martes, 31 de enero de 2023

Sentimientos interpolados

The Conversation es una publicación con ínfulas donde las haya. Rigor académico, oficio periodístico, se define a sí misma. Desde luego que entre sus miembros fundacionales están prácticamente todas las universidades del mundo mundial. De las españolas, que hay unas cuantas, no falta ni una. Pero tampoco de las inglesas o francesas o estadounidenses. O sea, que reconocerán conmigo que, por fuerza, tiene que ser lo más de lo más. 

Les traigo esto a colación a propósito de un artículo aparecido el 6 de enero en la versión inglesa del invento.




ELLOS SABÍAN: ¿Por qué no hicieron más los no vacunados por avisarnos?

Parece un chiste, pero así es como corre el mundo. Ahora toca ser escarnecido por no haber hecho lo suficiente. Y así, escarnecimiento sobre escarnecimiento y sobre escarnecimiento uno, ríete tú de los judíos del holocausto, que es que hasta la misma subida al Gólgota parece cosa de niños. Todo lo cual no quita para que el gobierno de la nación, el de cualquier nación, siga implementando, como es preceptivo decir, campañas de vacunación para de aquí al fin de los tiempos.

Yo, porque todos los días paso un rato leyendo entre otros a Pessoa para que me recuerde que todo esto que llamamos vida en realidad no es más que algo así como un sueño, que, si no, ya me habría tirado por una ventana de este séptimo en el que vivo. Y menos mal que de vez en cuando nos pilla un exasoma de esos, lo que la chusma llama virus, que nos mantiene toda la noche en vela a causa de una tos seca a la que no es posible encontrar finalidad alguna, por más que sepamos a ciencia cierta que la tiene que tener; ¿qué es lo que no la tiene en esta maravillosa máquina autorreguladora que es lo que en definitiva venimos a ser?: 

  "La leve embriaguez de una ligera fiebre, cuando un malestar flojo y penetrante y frío por todos nuestros huesos doloridos y ardiente en nuestros ojos bajo sienes palpitantes-amo ese malestar como un esclavo a un tirano amado. Me da aquella quebrada pasividad trémula en la que entreveo visiones, giro esquinas de ideas y entre sentimientos interpolados me desconcierto."

sábado, 28 de enero de 2023

¡Qué veo! ¡Qué veo!

Soy una vieja máquina escacharrada. Me mire por donde me mire solo encuentro piezas desgastadas para las que no hay recambio. No sufro por ello porque siempre viví con la conciencia de que no puede ser de otra manera. ¡Ay, Quevedo, con todo lo que de niños nos reíamos con tus gracias y desgracias del ojo del culo! Y, sin embargo, ahora:

 

    ¡Ah de la vida!... ¿Nadie me responde?,

¡Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

Las Horas mi locura las esconde.


    ¡Que sin poder saber cómo ni adónde

la salud y la edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.


    Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto;

soy un fue, y un será, y un es cansado.


    En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto. 



Y en los sucesivos entretantos que me van quedando:


    Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos, pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos

y escucho con mis ojos a los muertos.


    Si no siempre entendidos, siempre abiertos,

o enmiendan, o fecundan mis asuntos;

y en músicos callados contrapuntos

al sueño de la vida hablan despiertos.



Se acuerdan de aquel en el que Quevedo iba en el tren y le entraron unas ganas horribles de hacer de vientre. Como el tren iba abarrotado, pensó que no le iba a dar tiempo de llegar al servicio así que bajó una ventanilla y sacó por ella el culo para remediar su urgencia. Y en ello estaba cuando alguien, unos bancos más allá, sintió necesidad de asomarse por la ventanilla y al mirar para un lado y otro vio el culo de Quevedo descargando su mercancía. Y gritó entonces: ¡Qué veo! ¡Qué veo! Y Quevedo que lo oyó, dijo: ¡Joder, hasta por el culo me conocen!

Y es que, por aquel entonces los chistes de Quevedo hacían furor entre los niños. Seguramente era porque los adultos le leían. 



viernes, 27 de enero de 2023

Oblivion again

En los últimos meses he estudiado unas cuantas partituras que había considerado como inaccesibles para mí. En realidad, solo era pura pereza mental, como casi todo lo que nos gustaría hacer, pero no hacemos porque nos inventamos una impotencia que nos justifica. ¿Cómo voy a subir esta montaña con lo viejo que soy? ¡Cuántas vidas destrozadas porque alguien le dijo que no servía para los estudios! ¿Pero es que hay alguien que no sirva? Servidor mismo, toda la vida argumentando que no servía para médico. ¿Cómo que no servía? Para eso sirve cualquiera; aunque no cualquiera sirve para trabajar, sea en lo que sea, en una estructura jerarquizada. Y a este argumento fue al que me acogí para hacer de mi capa un sayo. Luego, cuando me diagnosticaron de fóbico social ya fue la cuadratura del círculo. ¡Pues, claro hombre, cómo iba a poder convivir yo con toda aquella chusma que no hacía otra cosa que mantener tratos inconfesables con los laboratorios médicos! Y un montón de cosas más. Como en el tango Adios Muchachos, me fui a tierras lejanas y salvé el pellejo. ¿Cómo hubiese yo aprendido a tocar Asturias con la guitarra si me hubiese quedado allí? Se imaginan que vida más miserable. Para mí, claro, que, para otros, con un gramófono se las apañan divinamente. 

Y así es que me he vuelto a poner con la partitura de Oblivion. Es mi segundo intento y, si Dios me da salud, pienso que será el definitivo. Tendré que hacer algunos recortes porque ceñirse estrictamente a la partitura requeriría un virtuosismo del que estoy a años luz. Pero me he dado cuenta de que cada cual la interpreta en función de sus capacidades técnicas y siempre suena reconocible. Es la magia de una melodía acertada. 

