martes, 28 de febrero de 2023

Sea como sea

En la rampa de las atarazanas que hay a levante de la dársena del pesquero han construido una estructura metálica gigantesca que ahora tendrán que arrastrar hasta el nuevo punto de atraque de los ferrys. En realidad, si bien se mira, todo ello es una obra inútil, porque no tiene otra finalidad que ganar unos metros de paseo marítimo para solaz de la ciudadanía. Supongo que, principalmente, ciudadanía foránea, es decir, ese espécimen que hace miles de kilómetros si es preciso para ir a hacer a otro sitio lo que normalmente hace al lado de su casa. O sea, mirar. A ver cosas, como suelen decir. Según Pessoa cuanto menor es la erudición de la sensibilidad mayor tiene que ser el ámbito de indagación para sentir algo. Pero Pessoa, en cualquier caso, no es Dios, o sea, que vete tú a saber cuáles son las verdaderas razones por las que la gente se va a las quimbambas para ver algo que le choque. 

Lo que es evidente de toda evidencia es que cuando el ser humano está aburrido una de sus maneras predilectas de evadirse es ponerse a cambiar el entorno. Cambiar de sitio el mobiliario y cosas así a las que tan aficionadas son las amas de casa que ya no tienen prole que cuidar. No cabe duda de que, por un rato, funciona el invento, aunque no tienen que pasar muchas horas antes de que se vuelva al aburrimiento primigenio. 

Sea como sea, yo recuerdo eso que hoy es paseo marítimo, tan adobado para los turistas y ociosos en general, como un lugar maravilloso en donde los trenes cargaban y descargaban los montones de minerales y maderas y todo tipo de mercancías a granel. Siempre estábamos inventando diabluras. Cogíamos unos tablones y fabricábamos un columpio del que siempre nos acababa echando el carabinero de turno. O saboteábamos un puñado de azufre para mezclarlo con pastillas para el dolor de garganta y pasarnos la tarde produciendo explosiones por todas las esquinas de la ciudad. A veces nos colábamos en El Covadonga que acababa de llegar de La Habana. Porque los niños, la mayoría del tiempo, éramos invisibles para los mayores. 

En resumidas cuentas, que sí, que todo está muy bonito ahora, pero, a lo que se ve, ya no sirve. Y por eso es que hayan construido esa gigantesca estructura metálica que les decía. Como si hubiesen decidido echar el resto para darle al asunto un cierto cariz de eternidad. Inútil de toda inutilidad: dentro de cuatro días los burócratas que gestionan el puerto, o la ciudad, estarán tan aburridos en sus escritorios que maquinarán cualquier desmesura para superar la que está en curso. Es algo tan instintivo como respirar. Así que buena gana de filosofar sobre el asunto. 

Por lo demás, lo único que pediría yo a los dioses omnipotentes es que, caso de existir eso que Pessoa llama erudición de la sensibilidad, que me concediesen lo suficiente de ella como para poder satisfacer mi curiosidad sin tener que alejarme mucho de mi guarida. 

domingo, 26 de febrero de 2023

Creación

El caso es que ya casi no me acordaba de aquella novela que escribí hace veintitantos años y ahora, releyéndola, me he agarrado un enganche que es que no me la puedo sacar de la cabeza. Hasta en los sueños aparece. Recuerdo perfectamente el estado de excitación en el que me colocó su creación. Llegó un momento en el que me resultaba difícil distinguir de qué lado estaba la realidad y de cuál la ficción. Era como vivir otra vida. Y ya sé que suena a tópico, pero pónganse a la tarea de inventar historias y ya verán lo poco que tardan en sentir lo que les estoy contando. 

Así que, como les digo, estoy enganchado. Y no es que vaya a caer en la ilusión de que ello es porque tiene calidad. Ni mucho menos. En todo caso, sería literatura para chachas, como dice el periodista Sostres. Pero eso no quita para que a veces casi me maraville por haber sido capaz de inventar tal engendro. ¿Cómo se me pudo ocurrir?

