Las señoritas con las que vivía a pupilage cuando era niño, entre otras muchas cosas que me enseñaron fue a llamar a los tangos argentinos, que no los flamencos, por su verdadero nombre, es decir: lamentos de cabrón. Ya saben, fané y descangallado por culpa de una mujer que prefiere irse con otro. En realidad el asunto es más viejo que los pedos. Ahí están los versos de Garcilaso para dar fe de ello. Es un hombre con todos los ingredientes del éxito social. Casado, con lindos hijos, un buen puesto en la corte... todo le sonreía, ¡ay!, pero el demonio no descansa y le puso una rubia peligrosa -perdón por el pleonasmo- delante. Desde entonces su vivir fue un sin vivir. Sobre todo desde que la rubia se casó. Y no te digo, ya, cuando al poco murió de sobreparto. A partir de ahí, Garcilaso se dedicó a componer tangos que es la forma que tienen de consolarse los cabrones. ¡Oh, más dura que el marmol a mis quejas/ y al encendido fuego en que me quemo...!
La verdad es que nunca he podido comprenderlo. Claro que sé lo que es el que te abondonen y lo mucho que eso hiere el amor propio, pero de ahí a escribir tangos... lo normal es que si a rey muerto, rey puesto, pues lo mismo, a mujer ida, mujer venida, porque ¡anda que no hay rotos para todos los descosidos habidos y por haber! Pero, bueno, también comprendo lo que consuela y puede dar de sí el arte de la queja. Ya lo decia la Rosaura de la Vida es Sueño, que tanto placer había/ en quejarse, un sabio decía/ que atrueco de quejarse/ habían las desdichas de buscarse.
Porque esa es la cuestión que lo mismo los versos de Garcilaso que las letras de los tangos son el no va más de la lírica... la más bella por más inútil, y falsa, de todas las artes. Bueno, tampoco habría que echar en saco roto los boleros mexicanos. Pero, esa es otra historia: sombras nada más/ acarariciando tus manos...
En otro orden de cosas, y por aquello de que unas cosas traen otras y al final todo es lo mismo, Garcilaso se deleita contandonos con rima la sofisticada tecnología que usaban sus contemporáneos para cazar pájaros de todo tipo y de paso lo que disfrutaban con lo que hoy día serían consideradas crueldades intolerables. ¡Ay, si hubiese leído yo estas cosas de niño! Lo que hubiera disdisfrutando poniendo en práctica todas esas hoy consideradas crueldades, pero que en mi opinión no son más que las trampas ingeniosas que ha ideado la humanidad para asegurar el futuro de la especie. En fin.
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