Por lo demás, me sigo apoyando en Pessoa para no caer en el engaño de pensar que algo en esta vida es real. Sé de sobra que no hago más que soñar que estoy despierto. Ahora, que la palabra woke sirve lo mismo para un roto que para un descosido. ¡Por Dios bendito, cuánta necedad! Bueno, a lo mejor Jeremías estaba algo woke porque tenía línea directa con Dios. Y es que no hay otra para despertar un poco que buscar esa línea directa, cual pudiera ser aprender la partitura de Oblivion.   

jueves, 26 de enero de 2023

Dwindling uptake

En un tweet, el Dr, Aseem Malhotra dice: "Covid-19 booster jab offer set to end in the U.K.". Y añade: Nosotros hemos hecho que esto suceda. Pero esto solo no es suficiente, debemos ayudar a los perjudicados por la vacuna y conseguir que el gobierno y la agencia reguladora del medicamente se hagan responsables para que cosas así no vuelvan a suceder. 

Pues sí, parece que el gobierno británico ya dio su brazo a torcer. Ya dejó de ofrecer las dosis de refuerzo. Booster, que le dicen ellos. Claro que la realidad es que, por debajo de los cincuenta años, solo un 0,1 % hace caso de ese ofrecimiento. Ya saben, ese mínimo porcentaje de trastornados mentales profundos que viven camuflados entre nosotros. 

El asunto viene de lejos, pero cobró un significativo impulso el día que el Dr. Malhotra empezó a escribir y hablar. Y claro, fue como lo de Galileo. Cuando uno tiene mucho prestigio es difícil hacerle callar por los procedimientos habituales del amenazar, insultar, ridiculizar y demás técnicas disuasorias. De pronto, las depauperadas cadenas televisivas cayeron en la cuenta de que invitar al Dr. Malhotra aumentaba exponencialmente sus audiencias. Todo se disparó y el gobierno se vino por la pata abajo. Ahora, ya, el asunto pasa a ser de la competencia de los gabinetes de abogados. La riada de demandas judiciales que se les viene encima a los artífices del invento pandémico, si es que así se le puede llamar, se va a llevar por delante, ya sea a unos cuantos chivos expiatorios, ya sea a todo el sistema en bloque. En cualquier caso, va a ser necesario dar a la manivela de hacer dinero a destajo, porque va a ser imposible no resarcir a las legiones de perjudicados. 

Así están las cosas en el Reino Unido. Y por si no fuese poco, van unos perros y se comen a su cuidadora. Y no porque tuviesen hambre, no, simplemente porque a los "uno más de la familia" les entraron ganas de celebrar algo. Es lo que tiene esta civilización, o cultura, que no sé, que nunca se cansa de celebrar lo que sea. En fin, bueno, parece ser que los británicos, con su flema y proverbial sentido del humor, se pasan ahora el día haciendo chistes acerca de los dueños de los perros, que es que esa gente, desde luego que no tiene la cabeza mucho mejor que los que se van a vacunar: pagan una pasta por salir a la calle a recoger mierdas. ¡Ya me dirán qué plan es ese!

¡Qué mundo éste!

miércoles, 25 de enero de 2023

Nada de nada

Ya he contado unas cuantas veces como, estando un día, después de comer, reclinado en mi sillón y mirando la CNN, pude ver todo el asunto de las torres gemelas de New York. Una de las torres echaba humo y el locutor hacía diversas interpretaciones. En esas estando, apareció un avión en pantalla y fue a embestir contra la otra torre. Se disiparon las dudas: se trataba de un atentado terrorista. 

Otro día, bastantes años antes, estando en mis quehaceres matinales en el hospital alguien vino a contarme que habían hecho volar el coche de Carrero Blanco, a la sazón heredero natural de un Franco ya en las últimas: otro atentado terrorista. 

Tanto uno como otro atentado muy pronto tuvieron su relato oficial que nadie por muy loco que estuviera se habría atrevido a cuestionar. Si uno fue obra de psicópatas islámicos, el otro de no menos psicópatas vascos. En cualquier caso todos sabemos de la perfección con la que los psicópatas suelen realizar sus malévolos designios. Los dos atentados, en efecto, fueron obras maestras en su género. 

Otro día, viviendo por entonces retirado en la Serralada Central, me llegó la noticia de la escabechina habida en los trenes de cercanías de Madrid. Me hizo llorar. Aquella vez no fue tan fácil cuadrar el relato. Parece ser que los ejecutores fueron unos delincuentes marroquíes, pero como se entrecruzaron diversos intereses políticos, todavía, hoy día, hay mucha gente que no se cree la versión oficial. 

El problema es que dadas las circunstancias por las que venimos pasando, ya casi va para tres años, es muy difícil ya creerse cualquier cosa que te digan desde las instancias oficiales. Y, entonces, empiezas a pensar. ¿Pero cómo puede ser que unos chavales fanáticos puedan llevar a cabo algo como lo de las torres gemelas? No sería más lógico pesar que detrás de ellos tenía que haber algún poder de esos que llaman fácticos por aquello de su cariz inapelable. Y con lo de Carrero Blanco, tres cuartos de lo mismo. Una cosa es poner bombas y otras crear una infraestructura que precisa una logística muy sofisticada. 

Por otro lado, leyendo a Baroja, te enteras de cómo los servicios secretos de los estados utilizan a los psicópatas para generar terror entre la población. La teoría es elemental: a una sociedad atemorizada se la maneja con un dedo. Y así es como, cada vez con más insistencia se levantan voces que afirman que lo de las torres fue cosa de los servicios secretos, como lo de Carrero, como lo de los trenes... y, desde luego que parece conspiranóico, pero como acabamos de ver lo que acabamos de ver, pues, uno, como que ya no sabe que pensar de nada. 

Bueno, sí, de una cosa sí que estoy seguro, y eso es de que, al poder, cualquier tipo de poder, no le cuesta nada sacrificar una pequeña porción de sus posesiones si piensa que con ello se va a afianzar. Por ejemplo, ¿Qué son tres o cuatro mil personas para un poder como el estadounidense? Cientos de veces han sacrificado a muchos más miles en todas las guerras inútiles que han promovido. 

Y eso, por no hablar de lo de la dichosa pandemia. ¿Quién con dos dedos se lo puede creer? Y esa obsesión con la vacuna... ¡Pero si es una enfermedad que caso de existir es una enfermedad de mierda! Y, ahora, esa contumacia con la que se tratan de ocultar los efectos adversos de las vacunas. ¿Qué puede haber detrás de eso que no sea aterrorizar para mejor manejar a las masas? ¡Qué mundo éste, Dios mío! ¡Con lo bien que se está sin saber nada de nada! 

martes, 24 de enero de 2023

Jeremiada.

