sábado, 17 de octubre de 2026

Belleza en vena

Ando estos días entretenido con las matrices y determinantes. Dejando a un lado su utilidad práctica, que es inmensa, aún a un nivel básico, que es al que yo tengo acceso, las matrices y determinantes son una construcción mental de una belleza enlluernadora, que diría un catalán, époustouflante, que diría un francés, o como se dice ahora en español, tomado sin duda del inglés, que te vuela la cabeza. Hay, por cierto, en internet un curso, dado por el profesor del EMT Gilbert Strang cuando ya rondaba los noventa años, que no deja cabo suelto al respecto. Yo, la verdad es que no entiendo todas las chorradas que hacemos las personas persiguiendo la contemplación de la belleza cuando, con solo un pequeño esfuerzo de la voluntad podemos encontrar en casa belleza para dar y tomar, en este caso, siguiendo las clases que en las aulas del EMT dio en su día Gilbert Strang... quédense con este nombre. 

El caso es que, andando esta mañana a la búsqueda de lo de Gilbert, veo el título de un vídeo: Palabras al recibir premio «Una Vida por la Libertad». Y en la imagen del vídeo aparece Miguel Anxo Bastos frente a un atril. De inmediato pienso que no me lo puedo perder. Se trata del premio que una fundación mexicana de nombre «Caminos de la Libertad» ha dado este año a Don Miguel Anxo. Francamente, pienso que habrá pocas personas en el mundo que se lo merezcan más.  

En esencia, lo que dice Don Miguel Anxo es que los comunistas, ante la evidencia de que sus teorías económicas, allí donde habían sido ensayadas, no habían hecho otra cosa que generar miseria, ya hace mucho tiempo que dejaron dejaron de dar la torra con esas cuestiones económicas para pasarse con todas sus armas a donde, con su bien intencionada infinita maldad, sabían que podían hacer más daño a su demonio particular, el capitalismo, es decir a los valores en que se sustenta éste: familia, trabajo duro y ahorro. 

Si lo sabré yo que caí en todos los tópicos al uso que nos vendía esa gente, no sé si malvada o descerebrada... o las dos cosas a la vez. La familia, para empezar, con todo aquello de la función del orgasmo de Wilhelm Reich, que era la forma infalible de entrarles a los jóvenes por su flanco más débil. Aquí, nos venía a decir, hay que follar a destajo so pena de volverse loco. No hay forma mejor de destruir la familia. ¡Qué me lo digan a mí! Claro, si en vez de a Wilhelm hubiésemos leído, yo qué sé, la Andrómaca de Eurípides, por ejemplo, nos hubiéramos enterado que los hijos son el alma de los padres. Quizá haya gente que pueda tener alma sin tener hijos, pero, supongo que para ello hay que tener algún tipo de toque divino, cosa, por lo demás, excepcional en el mejor de los casos. Así que, por ahí es por donde empezó esa gentuza de la Escuela de Frankfurt, por relativizar o, incluso, desprestigiar, lo de los hijos. 

Lo del trabajo duro y bien hecho, fue otro de los caballos de batalla. Eso es esclavitud, nos dijeron: explotación. Aqui hemos venido a disfrutar. Les hicimos caso y nos arrojamos de bruces en el infierno del tiempo libre. No hubo vicio con el que no intentásemos evadirnos de aquel infierno. Todo en vano. Y en eso sigue el mundo, en lo de la diversión a tota ultrança financiada por el Estado a golpe de deuda pública. Sí, señoras y señores, dejamos que aquellos demonios se saliesen con la suya y, ahora, son nuestros nietos los que tienen la factura de nuestro Carpem Diem en el bolsillo. Y suma y sigue. 

¿Y qué decir del ahorro? Todo el sistema económico imperante está basado en el consume hoy y ahorra mañana... digamos como Don Juan: ¡cuán largo me lo fiais! Mañana estaremos en las mismas y pasado mañana también... ya pagarán nuestros nietos con una guerra o algo así. ¡Por Dios Bendito, postponer los deseos! ¿Conciben ustedes mayor peligro para el sistema? Con esa filosofía esto no duraría ni dos días. 

En fin, así corre el mundo y seguirá corriendo hasta que, Ludwig von Mises y sus discípulos mediante, se consiga encerrar de nuevo a los demonios en el infierno... a los del marxismo cultural me refiero. Por cierto, que, una buena ayuda para ello, sería prestar más atención al curso de Gilbert Strang sobre Álgebra Lineal. Belleza en vena. 

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