Como les iba diciendo, alivio los calores del verano bajando por las tardes a sentarme en un banco a la sombra en donde corre el viento. Y leo. Concretamente, ayer, Las Noches del Buen Retiro de Pio Baroja. En las novelas de Baroja parece no pasar nada de particular, pero está pasando de todo. Así es como es la vida: gente que se las apaña para seguir viva sean cuales sean las condiciones en las que la vida les ha colocado. No importa lo favorables, o desfavorables, que pudieran ser esas condiciones, porque seguir vivo es siempre una epopeya. Y es que la naturaleza todo lo compensa: donde quita, pone; y viceversa.
Pareciera que Baroja solo tiene ojos para las miserias de la vida, tanto de las materiales de los unos como de las morales de los otros. Las miserias materiales aguzan el ingenio; y, las morales, también. A eso es a lo que me refiero cuando digo la palabra apañárselas. La vida es un puro apañárselas para huir de la permanente insatisfacción. No tengo más que mirar sin anteojeras a mi alrededor para constatar esa realidad incuestionable.
Todo lo que he visto a mi alrededor, y en mi interior, ha sido, mayormente, cohecho y prevaricación, eso sí, procurando dar un barniz de autenticidad, de ponerse el mundo por montera. Pero para eso está, o debiera estar, la literatura, para poner las cosas en su sitio y que nadie se llame a engaño. Desde luego que, en el caso de Baroja, lo está. Lo mismo que lo está en el de Schopenhauer, que yo diría ser su gran maestro.
En fin, menos mal que, para consolarnos, nos queda la abstracción, es decir, fabricarnos un mundo paralelo: la música, las matemáticas, la literatura; cosas así que solo se consiguen poniendo en ello los cinco sentidos... lo que vendría a ser huir de este mundo miserable.
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