Sigo bebiendo a pequeños sorbos del libro de Jeremías. Jeremías, ya saben, tenía línea directa con Dios y por eso nunca se equivocaba en sus predicciones. Avisó que venía Nabuco y Nabuco vino, aunque solo fuese para que miles de años después Verdi hiciese una opera con un coro de los esclavos hebreos que a todo el mundo le encanta por lo pegadizo y, también, porque es bailable. Tres por cuatro o así. 

La verdad es que Dios estaba hasta las pelotas de los judíos. Había firmado un contrato con ellos y ellos se lo pasaban por el arco de triunfo. O por el forro de los cojones si lo queremos decir de una forma más basta. Claro, empiezas siendo buen chico, cumpliendo a rajatabla y en cuatro días vas y te plantas en las alturas. ¿Y qué pasa cuando estás en las alturas? Pues muy sencillo, que todo invita a hacer romerías. Siempre hay algo que celebrar. Y cuando no hay motivo te le inventas. Y vas descuidando tus cosas y cuando te quieres dar cuenta resulta que o estás mórbido o has acabado de limpiabotas... como dice Putin de los europeos, pienso que con toda la razón del mundo. 

Eso pienso yo, que no hemos cumplido unos cuantos contratos y estamos pagando las consecuencias. No hemos respetado las fiestas de guardar. Tampoco a la mujer del prójimo. Por no hablar de meter la mano donde no debíamos. Y ya, en lo de las mentiras y maledicencias, como para parar un tren. Y en lo de honrar padre y madre, como en lo de las mujeres del tango, mejor no hay que hablar: basta con regalarles un perro. Así, que cómo quieren ustedes que esté Dios. Pues, se le llevan los demonios, naturalmente. 

Espero que, como la historia se repite una y otra vez, punto por punto, también esta vez, como cuando lo de Nabuco, Dios destruya o mande al exilio a los que se creyeron que podían torcerle el brazo. A los otros, paz y gloria. Se diría que ya está en ello.  

lunes, 23 de enero de 2023

Londres

 "... en el barrio donde habitaban, la combinación de la niebla y el humo era horrible y malsana; la calle estaba siempre sucia, mojada, pringosa. Muchas veces esta niebla olía mal, a hidrógeno sulfurado, y parecía que se habían reventado todas las alcantarillas del pueblo.

... cerca de la casa de María y de Natalia, unos mendigos solían esperar en fila, arrimados a una tapia, el momento de entrar en el asilo; algunas viejas salían de la taberna e iban borrachas apoyándose en las paredes; otras, envueltas en mantones raídos, de cuadros blancos y negros, o en toquillas rotas, con viejos sombreros enormes comprados en cualquier trapería, charlaban en las aceras aguantando la lluvia. 

Por todo el barrio, en las casas y en las tabernas, se oían riñas y disputas. Los hombres pegaban a las mujeres y a los chicos con una brutalidad terrible. Era triste ver en medio de esta civilización tan perfecta en tantas otras cosas, que se maltrataba a los niños como en ningún pueblo del mundo."

Baroja, cuando acababa una novela, se iba por ahí a buscar inspiración para la próxima. No sé cuánto tiempo permaneció en Londres, pero desde luego que le sacó partido. Y, también, a la vuelta a Madrid, debió tener que ir corriendo al zapatero a echar medias suelas a todos sus zapatos. ¡Madre, mía, lo que pudo llegar a zapatear aquel hombre! Porque, yendo en un cab, es imposible captar tantos detalles. 

Les he transcrito una muestra de esos detalles. Y no es que no describa ambientes elegantes y, sobre todo, productivos, Pero a Baroja se le nota la querencia por lo que pudiéramos llamar realismo sucio. Por todas las partes ve miseria y, donde no la hay material, la encuentra moral. Solo se salvan los anarquistas desengañados, a los que describe como una especie de congregación de santos dedicados a la filantropía. 

Todos esos barrios que describe, yo los pateé bien pateados sesenta años o así después que él lo hiciese y, homeless borrachos sí que vi unos cuantos, pero, por lo demás, lo que había allí era una actividad muy ordenada y yo diría que pulcra. Recuerdo ese barrio donde vivían María y Natalia porque fui un par de veces con mi novia a visitar a un valenciano, pariente lejano suyo, con motivo de habernos quedado sin fondos. Como el valenciano de la novela, este también se dedicaba a la importación de cítricos. Se le veía boyante y amable por los cuatro costados. Nos proveyó de metálico y nos citó para tomar el café en su casa el próximo fin de semana. Vivía en un piso frente a la estación Victoria que era la quinta esencia de lo inglés, o sea, caoba y cuero para parar un tren. 

El caso es que recuerdo todo aquello con nitidez porque ir allí a pedir dinero me supuso una humillación insoportable. En general lo pasé fatal durante aquella estancia en Londres. Aprendí algo de inglés y visité museos y asistí a conciertos. Y vivía en un hotelito en Wimbledon donde me trataban con amabilidad. Pero no me podía quitar de la cabeza el dinero que estaba pidiendo a mi padre. Pasaba por delante de los escaparates donde había anuncios solicitando personal y me desgarraba por dentro por mi falta de valentía. Una vez abandoné el hotel y me fui a un albergue y me fue imposible aguantar más de una semana. Una noche, en la sala de sofás desvencijados que había en la planta baja hubo una trifulca entre yorubas y biafreños que me dio la excusa para regresar al hotel con el rabo entre las piernas. 

¡Qué tiempos aquellos, madre mía! No me extraña nada que me gustase tanto Baroja. Nada le consuela tanto al que está mal como que alguien le confirme en la idea de que hay miseria por todas partes, y, sobre todo, por lo que me tocaba, la de cariz moral que exhibe la burguesía. No era feliz compartiendo la felicidad a mi alrededor. La veía impostada y, sobre todo corrupta. Lo cual no me impedía aprovecharme con la correspondiente carga de culpabilidad. Por fortuna, nada más regresar de Londres comencé a hacer la especialidad en régimen de internado y, con ello, me liberé de toda dependencia económica. 

En fin, la vida, me faltó valentía. 

sábado, 21 de enero de 2023

Prosélitos

En los últimos tiempos vengo viendo que un grupito de personas serias y bien parecidas colocan en el mismo cogollo del paseo marítimo un caballete con un cartel que anuncia que se dan clases de Biblia. Supongo que si persisten es porque captan clientes, aunque, yo, hasta ayer, nunca vi a ninguno. Ayer tenían a uno con con una perilla a lo Troski que parecía durarles. A la ida de mi paseo, estaba allí escuchando atentamente al profesor, pero, cuando ya volvía, pude ver que se habían cambiado las tornas ya que el que hablaba, con lo que me pareció un cierto acaloramiento, era el Trosky. Es lo que tiene dejarse una afilada perilla, que te da un cierto aire de vehemencia. 

Como todas las tardes suelo dedicar un rato a leer la Biblia, a veces, al pasar por delante del tenderete de marras, me dan ganas de parar a pegar la hebra, pero es una tentación tan ligera que nunca vence a la pereza que me dan los frikis... porque reconocerán conmigo que hay que serlo, y mucho, para emprender tareas de proselitismo de cualquier cosa que sea. ¡Dichoso proselitismo! Claro que, si Dios lo ha puesto ahí, será porque es necesario: los incautos pican y se pegan el castañazo que, como es sabido, es la única pedagogía efectiva con los incautos. 

¡Maldición! Caigo en la cuenta de que estoy hablando con soberbia de mancebo, como decía el de Hipona, perdonen mi erudición. ¡Proselitismo, por Dios! ¿Quién se libra de practicarlo en mayor o menor medida? Quizá porque sea el camino más directo para afianzar las propias convicciones. Porque, ¿es que acaso podemos vivir sin ellas? A propósito de la Biblia, ahí está la rutilante cabeza de Jordan Peterson con sus análisis semiológicos, si así se puede decir, de los diferentes pasajes de ese Libro de Libros. Y hace vídeos con ello y lo cuelga en YouTube. Y yo corro a verlos y me maravillo y no pienso que por ello sea incauto, aunque quizá lo sea. Son interpretaciones que, en mi opinión, son iluminadoras. Te amplían el campo de visión y te incitan a persistir. En definitiva, es el de Jordan un proselitismo, que no por elegante lo deja de ser menos y de cumplir sus objetivos a la perfección: Jordan se crece día a día al ver los millones de personas que visitan sus videos. Tan crecido está que, al parecer, ya se está postulando para presidente de Canadá que es su país de origen. 

En resumidas cuentas, que en eso del proselitismo, la cuestión no es si lo practicas o no, que siempre suele ser que sí, y, ahí está el punto y la gracia del asunto, que quizá no haya actividad humana con la que mejor se manifieste, ya sea la elegancia, ya la zafiedad, de quien la practica. Me andaré con cuidado en lo sucesivo.   

viernes, 20 de enero de 2023

Baroja

Sigo con lo de La Ciudad de La Niebla y, si cabe, mi admiración por Baroja crece. Es como si fuese yo mismo matándola por aquellas calles de Londres, sin nada concreto que hacer que no fuese fisgar y, luego, al atardecer, las conversaciones con los huéspedes de aquel hotel de Wimbledon en el que me alojaba. Aquel jubilado, Mister Thornton, que había trabajado en todos los países del imperio, y que, a veces, después de cenar, me invitaba a dar un paseo por Hampton Court. Durante la cena se había dedicado a sustraer rebanadas de pan para echárselas después a los patos que había en los estanques del castillo. Cosas así, cuenta Baroja. 

La novela se desarrolla en los principios del XX. Inglaterra está por entonces en la cúspide de su poderío. Y ya hay allí unas extensas clases acomodadas, ilustradas y desocupadas, que se dedican a pasear su angustia existencial, lo que, a la postre, es la madre de todas esas conversaciones con ínfulas de interesantes por más que poco se diferencien de las que mantienen entre sí las porteras. Como no podría ser menos, mucho asunto de entrepierna, convenientemente disimulado tras diversas capas de cultura psicológica, sociológica, y demás ciencias blandas tan del gusto de los que aprenden alternando. 

En el fondo, y en la superficie, Baroja es un cronista de la inevitable decadencia de los que nacen ricos. Una decadencia pintoresca, como no podría ser de otra forma. Gente que siempre ha leído un par de libros a los que no tenía derecho para poder fardar en las reuniones de ociosos, ya sea en las anodinas que tienen lugar por las noches en las Plazas Cañadío de cualquier ciudad del mundo, ya sea en las pretenciosas que hacen anualmente en los Davos de turno aquellos a los que se les ha subido a la cabeza dos o tres buenas rachas que tuvieron. Y no hay más. 

En resumidas cuentas, todo es la visión del artista. Otro cualquiera que se pusiese a relatar semejantes vulgaridades nos daría la tabarra, pero Baroja, como hace Buñuel en sus películas, nos hace fijarnos, como el que no quiere la cosa, en tal cantidad de pequeños detalles significativos que por nosotros mismos seríamos incapaces de ver que es inevitable quedar colgado... que es como estoy. 

jueves, 19 de enero de 2023

Sofisma

El otro día les comentaba sobre una conferencia que le estaba escuchando a Juan Manuel de Prada sobre el concepto de nación. Por supuesto que con el "España como problema" como trasfondo. Las diferentes naciones, o pueblos, que la componen unidas por la argamasa de la religión. Todo iba bien, con citas de Unamuno y Menéndez Pelayo, que apuntalaban bien las tesis sostenidas. Hasta que comienza a poner ejemplos de naciones de naciones, engendros según él, que se mantienen unidas por la ley común. Por una constitución. Estados Unidos, que tanto le gusta a cierta derechuza, dice, o eso que tanto maravilla a esa especie de humanoides, Suiza... y, entonces, echa mano de Harry, el chico que sabía trucos. No sé si se acuerdan de aquella escena en la que subidos en una cabina de la noria que hay en el Prater de Viena, Harry (Orson Welles) está tratando de convencer a Holly Martin (Joseph Cotten) de lo mierda que es la democracia. Y entonces es cuando pronuncia el sofisma que se ha hecho famoso y que conferenciantes de poco fuste, como Juan Manuel, sacan a relucir con la pretensión de apuntalar sus tesis de una manera simpática. En el renacimiento italiano en medio de continuas guerras surgieron figuras como Leonardo, Miguel Ángel... en cambio, Suiza, quinientos años de paz y, único logro, el reloj de cuco. En llegando a tal punto, como es natural, pero sobre todo lógico, dejé de escuchar la conferencia. Porque es que me dio la impresión de que a Juan Manuel no se le alcanza el sofisma que se esconde tras semejante boutade. Ya solo con las figuras de Euler y la saga de los Bernoulli, ya me dirás. Pero, claro, Juan Manuel se ve que es de letras. 

