lunes, 19 de septiembre de 2022

Casi

El nuevo mantra de los chicos del poder es que el que haya una correlación no quiere decir que haya una causalidad. Y es que cuando las correlaciones apestan hay que correr a jugar con el lenguaje por aquello de que embarullando se gana tiempo. En cualquier caso, tienen razón, correlación no quiere decir causalidad, aunque olvidan añadir que cuando más insistente es la correlación lo que se pensaba como posible pasa a ser considerado como probable, lo cual, como que empieza a preocupar. 

Y así estamos que cada día que pasa las cosas de comer se ponen un poco más complicadas para el común de las gentes mientras los chicos del poder andan entretenidos con funerales de reinas y teatrillos por el estilo... y en plan de a mí que me registren. O sea, como si ellos no tuviesen nada que ver con lo que está pasando. 

Dado todo lo cual no es de extrañar que cada vez sean más los que piensan, y así lo hacen saber, que esos chicos en el poder son simple y llanamente idiotas (los ingleses dicen moronic) cuando no unos peligrosos psicópatas. Se ha extinguido ya cualquier esperanza de poder llegar a una conversación racional con ellos. 

Lo que pasa, en realidad, es lo que cualquiera con dos dedos de frente sabe que más pronto que tarde tiene que pasar cuando se vive en un regimen político que llaman democracia pero que sería más exacto llamar tiranía, entendiendo por tal el que sea el poder en curso el que detente el monopolio de la fuerza. O de la violencia, como les gusta decir. Con ese monopolio en tus manos es de todo punto imposible que no te corrompas hasta el tuetano, que no otra cosa es en lo que estamos. Y luego, claro, la manzana podrida en cesta corrompe a todo lo demás. O a casi todo, para ser justos. 

Ese casi que, a la postre, ha sido siempre el salvador de las sociedades en trance de suicidarse. 

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