sábado, 10 de septiembre de 2022

Contra el reino del Norte

El simbolismo es lo que tiene, que lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Andan por ahí los medios dando la tabarra con el pass away de la que se consideraba el símbolo por antonomasia de los valores aristocráticos. La discrección, la constancia, el valor, la compasión y, por encima de todo, la mano dura con los hijos para así garantizar la supervivencia del símbolo. Pues bien, ésta señora aguantaba muy bien el tipo y todo lo demás que se supone debe aguantar una reina, pero respecto de los hijos se comportó como una pescatera enriquecida: que no les farte de na a mis niños. Y así ha sido que no han dejado de dar de qué hablar, mayormente por las cosas de la entrepierna.  

Personalmente, todo esto de la monarquía, la república y demás formas de estructurar las sociedades, me la trae al pairo. Borges decía una cosa con la que me identifico al cien por cien. Preguntado por su opinión de la democracia contestó que la democracia funciona en donde funciona cualquier otro sistema político. Le faltó añadir que cualquier otro sistema político funciona en donde se respeta la ley de Dios. No hay más misterio en esto y toda esa parafernalia que montan los estados para resvestir el poder de respetabilidad no es más que una cortina de humo para tapar sus vergüenzas. Porque otra cosa no, pero vergüenzas que tapar cualquier poder tiene para dar y tomar. 

Y ahí está el nudo gordiano de la cuestión, que para que una sociedad respete la ley de Dios no hay otra solución que aplicar el principio aristocrático por excelencia: la mano dura con los hijos. Supongo que cualquier persona de mi edad que tenga dos dedos de frente habrá llegado a esta misma conclusión. Conclusión que, por cierto, suele ser una de las mayores fuentes de pesadumbre ya que, quién más, quien menos, casi todos la pifiamos al respecto. Y es que aplicar mano dura a los hijos es una de las cosas más sacrificadas que se pueden concebir. En cierta forma es renunciar a la vida cuando más vida tienes. Aunque decir vida no sé si será lo más apropiado. Mejor quizá sería decir oportunidades de diversión.

 En cualquier caso, ahí está Isaías para leerte la cartilla. 

"¡Ay de la corona fastuosa, de los ebrios de Efrain,

y de la for caduca, joya de su atavío,

que está en la cabeza de los hartos de vino!

Mirad: un fuerte y robusto, de parte del Señor,

como turbión de granizo y tormenta asoladora, 

con la mano derriba al suelo y con los pies pisotea

la corona fastuosa de los ebrios de Efraín

y la flor caduca, joya de su atavío, 

que está en el cabezo del valle uberrimo."


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