miércoles, 18 de enero de 2023

Capeando el temporal

Mientras capeamos el temporal, la vida sigue. Por la tarde di mi semanal lección de guitarra a Oli, el benjamín de mis nietos. Luego, por la noche, estuve escuchando la conferencia que dio Santi a los alumnos de chino de la Complutense. Por otro lado, seguí con las andanzas del Dr. Aracil y su hija por el el Londres fuliginoso, que así es como lo adjetiva Baroja. Claro, hay que tener en cuenta que, en aquel Londres, en cada cuarto de cada casa había una chimenea de carbón. Lo sé a ciencia cierta porque yo estuve allí cincuenta, o así, años después y pude ver esas chimeneas, aunque reconvertidas para quemar gas. Anyway, lo que me está pareciendo que quiere dar a entender Baroja es que el Dr. Aracil es un poco chisgarabís y que, como corresponde a un padre de tales características, su hija es de lo más madura y responsable. Pero, bueno, todavía no llevo mucha novela leída y habrá que ver en qué para la cosa, porque es que ya no me acuerdo, que mira que me lo llegué a saber bien todo lo de esa saga.  

Y hoy me desayuno con el comunicado que ha hecho público la Organización Mundial de la Salud. Viene a decir que los que no han pasado por el aro de las dichosas susodichas vacunas de marras son unos terroristas de la peor especie. ¡Toma castaña! No cabe duda de que esa gente está asustada y quiere salir del paso baladroneando. Es difícil saber qué es lo que han estado persiguiendo con todo el negocio del Covid, pero lo que sí parece evidente es que les ha salido el tiro por la culata. Ya solo los estratos más bajos de la escala filogenética siguen dándoles alguna credibilidad.

Por otro lado, veo el titular de un video que asegura que los del Fórum ese que fundara el señorito Klaus en lo de Davos están que trinan porque están notando que su tinglado globalista se les está viniendo abajo. Pues claro, hombre, todas esas fiestas con pretensiones del no va más siempre acaban igual, es decir, como el rosario de la aurora, o sea, cada cual a su casa y Dios en la de todos. ¡Moriartis de pacotilla! No han aguantado ni cuatro capítulos antes de que se les haya desentrañado todo el misterio... que vino a resultar que no era otro que sus pulsiones pederastas. ¡Ya te digo, la pederastia como solución a todos los problemas del mundo! ¡Pues anda que no!

En fin, cosas de la vida, que es que nunca deja de pasar que lo que parece que va a ser mucho siempre se queda en nada y, por contra, lo que acaba en mucho siempre comienza desapercibido. 

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