Veo un poco de un vídeo en el que Anxo Bastos exhibe una paciencia infinita para poder escuchar los argumentos sobre los animales de un filósofo de, por lo visto, mucho caché, un tal Ernesto Castro... supongo que Ernestro por lo del Che y Castro por lo de Fidel. El caso es que tardó poco el Che Fidel en cantar la milonga esa de que hacemos a los animales miembros de nuestra familia. Después utilizó tantas palabras raras que dejó bien al descubierto su inanez intelectual.
Personalmente, cuando alguien me empieza a contar monadas de los animales, desconecto automáticamente porque no tengo ganas de ponerme a discutir de cuestiones religiosas. Para mí los animales son cosas que se compran en las tiendas o en las ferias o, ya puestos, se cazan en el monte. Y a nada de lo que compro o cazo lo puedo incluir entre los miembros de mi familia. Siemplemente lo utilizo a conveniencia. Por ejemplo, mi padre tenía un caballo y un perro porque ejercía la profesión en un pueblo de montaña donde había muchos lobos. Tan pronto bajó a ejercer al llano civilizado cambió el caballo por un coche y se deshizo del perro. En casa los únicos animales que había eran los que comíamos: pollos y gallinas... bueno, a veces a mi hermano y a mí nos daba por criar conejos más que nada porque eso nos tenía un par de días entretenidos en labores de carpintería. Construida la conejera, cesaba el interés y los conejos iban directamente al plato.
Ya digo, desconfío de mala manera de los que dicen que se lo pasan bien con un perro. ¿Lo dirían si no fuese moda? He nacido en un pueblo donde se convivía de forma natural con los animales. De forma natural quiere decir desde una perspectiva utilitaria. Se usaban los perros y gatos para desrratizar las casas, los burros y caballos para bajar las ollas de leche a los puestos de recogida, las vacas para dar leche... a nadie se le hubiese ocurrido mantener a un animal por sus monadas. Pero eso, a la gente de hoy día le ha dado por considerar que es de baja calidad moral. A los animales hay que adorarles per se. Y pasarse miles de horas frente al televisor viendo como muestran sus habilidades para comerse los unos a los otros o, también, para evitar ser comidos. Por lo visto es de lo más interesante porque demuestra hasta qué punto son inteligentes o están dotados de caracteristicas físicas sobresalientes. Por ejemplo, a la mayoría de la gente le parecen mil veces más interesantes las carreras de un guepardo que la forma de interpretar las variaciones Goldberg Glen Gould.
En fin, huelgan comentarios, pero que conste que no me fío un pelo de los que me cuentan con admiración cosas de los animales. Me parecen, sencillamente, unos inanes que quieren dar a lo meramente instintivo la calidad de meritorio. Por mí que con su pan se lo coman, pero que no me den la tabarra.
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