Ayer, la enmascarillada cajera de Mercadona me llamó la atención porque por lo visto no estaba guardando las distancias adecuadas. ¡Tal y como están las cosas!, dijo con una prosodia que denotaba cierta angustia. Claro que también prodría haber sido que estaba encabronada por tener que contentarse con un oficio tan prometedor. En fin, el caso es que gente de la cola hacía ademanes como de darle la razón. Seguramente será que los telediarios siguen dando la matraca con el asunto.
A decir verdad ya estoy que no puedo más. Cualquier cosa que hago me exige tal esfuerzo de la voluntad que quedo exhausto. Y lo peor es que de continuo me asaltan los malos recuerdos, que es que ¡madre mía, que vida la mía! Me tengo que sentar, calmarme y poner un poco de orden en la razón: sí, no todo fue detestable, me digo entonces, y levanto cabeza por un rato. Pero solo por un rato.
Y menos mal que tengo una casa en la que me puedo refugiar. Me pongo con la farragosa partitura de El Choclo y es como si apagase la mente. Por cierto que ya voy dando con ella. Luego agarro a Pessoa que es como si fuese yo mismo: "la renuncia es la liberación" y "no querer es poder". Y entonces me voy a la cocina a preparar algo para cuando vuelva de la picina. O, si es por la tarde, para cuando venga María. Por la tarde, unas veces la película del oeste de la 13 y otras directamente la biblia.
Todo es bíblico: no hay manera de escapar al rendir cuentas por lo que hicimos... por mucho que nos empeñemos en vivir como si no fuese así.
Tengo que añadir que también el gobierno de Holanda que estuvo a la vanguardia de los terroristas y amenazó con ir puerta por puerta a buscar a los no vacunados, porque sabían quienes eran, ahora ante la pregunta de si esas muertes de más que hay en Holanda se producen en gente vacunada o no vacunada van y contestan que la vacunación es un dato privado en el que ellos no pueden entrar ni salir. ¡Enternecedor!
ResponderEliminar