Está haciendo un verano como los que recuerdo de la infancia. Pero, ahora, en vez de desesperarme, me agrada, y es que, como se suele decir, nunca llueve a gusto de todos. Porque esa es la cuestión, que, por geografía, en Santander lo suyo es que llueva en todas las estaciones: los vientos del Atlántico traen aires húmedos que se estancan en la cordillera y se enfrían y se condensan con resultado de lluvias y paisajes verdes y frondosos. Y por tal es que las temperaturas sean suaves y, por añadidura, que los ricos escojan estos parajes para pasar el verano. Lo cual, lo de los ricos, como no podría ser de otra manera por aquello de la emulación, no deja de repercutir en los usos y costumbres de las gentes del lugar. Que no por otra causa debe ser esa ostentosa propensión a tirar el pedo más alto que el culo. Pero, en fin, esto, lo del pedo, no son más que impresiones mías. ¡Vete tú a saber lo que tienen de realidad! Porque es que, además, gentes lo que se dice propiamente del lugar, cada vez quedan menos.
Sea como sea, lo que no deja lugar a engaños es el aire de desolación que exhiben los turistas bajo la lluvia. Se les ve perdidos y con un aire como introspectivo de estar prometiéndose a sí mismos no volver por aquí así les maten. Siempre fue así y el que, por caprichos de la naturaleza, haya habido unos cuantos años seguidos un poco más secos no va a cambiar ni los aires atlánticos ni las alturas de la cordillera. Todo ha sido la ilusión esa del cambio climático que tanto da de qué hablar a los políticos. Pura filfa para atormentar a los pusilánimes.
Así que, por unos u otros motivos, ¡benditas lluvias! ¿Se imaginan un Santander que vuelve por donde solía? O sea, un lugar de veraneo para ricos. Cuatro gatos, en definitiva. Yo, la verdad, es que no entiendo por qué los pobres se obstinan en veranear. Porque mira que lo pasan mal. Todas sus actividades tienen que ser por fuerza en precario. No es extraño, así, que a las malas vibraciones causadas por esa precariedad se las considere una de las primeras causas de divorcio. Muchas son las parejas que lo primero que hacen al volver a sus casas es acudir a un abogado de familia para que comience con los trámites pertinentes.
El puto sueño americano que incitó a los pobres a creer que imitando a los ricos también ellos podrían sentirse ricos. Cuando la realidad incontrovertible es que los pobres solo pueden ser ricos si viven como pobres. O sea, sacar las sillas al fresco, botijo y guitarra. Y punto, pelota.
Por cierto, que un catalán al que apodaban Xenius y que aconsejó mucho a Franco, sostenía que todos los problemas de España se solucionarían de una vez por todas si se tirase lloviendo sin parar durante quince años. No sé qué decir al respecto. A mí con tal de que aquí llueva como solía me conformo. Quince días de agosto como hoy, tres o cuatro años seguidos, y ya solo vendrán los ricos... que es gente que no suele molestar.
Este Xenius..no era Eugenio D´ors? Veraneamos mucho en Santander, en los 70. Subiendo el Escudo(iba acojo
ResponderEliminarnado) con un Austin Leyland Morris, bendito coche. Nunca nos llovía. Al contrario,tiempo maravilloso. Hasta pasé c,on 16 años, la varicela, en un camping.Parecía el moustro de las galletas. Tiempos que no volverán. Aquellas ruedas de Bonito...las Nécoras..
Exactamente, Eugenio D´Ors. Pues teníais suerte con lo de la lluvia. Recuerdo las riadas de mi infancia que hacían imposibles los baños en el rio por más de una semana. Y el día que íbamos a ir a la playa, amanecía radiante y a las diez de la mañana empezaban a aparecer las nubes por el lado de poniente y para las once ya había empezado a llover. Pero, bueno, como la vida es tan larga hubo para días memorables. Los de aquí siempre decíamos que un buen día en el Cantábrico valía por cien del Mediterráneo. El que no se conforma...
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