Claro, a mí, este tipo de juegos ya me cogieron muy mayor y por eso, supongo, los sobrellevé a palo seco y sin urgencias de ningún tipo que no fuesen las de entretener el tiempo muerto. Pero me doy cuenta de lo que tiene que ser en el caso de una persona joven y que, por ende, tiene que ganar dinero con ello. La tentación de estimularse tiene que ser tan poderosa que casi todos sucumben, Al alcohol en concreto. Se han parado a pensar en la ristra de borrachos que ha dado la profesión literaria. Malcolm Lowry dejó niquelada la cuestión en su muy recomendable novela Bajo el Volcán. 

En fin, que no sé qué hacer, porque es que, además, como se pueden adivinar en ella tintes autobiográficos... pues eso, que me da corte ponerla en circulación. Aunque, pienso, que bien lo mereciera. Y por otra parte, ya soy tan viejo que... 

viernes, 24 de febrero de 2023

Tormenta de Hielo

Estuvimos viendo estas noches pasadas la película de Ang Lee titulada La Tormenta de Hielo. Es una historia que tiene que ver con cómo el descubrimiento de la anticoncepción le hizo caer al personal en la quimera de que romper el tabú del sexo era cosa hecha. Fue por los años setenta del siglo pasado y lo recuerdo bien porque servidor tampoco se libró de sucumbir al tópico de moda. Lo de la tormenta de hielo es fácil de entender: sucumbir a esa quimera tiene como primera consecuencia un congelamiento de toda la sentimentalidad. ¡Ale, todos a follar con todos! Como si del follar no se derivase lo que es la esencia de la vida, a saber, la perpetuación de la especie. Los hijos, para que nos entendamos.

Sí, aquellos maravillosos años. Los de los rockeros que nunca mueren. Fue quizá la primera demostración de hasta qué punto los medios de comunicación de masas pueden manipular las conciencias. Por supuesto, con la inestimable colaboración de la industria farmacéutica que, como el dinosaurio del cuento, al depertar todavía seguía allí. Y lo que te rondaré.

Porque es que hoy veo un video del Dr, Campbell en el que nos cuenta que ocho con tres de los sesenta y tres millones de británicos que hay consumen habitualmente antidepresivos. O sea, más de un doce por ciento. Vas por la calle y de cada cien personas que te topas, doce al menos, van con la conciencia modificada a su antojo por la industria farmacéutica. 

Aunque tampoco es cosa de rasgarse las vestiduras. Coges la biblia, sin ir más lejos, y por todas partes se hacen omnipresentes las viñas que, por así decirlo, eran la industria farmacéutica de por aquel entonces. Desde que el ser humano empezó a civilizarse, cualquier cosa que eso sea, no ha hecho otra cosa que necesitar estimulantes para poder soportarlo. 

En fin, unas cosas llevan a otras y, al parecer, es inevitable que el final de la secuencia sea la insoportabilidad de la vida a palo seco. O lo que es lo mismo, la congelación de la sentimentalidad. ¡Hermosa metáfora la que nos cuenta Ang Lee en esa película!

jueves, 23 de febrero de 2023

Correlación y causalidad

Veo a la ministra australiana de esa cosa que llaman salud contestando a preguntas molestas que lo que tiene que hacer la gente es ponerse la quinta dosis de la pócima mágica y no solo por ellos sino por el bien de la comunidad. La tipa no se mueve un milímetro de donde estaba. Es lo que tiene ser miembro destacado de una mafia criminal, que si cedes un ápice desmoronas todo el tinglado. Aquí, en España, según me he podido enterar, también siguen con esa milonga en los hospitales. Los pobres están convencidos que si resisten un poco más la gente se irá olvidando de lo que han hecho y santaspascuas. 

Esto, señores, es serio. Recuerdo cuando hace algo más de un año a María no la dejaban vivir sus amigas a golpe de negra premonición porque no se había vacunado. Su familia, directamente, la puso el veto. ¡Oye, tú, y a día de hoy como si no hubiese pasado nada! ¿Tú crees que alguien le ha hecho el menor comentario exculpatorio? ¡Qué va! Lo que no se comenta es porque no existió. 