Sofisma, como todos ustedes saben, es un raciocinio falso, pero que, para colar como verdadero, echa mano de la simpatía, el humor y demás trucos, para, por así decirlo, meterla doblada. Si quieren tener una idea exacta de lo que es eso pueden ir Luciano de Samosata que con artificios del razonamiento llega a demostrar hasta que punto la mosca es un animal agradable, simpático y demás bondades. Pero, para mí, el mejor exponente de este arte malvado es el pasaje de La Celestina en el que ésta está tratando de convencer a Melibea para que se eche en brazos de Calixto. 

"Tan presto, señora, se va el cordero como el carnero. Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan mozo, que hoy no pudiese morir. Así que en esto poca ventaja nos lleváis". Y así todo. 

Resumiendo, que hay que tener mucho cuidado con lo que se escucha. Sobre todo, cuando lo escuchado te cae simpático a la primera de cambio. O porque lo encuentras ingenioso. ¡Ojo con los razonamientos impecables! Porque, como dijo el sabio, Poca o ninguna es la diferencia entre la fe y la razón ya que, ésta,no es más que una fe en nuestra capacidad de razonar. 

En fin, ¡y qué le vamos a hacer si no damos para más! 

miércoles, 18 de enero de 2023

Capeando el temporal

Mientras capeamos el temporal, la vida sigue. Por la tarde di mi semanal lección de guitarra a Oli, el benjamín de mis nietos. Luego, por la noche, estuve escuchando la conferencia que dio Santi a los alumnos de chino de la Complutense. Por otro lado, seguí con las andanzas del Dr. Aracil y su hija por el el Londres fuliginoso, que así es como lo adjetiva Baroja. Claro, hay que tener en cuenta que, en aquel Londres, en cada cuarto de cada casa había una chimenea de carbón. Lo sé a ciencia cierta porque yo estuve allí cincuenta, o así, años después y pude ver esas chimeneas, aunque reconvertidas para quemar gas. Anyway, lo que me está pareciendo que quiere dar a entender Baroja es que el Dr. Aracil es un poco chisgarabís y que, como corresponde a un padre de tales características, su hija es de lo más madura y responsable. Pero, bueno, todavía no llevo mucha novela leída y habrá que ver en qué para la cosa, porque es que ya no me acuerdo, que mira que me lo llegué a saber bien todo lo de esa saga.  

Y hoy me desayuno con el comunicado que ha hecho público la Organización Mundial de la Salud. Viene a decir que los que no han pasado por el aro de las dichosas susodichas vacunas de marras son unos terroristas de la peor especie. ¡Toma castaña! No cabe duda de que esa gente está asustada y quiere salir del paso baladroneando. Es difícil saber qué es lo que han estado persiguiendo con todo el negocio del Covid, pero lo que sí parece evidente es que les ha salido el tiro por la culata. Ya solo los estratos más bajos de la escala filogenética siguen dándoles alguna credibilidad.

Por otro lado, veo el titular de un video que asegura que los del Fórum ese que fundara el señorito Klaus en lo de Davos están que trinan porque están notando que su tinglado globalista se les está viniendo abajo. Pues claro, hombre, todas esas fiestas con pretensiones del no va más siempre acaban igual, es decir, como el rosario de la aurora, o sea, cada cual a su casa y Dios en la de todos. ¡Moriartis de pacotilla! No han aguantado ni cuatro capítulos antes de que se les haya desentrañado todo el misterio... que vino a resultar que no era otro que sus pulsiones pederastas. ¡Ya te digo, la pederastia como solución a todos los problemas del mundo! ¡Pues anda que no!

En fin, cosas de la vida, que es que nunca deja de pasar que lo que parece que va a ser mucho siempre se queda en nada y, por contra, lo que acaba en mucho siempre comienza desapercibido. 

martes, 17 de enero de 2023

La Ciudad de la Niebla

Esta noche, tal parecía que íbamos en un barco y crujían las cuadernas. Ha sido hacia las tres cuando más ha arreciado el temporal. Supongo que son las cosas del cambio climático que le dicen. Porque es que, aquí, o no le alumbramos o le quemamos, al santo quiero decir. Aunque, tengo que decir que, en mi ya largo recorrido, respecto del clima, las he visto de todos los colores. Así que no me parece que todo este rimbomborio que se traen las autoridades con lo de la huella de carbono y demás, sea otra cosa que la típica excusa para seguir extorsionando... porque es que les sacas de ahí y no saben hacer otra cosa. 

El caso es que, como, por un lado, no se puede salir a escampar la boira y, por otro, estoy un poco cansado de las jeremiadas bíblicas y los combates a tota ultrança de Tirant, por no hablar de las excavaciones pessoanas, he decidido echar mano de mi nunca extinguida pasión barojiana y me he trasladado con el Dr. Aracil y su hija a La Ciudad de la Niebla.

La Ciudad de la Niebla es la tercera de una trilogía en la que se utiliza como palo de paller argumental un atentado que los anarquistas le hicieron en Madrid al rey el día de su boda, con resultado de  varias personas muertas y el rey con un susto de muerte, pero ileso. Por una serie de malabarismos novelescos, el ilustrado Dr. Aracil se ve involucrado en la trama anarquista y tiene que huir. Así es como recala en Londres que es tanto como decir el mismísimo centro del mundo en aquellos días que corrían, recién comenzado el siglo XX. 

