Uno de los deportes favoritos de los puros de corazón consiste en denostar de lo que se conoce como redes sociales. Claro, no hay nada que joda más a un puro de corazón que la libertad, que no otra cosa vendrían a ser las redes sociales... libertad en el terreno de la comunicación como nunca se sospechó que se pudiera llegar a tanto. En esas redes, cada cual es muy libre de decir, o hacer, lo que quiere, de la misma manera que cada cual es no menos libre de escucharlo, o mirarlo, y sacar sus conclusiones. Y sí, por supuesto, que eso tiene sus peligros, pero, a mi juicio, infinitamente menores que los que suponían el no tener otra fuente de información que el periódico de moda o cualquier otro púlpito controlado por el sátrapa de turno.
En las redes sociales, uno se puede dedicar a contemplar a las mujeres que, por lo que sea, se complacen en ejecutar complicados cruces de piernas que permiten vistas fugaces de sus coños. Es un deporte como otro cualquiera que más que malicia demuestra ingenuidad. También, si tienes poco cacumen, te puedes dejar arrastrar por las aburridas querellas que mantienen entre sí los parásitos por tal conseguir mejores pastizales... eso que llaman política. Incluso, te puedes enganchar en la que quizá sea la peor obsesión de todas, la que tiene que ver con el no querer morirse ni a la de tres... porque es que hay millones de vídeos dedicados a lo de la conservación a ultranza de la salud —¡harta plaga!—. En resumidas cuentas, toda la morralla del gusto de la gente que también lo es.
Pero las redes sociales también ponen a nuestro alcance cosas que hasta hace dos días lo estaban solo al de unos cuantos privilegiados. Al respecto, me gusta poner el ejemplo de la Khan Academy. De pronto, la mejor pedagogía de las matemáticas que se puede concebir está al alcance del niño nacido en la aldea más remota del planeta. Y hay miles de Khan Academys, y millones y millones de niños y jóvenes, y también viejos, pisan sus aulas. ¿Se dan cuenta de lo que eso supone en términos de una mejor comprensión de la realidad por parte de las masas? Seguramente, nunca hubo revolución en el mundo que se pueda comparar a esta de la difusión masiva de las matemáticas que se está produciendo en estos tiempos que corren. A mi entender todo conocimiento es revolucionario, pero el de las matemáticas se lleva de calle la palma.
Pero es que, lo mismo que con las matemáticas pasa con cualquier otra habilidad que quieras desarrollar. Sin ir más lejos, en mi caso, la música. Yo abro YouTube y los algoritmos, o lo que sea, hacen que más del noventa por ciento de los vídeos que aparecen en pantalla sean, ya de matemáticas, ya de música. Así, de pronto, veo un ejercicio de ritmo y no me puedo contener. No creo que pueda haber muchas cosas más adictivas que los ejercicios de ritmo. Adictivas, en el buen sentido del término, quiero decir. A todos esos niños a los que hoy día están suministrando anfetaminas porque, dicen, tienen problemas de atención, concentración, o lo que sea; pues bien, estoy seguro que les pones todos los días durante un rato a hacer ejercicios de ritmo a dos manos y en menos de lo que se dice ya se les ha pasado toda la tontería.
En fin, lo dicho, a los puros de corazón, un eufemismo de comunista, no les queda otro recurso para parar el río que amenaza llevárseles por delante que el del insulto y la difamación y, por supuesto, el de poner puertas al campo... que no otra cosa son todas esas leyes con las que intentan frenar la libertad que emana de esas redes sociales.
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