viernes, 7 de agosto de 2026

¿Por qué?

 


Juan es un tipo que enseña divinamente las matemáticas y, también, y sobre todo, el amor a la libertad. Lo mismo que Cervantes, no desperdicia ocasión para recordarnos que sin libertad no somos nada. Y es que, seguramente, entre las matemáticas y la libertad hay muchas más conexiones de las que cabría sospechar a primera vista y, eso, más o menos, es lo que Juan ha tratado de demostrarnos en el vídeo titulado "¿Por qué estudiar matemáticas cada día? 

Cuando era chaval, las matemáticas no se me daban mal, pero sin sentir el menor entusiasmo por ellas. Eran una obligación más con la que cumplías so pena de sufrir las consecuencias. Así era toda la educación recibida, sin que nadie se parase a explicarte el porqué de lo que estabas haciendo, excepción hecha, claro está, de lo de la salvación del alma, que, ahí, sí, echaban el resto tratando de demostrar que la clave del asunto consistía en no hacerse pajas.  

No tengo ni idea de si servirá o no servirá para algo el explicar a los chavales el porqué de las obligaciones que tienen. Quizá lo sabio sea dejar que con el tiempo lo vayan descubriendo por ellos mismos. Y posiblemente, en ese descubrir, más temprano o más tardío, estén las diferencias de inteligencia entre unos y otros. En lo que a mí respecta, puedo asegurar que mi descubrimiento de la magia que encierran dentro de sí las matemáticas fue muy tardío, por más que las nefastas consecuencias de su desconocimiento empecé a sospecharlas bastante temprano, concretamente cuando, rozando la treintena, empecé a dedicarme a la fisiología respiratoria. En definitiva, en cuatro días aprendí todo lo que se puede saber sobre ese asunto sin saber matemáticas y, luego, el puto aburrimiento. Por eso lo dejé todo y me fui a correr mundo. Sin duda, aunque fuese incapaz de identificarla, llevaba la espina de mi carencia clavada en el alma.

Mucho más tarde, terciada ya la sesentena, residiendo a la sazón en la premontaña palentina, se me hizo la luz y contraté los servicios de una profesora de matemáticas que había en el pueblo de al lado. Me entró entonces una pasión inusitada que me tenía todas las noches en una pura pesadilla. No me importaba porque comprendía que sin tortura no se consigue nada que merezca la pena. En un par de años me puse muy por delante de lo que había sabido durante el bachillerato. Luego descubrí la Khan Academy y le pegué unas cuantas vueltas a todos sus vídeos. Resumiendo, hace ya casi veinte años desde aquellas primeras clases en Aguilar de Campoo y, desde entonces, raro ha sido el día que no haya pasado un rato tratando de desentrañar un enigma matemático. Merodeo por YouTube, veo el enunciado de un problema y no puedo pasarlo por alto. Vendría a ser como una adicción.

Concluyo: no sé en qué medida todos esos porqués que dice Juan en el vídeo me estarán afectando, pero lo que sí sé es la satisfacción que siento cuando consigo resolver un enigma, cuanto más enrevesado mejor y, también, cuando comprendo una explicación de algo que no sabía que existía o que, sí lo sabía, pero no me había atrevido a meterme con ello. Si todo esto me sirve para ser un poco menos tonto, ¡genial! Y, si solo es puro entretenimiento, pues igual. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario