jueves, 29 de septiembre de 2022

Hojas del árbol caídas

Como se suele decir, el que la sigue la consigue. Y no del todo, pero ya como quien dice tengo El Choclo en el bote. No comprendo por qué me ha costado tanto ya que tiene una melodía que conozco desde mi tierna juventud. Pero así son las cosas, que a veces lo más sencillo en principio es lo más complicado a la postre. Del Re menor al Re Mayor y vuelta al menor. Cambiar el Si bemol por el Fa y Do sostenidos. Pero, claro, luego están las modulaciones. En definitiva, a los ignorantes no nos queda más remedio que aprenderlo de memoria y luego soltar el rollo como loritos. Los ingleses tienen una palabra para eso: parroter, o sea, repetir como un parrot. En español podríamos decir lorear, o algo así. En fin, sea como sea, lo que yo desearía con toda mi alma es saber lo que estoy haciendo cuando hago sonar las notas. Las modulaciones para cambiar las tonalidades y todo eso. 

Y esa es la cuestión, que sospecho que lo que me pasa con la música me pasa con todo lo demás. Solo sobrevuelo la superficie de las cosas. Para Pessoa se trataría de un problema de erudición de la sensibilidad: de tanto diluirse entre mil asuntos uno no profundiza en nada y acaba hablando por hablar sin tener nada que decir. Al final, uno se da cuenta de que se diferencia poco de las porteras en el sentido peyorativo del término. Y por eso es que cada vez me cueste más ir por ahí a relacionarme. ¡Ay, si uno pudiera permanecer callado! "No me indigno, porque la indignación es cosa de los fuertes; no me resigno, porque la resignación es cosa de los nobles; no me callo, porque el silencio es cosa de los grandes. Y yo no soy ni fuerte, ni noble, ni grande." 

"Hojas del arbol caídas/ juguetes de viento son;/ Las ilusiones perdidas/ ¡ay! son hojas desprendidas/ del árbol del corazón."

En el colegio lo decíamos así: "Hojas del árbol caídas/ juguetes del viento son;/ son las consecuencias jodidas/ del follar sin un condón." Éramos mucho más bastos, pero también más prácticos. Porque si Dña. Elvira le hubiese hecho ponerse un condón a Don Félix, el estudiante de Salamanca, Espronceda lo hubiera tenido más difícil para redactar sus versos. Claro que, un condón en aquellos tiempos...

Y así vamos pasando estos lluviosos días a la espera de que vuelva a imponerse el sol.

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