A medida que un poder se va haciendo más tiránico, más estúpido se vuelve. Y, como todo lo estúpido, es incapaz de ver más allá de sus narices. Así es como crea una realidad ficticia que pregona a los cuatro vientos con tanta insistencia que se la acaba por creer. Es lo que está pasando con este idealismo comunitarista alemán que viene dominando el mundo de forma cada vez más hegemónica de un siglo para acá. Esto que llaman socialdemocracia para hacer creer a la gente que nada que ver con el comunismo, cuando en realidad solo se diferencia en unos cuantos detalles de tipo folklórico como son los partidos políticos, las elecciones y todas esas mandangas. Y de esto es de lo que cada vez se está dando cuenta más gente, que no por otra causa es que el poder en curso arrecie con su propaganda e intente por todos los medios, bien que infructuosamente, controlar la información.
En realidad, lo que le está pasando a esta socialdemocracia es lo mismo que le pasó hace unos años a su hermano de sangre el comunismo, que se esta derrumbando corroída por la corrupción y estupidez de la clase dirigente. Siempre ha sido igual a lo largo de la historia, que la duración de un poder cualquiera ha estado en relación inversamente proporcional al entusiasmo que pone en silenciar las críticas. Y, ahora, está poniendo tanto que, por la inevitable reacción, ya suenan las trompetas del apocalipsis anunciando la buena nueva: la revolución conservadora.
Esa es la cuestión que cada vez más gente quiere volver a las iglesias el domingo por la mañana a relacionarse con lo trascendente. Porque, desengáñense, el cultivo de la obviedad que viene promoviendo el socialcomunismo desde hace siglo y medio mata de aburrimiento hasta a los más tontos que pretenden evadirse haciendo turismo y boludeces por el estilo. Sin sentido de la trascendencia, mis queridos, esto es un erial. O, lo que viene a ser lo mismo, la terraza de un bar.
Por cierto, que no por mucho llamar extrema derecha a lo de Meloni va a dejar de sonar a música celestial en los oidos de cada vez más gente lo que esta señora dice en cualquiera de los idiomas que domina, que son unos cuantos.
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