Así no hay forma, señores. La miseria moral lo corroe todo. A mí, desde luego, no me coge de sorpresa. Toda la historia de la humanidad ha sido lo mismo. Hay una inmensa mayoría que en los momentos turbios se comporta como auténtica basura. Lo cual que, no nos engañemos, tiene sus inmensas ventajas. Porque no siempre es fácil saber de quiénes vivimos rodeados. Y así, con estos sofocones, tenemos la oportunidad de clarificar un poco las cosas. Personalmente, me siento orgulloso de mis amigos y familia, porque al margen de lo que ellos hayan hecho al respecto, a ninguno se le ha ocurrido hacerme la menor observación acerca de mi abstencionismo, negacionismo, o como quiera que sea que la chusma tildaba a los que no hemos creído oportuno meternos por el cuerpo la pócima sagrada. 

Y todo esto, que nadie se haga ilusiones, no se olvida fácilmente. Hemos quedado marcados como quien dice a fuego. Sé lo que es eso porque llegué a vivr con uso de razón las secuelas de la guerra civil. Aparentemente, todo iba como la seda, pero un día aparecía uno con la cabeza aplastada por un pedrusco y otro se declaraba un fuego incomprensible. Los que la hicieron, de algún modo la tenían que pagar. Es una cuestión de justicia divina. De las leyes no escritas del cielo, como decían los clásicos. 

Así que, el que no quiera pudrirse por dentro que entone el mea culpa. El Dr. John Campbell lo hizo y ganó millones de seguidores por todo el mundo. Pocos habrán contribuido tanto como él a desmontar la farsa en curso. Todo el mundo comprende al que rectifica. Pero nadie entiende al que se obstina. Y como es el caso que nos ocupa contra toda evidencia. Una evidencia espeluznante, bien sure. Sin comerlo ni beberlo hemos pasado de una miocarditis cada 250.000 niños a una miocarditis cada cuarenta niños... si ya sé que el que tenga correlación con la vacuna no quiere decir que tenga causalidad, pero... 

miércoles, 22 de febrero de 2023

Barojianas

El otro día entré en una librería de viejo de la calle San Luis y salí con Las Aventuras de Shanti Andía en el bolsillo. La verdad es que iba a tiro fijo. Hace unos días al terminar La Ciudad de la Niebla me di cuenta de que tenía necesidad de volver al placer infantil de la lectura, a sentir lo que sentía cuando a mis veintitantos devoraba a Baroja. Aquello era un verdadero vicio, o sea, de esos que practicas como si de una religión se tratase. Recuerdo que, incluso, llegué a visitar la casa del autor en Vera de Bidasoa al modo de los peregrinos que acuden a un lugar sagrado. Un señor muy amable que había por allí nos dio todo tipo de detalles. Luego, para redondear, hicimos el paseo cotidiano de don Pio al otro lado de la frontera, por una carretera sinuosa entre hayedos o algo así. Afortunadamente la producción de Baroja no fue manca. Siempre había un nuevo título que echarse al coleto. Aunque, como con todo lo que tiene un límite, también padecí las angustias de la "piel de zapa" al sentir como mermaban las posibilidades de nuevos hallazgos. Afortunadamente todavía quedaban las Memorias: Desde la Última Vuelta del Camino. Un tomo de aquellos de Aguilar encuadernado en piel y más de mil páginas de papel biblia. Por así decirlo, una especie de apoteosis; un fin de fiesta para nunca ser olvidado. 

Así que, como digo, terminada La Ciudad de La Niebla, la única suya que conservo en mi exigua biblioteca, decidí volver a las andadas, si es que eso es posible, y por tal es que ande ahora con lo de Shanti Andía que creo recordar fue para mí la mejor novela de aventuras de un autor español, excepción hecha, claro está, de La Vida del Capitán Contreras, que, por cierto, también acabo de releer con las consiguientes dosis de satisfacción, por así decirlo, primigenia. 