Me imagino que lo que siempre me ha gustado de Baroja es la facilidad. Es como si no tuvise que hacer el menor esfuerzo para escribir. Cuenta las cosas como te las contaría si estuviese hablando contigo. Me recuerda a ese poema de Bukowski titulado: ¿Así que quieres ser escritor?. Si no te sale ardiendo de dentro, / a pesar de todo, / no lo hagas. 

 En resumidas cuentas, Baroja, Londres, la escritura... ¡Qué vida esta!


lunes, 16 de enero de 2023

El señorito Klaus

Si hay un personaje real que, a su vez, tenga los ingredientes de uno de ficción, ese es Klaus Schwab, al que dicen fundador de ese ente tan controvertido que se conoce como World Economic Forum. Desde luego que el tío algo tiene que tener para haber conseguido reunir a todos los poderosos del mundo una vez al año, cuando más frío hace, en Davos Platz, ya saben, ese mítico lugar donde Hans Cartop escuchaba las discusiones entre Settembrini y Naphta acerca de a ver quién de los dos la tenía más larga. Que no por otra razón es que a ese lugar se le llame también La Montaña Mágica. 

En resumidas cuentas, que nunca podremos saber si ese dichoso Forum es un lugar en el que se conspira para un mayor sometimiento de las masas aborregadas o, por contra, es un puro alarde de la nada de los que tanto se estilan para que los señoritos puedan ir de putas sin que sus señoras tengan nada que decir. Sea como sea, el caso es que el señorito Klaus, al que tanto le gustan los atuendos tipo Star Trek, de vez en cuando se despacha con unas palabrejas que todas las porteras del mundo se apresuran a glosar, ya sea con un cierto toque de indignación, ya, con admiración y respeto, y, por qué no decirlo, algunos, también, con una esperanzada expectativa de poder dar rienda suelta a sus secretas pulsiones sin por ello atraerse la enemiga de los guardianes del templo. M´explicu:

El caso es que ayer, o anteayer, el señorito Klaus va y suelta lo siguiente -supongo que después de sesudas deliberaciones-: "the pedophilia epidemic that is sweeping the world is actually “nature’s gift” to humanity" (la epidemia de pedofilia que se extiende por el mundo es realmente un regalo que hace la naturaleza a la humanidad), Y sigue: "the pedophile phenomenon represents nature’s attempt to cleanse the earth and “save humanity” from itself" (el fenómeno de la pedofilia representa el intento de la naturaleza de limpiar la tierra y salvar a la humanidad de sí misma). Algo, todo ello, con lo que se podrá o no podrá estar de acuerdo  -el premio Nobel, Gide, a buen seguro que lo estaba-, pero lo que no se puede ignorar es que aquí ya nadie oculta, por muy feo que parezca, por donde le gusta meterla.   

En fin, y en esas es a lo que estamos, a la expectativa de tiempos mejores en los que libres de todo tipo de prejuicios y tabús, podamos dar rienda suelta a nuestras naturales pulsiones que, como bien es sabido desde que aquel doctor vienes dejara escrito negro sobre blanco, es la única manera que tenemos los humanos de mantener una mente despejada. 

domingo, 15 de enero de 2023

Arthur Gordon Pym

Pocas novelas leídas en la adolescencia me impactaron tanto como Las Aventuras de Arthur Gordon Pym. Todavía tengo presente la angustia de aquellos supervivientes sobre el casco vuelto de la embarcación que ya se han comido todos los moluscos que había por allí. Solo les queda una posibilidad de sobrevivir, echar a suertes para ver a quién de entre ellos se comen. Así, con este tipo de historias, se desarrolló buena parte de mi educación sentimental. Y aquí estoy ahora, sano y salvo, contemplando cómo están echando a suertes entre los mandatarios del mundo mundial para ver a quienes de entre ellos arrojan a la turba enfurecida con ansias de resarcimiento. 

Todo parece indicar que se acerca el desenlace de esta historia de terror. Cuando veo la grotesca persecución a la que están sometiendo a Jordan Peterson, o la no menos grotesca a Andrew Bridgen, ese diputado inglés que advirtió en sede parlamentaria de la imposibilidad de ignorar por más tiempo lo que es del dominio público... y, así, cientos, miles de palos de ciego que por todos los lados está dando el poder en un inútil intento de ahuyentar su terror. La nave, les hace agua por tantas grietas que ya es imposible el achique. 

Claro, aquí el poder cuenta con la anuencia de buena parte de los que se metieron la chambelona y ni por asomo podrían aceptar que han sido engañados. Eso les pondría en un brete para el que su educación socialdemócrata no tiene contrapartidas que ofrecer. Aceptar, en tal caso, es derrumbarse. Que es lo que está sucediendo por millones... aunque de momento el derrumbe no se note porque se limita al fuero interno. 

Pero que nadie se haga ilusiones, porque la infraestructura de resistencia que se ha creado ya es gigantesca. A partir de ahora, lo más probable es que se desboque la bestia. Los medios de comunicación para viejecitos y viejecitas ya han empezado a desobedecer a un poder que ven tambalearse. Quieren hacer méritos para poder decir que también ellos estuvieron en la resistencia. 

En fin, la historia de siempre. 


sábado, 14 de enero de 2023

Neo qué?

Nos ponemos a ver El Ladrón de Bicicletas. La pasan en la televisión de la Iglesia. Aguantamos cinco minutos. Bien es verdad que antes nos hemos tragado la catarata de elogios que unos vejetes han destilado por su boca. ¡Leches!, me digo, ¿es para tanto? Es recién acabada la segunda mundial y el pueblo llano lo está pasando mal. ¿Qué hay de particular en ello?  Eso que llaman neorealismo. ¿Por qué neo? Para crear una marca, supongo. Así se vende mejor. ¡Apesta a propaganda! De la ideología de marras. 

