Por más que lo intento, no puedo evadirme de la realidad circundante que vendría a ser como cuando se puso de moda aquella canción que comenzaba: ¡La Mary Carmen!, gritaron todos. Mires para donde mires aparece una tipa llamada Mary Carmen que, desde luego, su mérito tiene, porque vivir de renta en un piso de ochenta metros, al lado del Retiro, por cuatrocientos euros al mes, convendrán conmigo que no lo hace cualquiera. Supongo que lo habrá conseguido por una serie de circunstancias que han hecho carambola, ya sea por pura casualidad, ya por fino encaje de bolillos burocráticos por parte de la interfecta que, para echar más condimento al guiso, tiene ochenta y siete años. Pues bien, el dueño del piso en cuestión, ha reclamado lo que es suyo y la debilidad organizada, o sea, la chusma, o izquierda, como le dicen, ha visto ahí una ocasión de oro para hacer lo que mejor, o único que sabe: o yo o el caos.
Decía Marx, no el de los hermanos, sino el otro, el de marras, que, por lo general, cuando algún acontecimiento se resuelve en tragedia, al repetirse años después, siempre acaba en comedia... bueno, parece ser que es en lo que estamos. Hace, ya va casi para cien años, recién inaugurada en España la putrefacta democracia, la chusma perdió las elecciones y, de paso, miles y miles de sueldos que les habían caído, como quien dice, del cielo... porque no se engañen al respecto, esto de la democracia va, sobre todo lo demás, de modus vivendi para la chusma. Y así fue que, aquellas chusmas, o izquierdas, como quieran llamarlas, se sublevaron y empezaron a matar gente, empresarios mayormente —la chusma siempre ataca a lo que le puede resolver sus problemas—, de resultas de lo cual, llegó Paco con la rebaja y pagaron caras sus culpas. Sin embargo, no aprendieron la lección —los necios ni siquiera en cabeza propia escarmientan— y a los cuatro días ya estaban en las mismas: modus vivendi mandaba. Y pasó lo que paso, que volvió Paco con rebaja y media.
Lo de ahora tiene un aire a aquello; la izquierda está a punto de perder el poder, o sea, miles de pingües sueldos por la jeró. Porque, por méritos propios, esa gente lo tiene crudo. En fin, como sea, el caso es que andan en plan de cogerlas al vuelo para montar el pollo con la intención de que la gente se asuste y empiece a pensar que más vale lo malo conocido. Es una táctica como otra cualquiera, solo que, con pocos visos de éxito. Y es que, esto de hoy tiene una diferencia crucial con cómo era la realidad hace cien años. Esa diferencia se llama: estanterías de los supermercados repletas de alimentos a precios asequibles para una inmensa mayoría. Así que va a ser que, en vez de tragedia, vamos a tener comedia. De hecho, los youtubers, esa nueva casta que está desplazando silenciosamente a la vieja casta de los periodistas, no para de hacer chistes con el asunto May Carmen.
Pero, en fin, creo que les debo una explicación del por qué llamo putrefacta a esta democracia. La cuestión viene de muy atrás. Solón hizo la primera constitución democrática y, con ella, se puso a gobernar. Fue tal desastre que, a los cuatro días, llego el tirano Pisístrato y puso orden. Duró cuarenta años o así y al morir le sucedieron sus hijos que no pasaban de ser unos cadáveres exquisitos. Les echaron en dos días y Atenas volvió a la democracia. Al medio siglo llegó el gran Pericles, que, mira tú por donde, fue el encargado de darle el golpe de gracia. Durante el medio siglo que había durado el invento, los cargos públicos habían sido honorarios, o sea, ocupados por gente sobresaliente, y tenían una remuneración simbólica. Entonces fue Pericles y dijo: esto es injusto, los cargos deben tener una remuneración a tenor de su responsabilidad. A partir de ese momento, la chusma se lanzó a su conquista y, como eran cargos electos, lo tuvo chupado, porque si algo ha sobrado siempre en el mundo, eso ha sido chusma. Y ya saben, chusma en cargos públicos y corrupción, todo es una. Así fue como se acabó la democracia por siempre jamás. Hacer del ejercicio de la política un modus vivendi como otro cualquiera es de una ingenuidad rayana con la deficiencia mental. Y colorín, colorado...
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