, esas permanentes querellas mantenían alejados de la patria a los revoltosos que, por otra parte, si nos les mataban solían regresar con botín. Algo así como lo que pasó en Europa en la Edad Media cuando al papa Urbano II se le ocurrió la idea de mandar a toda la gentuza que infectaba los caminos, impidiendo con ello el comercio entre las ciudades, a conquistas los lugares sagrados del cristianismo en Palestina. Irse todos aquellos revoltosos y empezar la prosperidad en Europa todo fue uno. Pero esto es otra historia. 

Lo que cuenta en estas historias ejemplares de desarrollo tanto espiritual como material es el papel que en ello juega la agonía. Yo ya sé que, para el común de las gentes de hoy día, la agonía es algo que hay que evitar en la medida de lo posible. De hecho, no recuerdo ya la cantidad de veces que en mi entorno más próximo me recomendaron cambiar la bicicleta de motor de alubias por otra de motor eléctrico. ¡Qué sabrían ellos lo que es cabalgar por las estepas infinitas! En fin, el caso es que en las pequeñas comunidades en competencia permanente con las vecinas, la agonía es la norma so pena de sucumbir. Exige que todos los ciudadanos participen y se expriman el coco. Y eso es exactamente lo que llamamos estar vivo. No como pasa ahora que, al menor atisbo de tensión entre ciudades o ciudadanos viene la autoridad central a rebajar los humos. Así es como se ha dado en esta idiocia en la que máxima tensión la proporciona la adscripción a una ideología de la que solo se conoce el nombre. Izquierda, derecha. Dos formas igualmente estúpidas de considerarse moralmente superior que los adversarios. Aunque, luego, en la práctica, ambas dos son exactamente lo mismo. Las dos están totalmente de acuerdo en el núcleo de su pensamiento que no es otro que el que el perro es uno más de la familia que se puede comprar en las tiendas. Gente, la de hoy, que, en definitiva, no son más que muertos no muertos, en gloriosa expresión de Bram Stoker. 

Por lo demás, ya no voy en bicicleta. Pero ni ciego de grifa me hubiera comprado una eléctrica. No conozco ni a uno que la tenga que me merezca la menor consideración. Los considero genta muerta. Aunque a primera vista no lo parezca.  

2 comentarios:

  1. sí,muertos en vida. Conozco unos cuantos . De hecho, hay días que no paro de verlos

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  2. Es acojonante lo que ha conseguido este sistema político que llaman socialdemocracia. Es todo tan fácil que ni siquiera hay que estar despierto para hacerlo.

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