jueves, 12 de enero de 2023

Fawlty Towers

Ya me lo dijo  Pedro M. cuando le comenté mis aprehensiones respecto de un invierno sin calefacción: no va a pasar nada; va a haber el mismo gas de siempre. Y así va siendo por ahora. Y no sé, porque estoy muy poco al tanto de lo que pasa por ahí fuera, pero mi impresión es que ya ni siquiera se habla de crisis energética. Desde luego que en lo que hace a la gasolina nada de nada: estará más cara, sí, incluso al doble de lo que costaba hace un año, pero eso no es óbice ni cortapisa para que dé la impresión de que la densidad del tráfico rodado cada día que pasa sube d´un cran. Como me dijeron el otro día mis hijas, todo son estratagemas para mantener a la población amedrentada. Lo cual...

Lo cual que, ¿han conocido ustedes a alguien que se dedique a propagar el miedo si no es porque con ello está intentando ahuyentar el suyo? Pues sí, las cosas funcionan así. Estoy mal y lo único que me afianza es que los demás estén peor que yo.  Que tengan tanto miedo como yo y, al ser posible, más. Y esto, señoras y señores, parece que, como en una comedia de enredo, va a ir a más y a más, porque, a los que más miedo tienen porque más tienen que perder, ya solo les queda el recurso de la huída hacia delante, Ayer, en un vídeo que me mandaron, se veía al premier británico en el parlamento que tal parecía John Cleese en una de sus descacharrantes secuencias de Fawlty Towers. Un diputado de su partido había dicho lo que ya hasta los asnos saben, que las famosas que dicen vacunas, y no lo son, no son en absoluto de fiar. ¡Tú, sí que no eres de fiar, que eres un antisemita y un misógino y un... ale, a tomar pol culo del partido! Y el caso es que, ayer mismo, o anteayer, había salido un reportaje de dos páginas en uno de los periódicos serios de mayor tirada del país en el que un prestigioso cardiólogo aseguraba sin dejar mucho resquicio a la duda que las que no son pero dicen que son vacunas están causando verdaderos estragos en lo que hace al corazón. ¡Vaya por Dios, la tenemos buena!

Y ese es el quid de toda esta propagación del miedo, un intento desesperado de frenar la inevitable rendición de cuentas por parte de las autoridades políticas. Con solo que sea verdad la mitad de la mitad de la mitad de lo que se sostiene por ahí acerca de eso efectos adversos, la cosa no podría ser más chunga. Habrá, digo yo, que, cuanto menos, montar una comisión que investigue el asunto... aunque ya no sé si queda tiempo para eso. Al respecto, parece haberse llegado a un punto sin retorno: o se asumen responsabilidades o se va todo al carajo. 

En fin, que vamos a ver como resuelve John Cleese este episodio de Fawlty Towers que de descacharrante no tiene nada. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario