viernes, 13 de enero de 2023

Aberzales y catalinos

 Ayer, impulsado por una como nostalgia de Salamanca, me acerqué a escuchar una conferencia que daba Juan Manuel Prada en lo de Fortunata y Jacinta a propósito de la idea de nación... qué mira que ya hay que tener ganas. Hay que reconocer que a Juan Manuel esa humanidad tirando a mórbida le da una cachaza que es el coadyuvante perfecto para tratar asuntos que dado su carácter escurridizo se prestan a que cada cual lleve el agua a su molino dando la impresión de estar en su perfecto derecho al margen de que con ello esté condenando a los otros molinos al cese de negocio por cambio de paradigma. O sea, dicho en román paladino, que digas lo que digas te creas enemigos. 

El caso es que las tesis de Juan Manuel me retrotrajeron a la conversación que en una sobremesa en Amanecer en Campos tuve con un flamenco que andaba por allí escampando la boira. El tipo estaba emperrado en separarse de los valones. Debió de ser después de las guerras napoleónicas cuando las potencias pensaron que sería bueno crear unos estados tampón entre Francia y Alemania. Así surgieron Holanda y Bélgica. Los Países Bajos de antaño. O Provincias Unidas, que no sé. El caso es que, así como Holanda era homogénea tanto en religión como en idioma, Bélgica era homogénea solo en cuanto a religión, pero en lo que hace al idioma estaba partida por la mitad. Yo le recordé estas circunstancias al flamenco y él con una cierta vehemencia me respondió; ¡ya, pero es que el idioma es mucho más importante que la religión! Le contesté, que eso era ahora, pero no cuando se formaron esos estados. Y, así, dándole vueltas a estos intrascendentes asuntos estuvimos un buen rato sin llegar a ninguna conclusión. Porque ya saben lo que pasa cuando a uno de los contertulios le importa todo un carajo y al otro parece que le va la vida en ello. 

En el caso de Juan Manuel, está claro que piensa que la  religión ha sido y será el único aglutinante capaz de unir a las pequeñas naciones para formar un estado. Muerta la religión, se acabó el invento. Que no otro es el caso de la que hasta ahora veníamos conociendo como España. Ahora, cuando nuestra impresionante red de iglesias ya tiene casi como única función servir de soporte a la industria turística, la gente ha dado en creer que lo único con poder aglutinante son los idiomas. Y por eso es que las mafias locales hayan encontrado el filón perfecto para hacerse hegemónicas en su territorio. Y eso es todo lo que pasa porque Dios así lo quiere. Digamos que es el signo de los tiempos y nada debiéramos objetar a poco que tuviésemos suficiente agua para nuestro molino. 

En fin, no tengo la menor idea de cómo anda ahora lo de los catalinos y aberzales, pero para mí que, dada la lata que nos vienen dando ya va para siglo y medio, lo razonable sería darles boleta y que cada palo aguante su vela. En mi ya dilatada experiencia respecto de ésta que dicen España, he llegado a la conclusión de que cualquiera de las regiones de que se compone puede aguantar muy bien la suya sin necesidad de andar lloriqueando para que le ayuden. Así que, buena gana de andar mareando la perdiz. 

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