En definitiva, que voy a ver lo que esto me da de sí. De las pocas páginas que llevo leídas ya voy cayendo en la cuenta de cuál pudo ser el porqué de aquel enganche juvenil. Y es que Baroja trasuda por todos sus poros la modernidad de Schopenhauer y Nietzsche de una forma natural, como si fuese charlando entre colegas. Ya les iré contando.

martes, 21 de febrero de 2023

Al trascantón

 "Somos, por más que no queramos serlo, siempre del momento y de sus olores y formas, súbditos del cielo y de la tierra. Aquel de entre nosotros que más se embreña dentro de sí mismo, despreciando lo que le rodea, incluso ese, no se embreña por los mismos caminos cuando llueve que cuando el cielo está sereno... 

Cada uno de nosotros es varios, es una multiplicidad de sí mismos. Por eso quien desprecia el ambiente no es el mismo que el que de él se alegra o lo padece. En la inmensa colonia de nuestro ser hay gente de especies muy diversas, pensando y sintiendo de forma muy diferente..." 

Bueno, esto es lo que escribe Pessoa y, también, es de lo que suelo hablar con Fede, un infatigable estudioso de la personalidad, cualquier cosa que eso sea. Y es que uno se recuerda a sí mismo siendo tantos y tan diversos que a qué extrañarse que el sentimiento predominante sea el de vergüenza por lo que llegaste a hacer, decir o sentir cuando eras esto u lo otro en tus versiones más detestables. 

Porque esa es la desgracia de algunos, que no pueden evitar el sentirse responsables de sus actos. Otra característica de la personalidad que los dioses dan o quitan a su antojo. ¡Y qué le vamos a hacer! Al que le toca la china que se amarre los machos porque no le va a ser fácil olvidarse de la estela que dejaron los malos momentos. Y por eso es por lo que Yahvé decidió dejar a Caín seguir su camino: ya tendrá bastante con sobrellevar el recuerdo de lo que hizo, dijo.

Sin embargo, a veces da la impresión de que hasta Yahvé se equivoca, porque la inmensa mayoría, apostaría, no sobrellevan ese peso por mayores que hayan sido las atrocidades cometidas. Porque precisamente en eso consiste la ley del rebaño a la que se acogen todos los parias de la tierra, en diluir la culpabilidad. 

¿O por qué creen ustedes, si no, que tiene tanto prestigio amontonarse? En fin, vamos a dejarlo, porque hagamos lo que hagamos y digamos lo que digamos, solos o amontonados, lo único que a la postre va a contar es si aprendiste a tocar la guitarra o a escribir una historia. Todo lo demás, un estómago con patas... y a trocar al trascantón.

lunes, 20 de febrero de 2023

Apaga y vamos.

Fuimos hasta Solares en tren. Es una gozada tenerle, como quien dice, a la puerta de casa. Desde allí, por la vía del calatraveño, nos llegamos hasta Liérganes. Andando, menos de dos horas de sumergirse en un mar de recuerdos. Los más arraigados, los de la infancia y primera juventud. 

Liérganes, bien pudiera considerarse la metáfora de lo que han sido estos casi ochenta años de los que tengo conciencia: el triunfo de la zafiedad, estulticia y, sobre todo, el mal gusto. Es increíble lo que puede llegar a hacer el dinero en manos de los iletrados. La verdad es que no sé por qué, aunque sea de Pascuas a Ramos, me arriesgo a ir por allí. Será porque mi inconsciente me está pidiendo a gritos un baño de decepción.

Estuvimos comiendo en el Hotel Cantábrico. Para ser exactos, en las ruinas de lo que fue Hotel Cantábrico. Ahora está gestionado por los herederos de Hermógenes Rodríguez, el que fundará una de las más importantes sagas confiteras de la región. Los chicos ponen voluntad, pero poco se puede sacar de donde no hay. La pureza minimalista de aquella cocina que dirigía con mano de hierro la mujer de Fonso, el indiano fundador del pequeño imperio hostelero que llegó a ser el Cantábrico, se ha convertido en la exuberancia barroca orquestada por una troupe de cocineros hispanos. Una porquería de comida, regada por un mal vino. Eso sí, que no falte La Casera. ¡Madre mía, si esto no es degradación!

En definitiva, todos los procesos de decadencia a lo largo de la historia siempre fueron igual: el paso de minimalismo racionalista al barroco manierista. Cuando ya no hay inteligencia para extraer las esencias se recurre a poner adornos a las antiguas y ya gastadas. Quiere decir, entonces, que ya no hay salvación: el Ave Fenix tiene que sucumbir para poder renacer de sus cenizas. 

Y eso es exactamente lo que necesita Liérganes: morir del éxito hortera que le tiene convertido en un pastiche horripilante. Después, cuarenta años en el purgatorio para purificarse y volver a ser lo que fue: un vivero de aristócratas. Porque, no se engañen, hasta que no vuelva la aristocracia solo podremos esperar este barroquismo pestilente que, no otra cosa, es a lo que llaman democracia... que, además, si es social, como le dicen, apaga y vamos. 

domingo, 19 de febrero de 2023

Pasada

 Ya acabé la revisión de "Pasa la Vida". En cierto modo, y valiendo la redundancia, ha sido una pasada. He revivido momentos aciagos de los que escapé por los pelos. Lo que vino después fue los clásicos cuarenta años de travesía por el desierto, con sus falsos dioses para aligerar el tránsito, hasta que, curado de quimeras, vine a dar en una relativa tierra prometida. ¡Desde luego que, qué difícil nos hacemos la vida algunos!

Aunque, a la postre, lo que importa, o lo que queda, es que del trato con las personas aprendemos algo de nosotros mismos. Ese largo recorrido que, si sirve para algo, vendrá a dar irremisiblemente en la conciencia de la propia irrelevancia. Que no otra cosa es la tierra prometida. 

Personas y personas. Diferentes sabidurías. Innatas y aprendidas. Las circunstancias de cada uno. Los diosecillos juegan con nosotros como los niños lo hacen con las figuritas. A duras penas podemos hacer otra cosa que esperar a que quieran favorecernos... que ya saben lo problemático que es eso dada la natural tendencia a la perversidad de los niños. O de los dioses. 

En fin, ahora, a ver qué es lo que los dioses quieren que haga con todos esos volúmenes que se me están acumulando en las estanterías. Aunque quizá me los hicieron escribir sólo para ayudarme a saber un poco más sobre mí mismo y el mundo que me rodea. Que ya es bastante. 

viernes, 17 de febrero de 2023

Juegos de la edad tardía

A veces, guardar cosas tiene su interés. Según qué cosas, claro está. Y en esto las personas somos tremendamente selectivas. El caso es que me dio por guardar la correspondencia que mantuve con uno de esos contactos que se hacen por internet. Estaba entonces viviendo en Alar y no tenía compromiso alguno, así que dejé correr la imaginación y salió lo que salió. Ahora lo he desenterrado y me he puesto a leerlo y tengo que confesar que a duras penas puedo resistirlo. 

Como en aquel cuento que relata un comensal, creo recordar, en El Banquete de Platón, los seres humanos buscamos más o menos desesperadamente aquella mitad de la que los dioses nos separaron por nuestra soberbia. Y en eso echamos buena parte de nuestras vidas. Si lo encontramos o no, ese es otro cantar. Lo interesante es el proceso. Las cosas que uno hace y dice cuando está en trance de seducir. 

Mi correspondiente se tilda de impulsiva reflexiva. ¿Qué quiere decir eso? A mi discreto juico, nada de nada. O mejor, si quieren, una obviedad. Todos cuando perseguimos algo somos impulsivos porque de otra manera no generaríamos las esperanzas necesarias para mantenerte en la empresa y, también, somos reflexivos porque toda empresa suscita recelos que es imprescindible analizar so pena de pegarte el batacazo. 

Y de ese tira y afloja entre el impulso y la reflexión se compone la extensa correspondencia que ahora releo. Dos personas mayores buscan algo que compromete, y mucho, y por eso andan con pies de plomo. Es el típico querer en la superficie, pero no querer en el fondo. Nunca sabrás qué componente de atrevimiento o de cobardía hay tras todo el invento. A esas edades en las que ya has aprendido a gestionarte los propios orgasmos maravillosamente, el componente impulsivo de búsqueda se ve sobrepasado sin mayores esfuerzos por la reflexión. Y ahí está el meollo de estos juegos de la edad tardía. Uno sueña con compañía para las largas y frías noches del invierno oscuro, pero, eso, simplemente sueña. No hay un deseo firme. Y sí mil temores de complicarse una vida que no está mal tal como está. 

En cualquier caso, hay como un sexto sentido que regula este tipo de cosas. A los pocos días de cesar la que ya era farragosa e inútil correspondencia apareció María en medio del escenario y ahí continua, durmiendo en la habitación de al lado. Por el querer de los dioses. Sin embargo, ahí quedó el testimonio de aquellos juegos y ahora lo releo porque estoy en plan de poner orden en mis escritos. De hecho, tengo intención de incluir esa correspondencia en un tomo que llamo Pasa la Vida y en el que he pretendido contar algo de lo que me impulsó a largarme de Cataluña y recalar en la meseta. En fin, tengo mis reticencias respecto esa inclusión, pero, por otra parte, como sé que lo más probable es que nunca vea la luz, pues me importa un rábano.

miércoles, 15 de febrero de 2023

Superstición

 "Saber ser supersticioso sigue siendo una de las artes que, realizadas en su más alto grado, señalan al hombre superior."

Servidor, no es que quiera dárselas de superior, pero reconoce que supersticioso lo es en grado sumo. ¿Cómo podría ser de otra manera con todo el fervor que dediqué al estudio de los mitos sagrados? O a las leyes no escritas del cielo, como les decía ayer a propósito de Antígona. 

Venimos ahora de un episodio de la historia en el que los subnormales que dicen gobernarnos, como si eso fuese posible, han apelado al incontrovertible valor de la ciencia como soporte de todos sus delitos. Como era inevitable, el tiro les salió por la culata. No hay ciencia que valga salvo para las pequeñas cosas de la vida. Para todo lo demás, cuando más subimos en nuestras aspiraciones más bajamos en nuestra comprensión de lo que es. Imagínense a todos esos sesudos físicos del CERN convencidos de lo del Big-bang. Como diría un francés: qu'est-ce que c'est que cette merde. Desde luego que al más corto de todos aquellos escolásticos no se la habrían dado con queso. Ya te digo, querer saber el origen del universo sin creer en Dios es como querer ir a luna en bicicleta. 

 Pues eso, que me he pasado la vida llamando superstición a lo que es ignorancia. Aunque, a decir verdad, ya me di cuenta hace mucho de que a la diosa Fortuna no se la puede estar tocando el culo para que te favorezca. O la dejas a su aire o te puede salir caro. Y lo mismo con todos los demás dioses. Eso sí es superstición. Y de la buena. 

martes, 14 de febrero de 2023

AN OPEN FORUM FOR CLASSICS

Me envía Santi un enlace a una revista de nombre ANTÍGONA. Pocos personajes hay en la antigüedad clásica más evocadores que Antígona. La razón es tan sencilla como omnipresente a lo largo de la historia: no ha habido, ni hay, ni seguramente habrá, poder en el mundo que no pretenda imponer sus leyes sobre las leyes no escritas del cielo. Antígona se opone a esa pretensión y muere. Digamos que así es como los poderes ciegos fabrican a los mesías que les destruyen. 

Pues sí, eso es Antígona, un mesías que vino a traer al mundo la buena nueva de que es imposible sustituir las leyes no escritas del cielo por otras fabricadas por los hombres. ¡Imagínense si no estará el asunto de actualidad con todos estos subnormales que gobiernan las naciones que no hacen otra cosa que intentar torcerle el brazo a la naturaleza!

Sea como sea, que no voy a ser yo ahora el que se ponga a teorizar sobre tan elevados asuntos, lo interesante de esta revista es que es un foro para el debate entre todos los aficionados al mundo greco romano. He leído unos cuantos artículos y, si quisiera, tendría un montón de cosas interesantes que contarles al respecto. Pero no teman, no voy a entrar en detalles. Solo decirles que se animen a echarle una ojeada, porque no hay nada que ayude más a conocer los intríngulis del mundo contemporáneo que saber cómo vivieron las mismas tesituras nuestros antepasados.  Unos antepasados que nos lo dejaron todo pensado y escrito para que nosotros pudiéramos aprovecharnos del escarmiento en cabeza ajena si es que eso es posible. 