Comprendo que soy un viejo cascarrabias, pero a mí no me la dan. Entre la catarata de elogios y el comienzo de la película nos endosan el anuncio de una ONG que pide dinero para los niños de Ukrania que están soportando una guerra que ya dura demasiado. ¡Oye tío, vete a pedírselo a esos mafiosos que están mandando armas a los ukranianos para que puedan seguir golpeando su cabeza contra un muro de piedra! ¿O es que alguien puede ser tan tonto como para albergar la menor esperanza de que con esas armas se va a conseguir algo que no sea prolongar la agonía? 

Es todo un sinsentido y el único enigma a dilucidar es si estos gobernantes que tenemos toman las decisiones que toman porque son subnormales o, bien, unos sinvergüenzas que tratan de esconder una metedura de pata provocando una de mayor calado... procedimiento que como todos ustedes saben funciona muy bien cuando la cosa va de comedia, pero fatal cuando lo que nos traemos entre manos es más tirando a tragedia. 

En definitiva, que lo suyo es evadirse de todo tipo de contacto con la propaganda por cualescualquiera procedimientos que me pudiera alcanzar. Claro que no hay que hacerse muchas ilusiones al respecto porque el bombardeo es omnipresente. Habría que ser Houdini para desatarse esas cadenas.

Por lo demás, salgo a ver amanecer sobre la bahía. Al fondo, por el sable de Somo hay una nube de bruma que supongo han formado las olas al romper. Será porque hay temporal en el Cantábrico, me digo. En cualquier caso, el espectáculo en su conjunto es éblouissante. La cordillera, en frente, es tan nítida que casi está al alcance de la mano. Es ese milagro óptico que produce el viento del sur. De regreso, entro en La Valenciana y compro mandarinas y peras. Me ha importado todo 2,33 €. Sin duda, la situación todavía no es desesperada. 


viernes, 13 de enero de 2023

Aberzales y catalinos

 Ayer, impulsado por una como nostalgia de Salamanca, me acerqué a escuchar una conferencia que daba Juan Manuel Prada en lo de Fortunata y Jacinta a propósito de la idea de nación... qué mira que ya hay que tener ganas. Hay que reconocer que a Juan Manuel esa humanidad tirando a mórbida le da una cachaza que es el coadyuvante perfecto para tratar asuntos que dado su carácter escurridizo se prestan a que cada cual lleve el agua a su molino dando la impresión de estar en su perfecto derecho al margen de que con ello esté condenando a los otros molinos al cese de negocio por cambio de paradigma. O sea, dicho en román paladino, que digas lo que digas te creas enemigos. 

El caso es que las tesis de Juan Manuel me retrotrajeron a la conversación que en una sobremesa en Amanecer en Campos tuve con un flamenco que andaba por allí escampando la boira. El tipo estaba emperrado en separarse de los valones. Debió de ser después de las guerras napoleónicas cuando las potencias pensaron que sería bueno crear unos estados tampón entre Francia y Alemania. Así surgieron Holanda y Bélgica. Los Países Bajos de antaño. O Provincias Unidas, que no sé. El caso es que, así como Holanda era homogénea tanto en religión como en idioma, Bélgica era homogénea solo en cuanto a religión, pero en lo que hace al idioma estaba partida por la mitad. Yo le recordé estas circunstancias al flamenco y él con una cierta vehemencia me respondió; ¡ya, pero es que el idioma es mucho más importante que la religión! Le contesté, que eso era ahora, pero no cuando se formaron esos estados. Y, así, dándole vueltas a estos intrascendentes asuntos estuvimos un buen rato sin llegar a ninguna conclusión. Porque ya saben lo que pasa cuando a uno de los contertulios le importa todo un carajo y al otro parece que le va la vida en ello. 

En el caso de Juan Manuel, está claro que piensa que la  religión ha sido y será el único aglutinante capaz de unir a las pequeñas naciones para formar un estado. Muerta la religión, se acabó el invento. Que no otro es el caso de la que hasta ahora veníamos conociendo como España. Ahora, cuando nuestra impresionante red de iglesias ya tiene casi como única función servir de soporte a la industria turística, la gente ha dado en creer que lo único con poder aglutinante son los idiomas. Y por eso es que las mafias locales hayan encontrado el filón perfecto para hacerse hegemónicas en su territorio. Y eso es todo lo que pasa porque Dios así lo quiere. Digamos que es el signo de los tiempos y nada debiéramos objetar a poco que tuviésemos suficiente agua para nuestro molino. 

En fin, no tengo la menor idea de cómo anda ahora lo de los catalinos y aberzales, pero para mí que, dada la lata que nos vienen dando ya va para siglo y medio, lo razonable sería darles boleta y que cada palo aguante su vela. En mi ya dilatada experiencia respecto de ésta que dicen España, he llegado a la conclusión de que cualquiera de las regiones de que se compone puede aguantar muy bien la suya sin necesidad de andar lloriqueando para que le ayuden. Así que, buena gana de andar mareando la perdiz. 

jueves, 12 de enero de 2023

Fawlty Towers

Ya me lo dijo  Pedro M. cuando le comenté mis aprehensiones respecto de un invierno sin calefacción: no va a pasar nada; va a haber el mismo gas de siempre. Y así va siendo por ahora. Y no sé, porque estoy muy poco al tanto de lo que pasa por ahí fuera, pero mi impresión es que ya ni siquiera se habla de crisis energética. Desde luego que en lo que hace a la gasolina nada de nada: estará más cara, sí, incluso al doble de lo que costaba hace un año, pero eso no es óbice ni cortapisa para que dé la impresión de que la densidad del tráfico rodado cada día que pasa sube d´un cran. Como me dijeron el otro día mis hijas, todo son estratagemas para mantener a la población amedrentada. Lo cual...

