Si hay un personaje real que, a su vez, tenga los ingredientes de uno de ficción, ese es Klaus Schwab, al que dicen fundador de ese ente tan controvertido que se conoce como World Economic Forum. Desde luego que el tío algo tiene que tener para haber conseguido reunir a todos los poderosos del mundo una vez al año, cuando más frío hace, en Davos Platz, ya saben, ese mítico lugar donde Hans Cartop escuchaba las discusiones entre Settembrini y Naphta acerca de a ver quién de los dos la tenía más larga. Que no por otra razón es que a ese lugar se le llame también La Montaña Mágica.
En resumidas cuentas, que nunca podremos saber si ese dichoso Forum es un lugar en el que se conspira para un mayor sometimiento de las masas aborregadas o, por contra, es un puro alarde de la nada de los que tanto se estilan para que los señoritos puedan ir de putas sin que sus señoras tengan nada que decir. Sea como sea, el caso es que el señorito Klaus, al que tanto le gustan los atuendos tipo Star Trek, de vez en cuando se despacha con unas palabrejas que todas las porteras del mundo se apresuran a glosar, ya sea con un cierto toque de indignación, ya, con admiración y respeto, y, por qué no decirlo, algunos, también, con una esperanzada expectativa de poder dar rienda suelta a sus secretas pulsiones sin por ello atraerse la enemiga de los guardianes del templo. M´explicu:
El caso es que ayer, o anteayer, el señorito Klaus va y suelta lo siguiente -supongo que después de sesudas deliberaciones-: "the pedophilia epidemic that is sweeping the world is actually “nature’s gift” to humanity" (la epidemia de pedofilia que se extiende por el mundo es realmente un regalo que hace la naturaleza a la humanidad), Y sigue: "the pedophile phenomenon represents nature’s attempt to cleanse the earth and “save humanity” from itself" (el fenómeno de la pedofilia representa el intento de la naturaleza de limpiar la tierra y salvar a la humanidad de sí misma). Algo, todo ello, con lo que se podrá o no podrá estar de acuerdo -el premio Nobel, Gide, a buen seguro que lo estaba-, pero lo que no se puede ignorar es que aquí ya nadie oculta, por muy feo que parezca, por donde le gusta meterla.
En fin, y en esas es a lo que estamos, a la expectativa de tiempos mejores en los que libres de todo tipo de prejuicios y tabús, podamos dar rienda suelta a nuestras naturales pulsiones que, como bien es sabido desde que aquel doctor vienes dejara escrito negro sobre blanco, es la única manera que tenemos los humanos de mantener una mente despejada.
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