Lo cual que, ¿han conocido ustedes a alguien que se dedique a propagar el miedo si no es porque con ello está intentando ahuyentar el suyo? Pues sí, las cosas funcionan así. Estoy mal y lo único que me afianza es que los demás estén peor que yo.  Que tengan tanto miedo como yo y, al ser posible, más. Y esto, señoras y señores, parece que, como en una comedia de enredo, va a ir a más y a más, porque, a los que más miedo tienen porque más tienen que perder, ya solo les queda el recurso de la huída hacia delante, Ayer, en un vídeo que me mandaron, se veía al premier británico en el parlamento que tal parecía John Cleese en una de sus descacharrantes secuencias de Fawlty Towers. Un diputado de su partido había dicho lo que ya hasta los asnos saben, que las famosas que dicen vacunas, y no lo son, no son en absoluto de fiar. ¡Tú, sí que no eres de fiar, que eres un antisemita y un misógino y un... ale, a tomar pol culo del partido! Y el caso es que, ayer mismo, o anteayer, había salido un reportaje de dos páginas en uno de los periódicos serios de mayor tirada del país en el que un prestigioso cardiólogo aseguraba sin dejar mucho resquicio a la duda que las que no son pero dicen que son vacunas están causando verdaderos estragos en lo que hace al corazón. ¡Vaya por Dios, la tenemos buena!

Y ese es el quid de toda esta propagación del miedo, un intento desesperado de frenar la inevitable rendición de cuentas por parte de las autoridades políticas. Con solo que sea verdad la mitad de la mitad de la mitad de lo que se sostiene por ahí acerca de eso efectos adversos, la cosa no podría ser más chunga. Habrá, digo yo, que, cuanto menos, montar una comisión que investigue el asunto... aunque ya no sé si queda tiempo para eso. Al respecto, parece haberse llegado a un punto sin retorno: o se asumen responsabilidades o se va todo al carajo. 

En fin, que vamos a ver como resuelve John Cleese este episodio de Fawlty Towers que de descacharrante no tiene nada. 

miércoles, 11 de enero de 2023

Divagación

Tendría que darme un respiro. Pero no sé cómo hacerlo. Quizá bastase con un poco más de vida al aire libre. Sí, pienso que ese sería un buen comienzo. Salir por ahí a escuchar a los pájaros. Tambíen, para acompañarles, podría llevar la guitarra y sentarme en un banco a aporrearla. Al fin y al cabo siempre soñé con ser un músico callejero y nunca me atreví a ponerlo por obra. Éste podría ser un buen momento. Ya veremos. 

Miro la estantería y veo los seis volúmenes de trescientas páginas que son una buena parte de mi trabajo desde que abandoné por última vez Barcelona, ya va para quince años. Me podría sentir orgulloso, pero no puedo. No soy de ese tipo de gente. Como era El Orgulloso de las Landas, que andaba por ahí a ver qué podía levantar por aquello de consolarse de un mal trance amoroso. Lo siento, no es mi caso. 

Más que de orgullo, uno es de vanidad. O narcisismo, si mejor quieren. Lo que pasa es que me controlo. Me lo se guardar para mí. En cualquier caso, si algo tuviese que decir al respecto, sería que estoy contento. Contento del resultado de mi tesón. Porque es que, además, poco tuve que sufrir y mucho que gozar con ello. Claro que ya venía con músculo. Por ahí tengo un cajón en el que guardo otra media docena de tomos que fui fabricando desde un ya lejano día que decidí mandar al carajo el trabajo para el que me había formado. Un buen trabajo, desde luego. Y también una tumba. 

Por lo demás, si los dioses me lo conceden, seguiré añadiendo tomos. Porque escribir es mi forma de meditar. No puedo concebir otra. 


martes, 10 de enero de 2023

Soñando

Llevo ya más de un mes releyendo lo escrito en estos blogs que ya van para casi quince años. Me doy cuenta de que su contenido, mayormente, es un insistente machacar con mis obsesiones. Las típicas del fóbico social que soy según el docto criterio de los especialistas de la cosa. ¡Cómo podría ser de otra forma! 

Sea como sea, ahí está esa insistencia de muchos años en la que ahora me recreo. Porque en todo ese tiempo fui y vine y cambié muchas veces de domicilio y un montón de cosas más de las que apenas dejé constancia y, sin embargo, me demoré en otras que, en apariencia, son menos hitos. Y es que uno, mayormente, vive soñando. Hablando con los amigos muertos. Que no de otra sitio que de esas conversaciones es de donde saco la materia de mis sueños. ¡Tienen tanto que aportar esos amigos! Aunque reconozco que por lo general suelen ser exigentes. Más sentidos que tuvieses, se los tendrías que dedicar todos en cuerpo y alma para que se dignen recrearte con sus ocurrencias. 

En cualquier caso, siento que el relato de estos sueños va a ser mi legado al mundo. Yo hice mi trabajo. Ahora le corresponde al mundo aprovecharlo o tirarlo al basurero. A mi ya poco me puede importar una cosa u otra porque lo único que cuenta es lo que me ayudó a conseguir algún reconciliamiento conmigo mismo antes de la partida que ya asoma en lontananza.  

De todas formás, seguiré insistiendo hasta tenga un pie en la barca de Caronte. ¿Porque qué otra cosa podría hacer para agradecer lo mucho que se me concedió?

sábado, 7 de enero de 2023

Nobleza obliga

"No sueño con poseerte. ¿Para qué? Eso sería traducir a plebeyo mi sueño. Poseer un cuerpo es ser banal. Soñar que se posee un cuerpo es probablemente peor, por muy difícil que parezca; es soñarse banal - horror supremo. 

Y ya que queremos ser estériles, seamos también castos, porque nada puede haber más innoble y bajo que, renegando de lo que en la Naturaleza se fecunda, guardar vilmente de ella lo que nos agrada de lo que renegamos. No hay noblezas a trozos.

Seamos castos como ermitaños, puros como cuerpos soñados, resignados a ser todo eso, como monjitas tontas..."


Pessoa en ocasiones, muchas ocasiones, se manifiesta como el más refinado sádico que se pueda concebir. Nos llama plebeyos, banales, viles, innobles de una manera que no deja mucha opción a no sentir la estocada. ¿Porque, con qué contraargumento le vas a responder? ¿O es que nuestro fuero interno no acaba tarde o temprano por reconocer todo lo que nos ha machacado la vida la obsesión por querer guardar lo que nos agrada de lo que renegamos! 

Seguramente leí esto mismo con muchos menos años y, entonces,  el inconsciente trabajó para que me resbalase. Claro, es que es muy fuerte lo que nos propone. ¿Cómo que no tiene enmienda? Es solo cuestión de nobleza, te viene a decir. Nobleza obliga, que se solía decir. En fin.