En fin, si les interesa, con poner antigonejournal.com seguro que aparece en pantalla.

domingo, 12 de febrero de 2023

Creador de indiferencias

 "El lema que hoy más quiero como definición de mi espiritu es el de creador de indiferencias. Querría que mi acción en la vida fuera, más que cualquier otra, la de enseñar a los otros a sentir por sí mismos, y cada vez menos según la ley dinámica de la colectividad... Enseñar aquella desinfección espiritual gracias a la cual no puede haber contagio de vulgaridad me parece el más constelado destino del pedagogo íntimo que yo querría ser. Que cuantos me leyeran aprendiesen - aunque poco a poco, como exige el asunto - a no tener sensación alguna ante las miradas ajenas y las opiniones de los demás; ese destino enguirnaldaría suficientemente el estancamiento escolástico de mi vida."

Yo no sé para ustedes, pero para mí que es imposible acercarse más al meollo de la cuestión. Se dan cuenta de que, en vez de pensar, dice sentir. Porque para pensar, primero hay que sentir. Y desgraciadamente solemos sentir según la ley dinámica de la colectividad, que eso sí que es una pandemia de vulgaridad. Una infección espiritual que consiste en vivir pendiente de las miradas y opiniones ajenas. 

En fin, el estancamiento escolástico de mi vida... ¿saben lo que quiero decir? Pues vayan a la Salamanca del XVI y se enterarán. A partir de entonces, todo ha sido retroceso.

sábado, 11 de febrero de 2023

Las etéreas salas

No importa que las mafias del poder, esa gente moralmente devastada, que nunca acaba de sentirse segura, ni satisfecha con lo que tiene, ganen algunas batallas, porque la experiencia demuestra que no hacen más que perder la guerra definitiva que mantienen con el afán de libertad del ciudadano común. Y es que cada ser humano tiene un componente divino, su imaginación, al que es imposible mantener encerrado en la cárcel. Para que se me entienda, es como lo de Penteo que quería mantener el orden, su orden, poniendo tras las rejas a Dionisos. No había forma. Siempre se le escapaba por arte de birli-birloque. Y es que para ciertas cosas no hay barrotes que valgan. 

No sé si se habrán enterado, pero el caso es que llevamos tres años en los que esas mafias del poder vienen echando el resto para mantenernos tras las rejas. Primero montaron lo de la pandemia, pero antes de un mes ya se les habían escapado los suficientes cerebros para difundir por el mundo que todo era una gran mentira. No habían pasado dos años y ya estaban completamente derrotados. El noventa por ciento de la población ya no se quería inyectar la pócima sagrada. 

Después montaron lo de Ucrania y ni siquiera en el ascensor te librabas de escuchar pestes contra Putin. ¡Tan malos los rusos! Inútil, también. Ayer mismo, la leyenda viviente, Roger Waters, puso blanco sobre negro, ante la asamblea general de la ONU, el engaño que hay sobre esa guerra.  ¿Y quién no va a creer a Roger Waters que trasportó a varias generaciones en las alas de su música por las etéreas salas? Un canuto, Pink Floyd... y carretera y manta. Sí, desde luego que, desde ayer, Putin es bastante menos malo. Y mañana lo será mucho menos porque la verdad, como le gusta decir al profesor Salvatore Vargas, ya se cae de madura. 

Nunca les ha durado mucho el chollo a las mafias del poder político-mediático. Ni nunca les va a dura. Darán mucho pol saco, eso sí, pero ya digo, el enemigo al que quieren someter tiene un no sé qué de sobrenatural que pretender controlarlo es como querer conservar el agua en un cesto. 

En fin, es lógico que los deficientes mentales se organicen en mafias para sobrevivir. Un mecanismo más de los ideados por la naturaleza para la conservación de la especie. 


jueves, 9 de febrero de 2023

Discapacitados

Ando revisando unas historias, digamos que de realismo social, que escribí hace más de treinta años, los suficientes en cualquier caso para que consideradas desde la perspectiva actual parezcan casi medievales. Hace cuarenta, cincuenta años, agarrábamos el coche, nos echábamos a la carretera y al cabo de un par de días aparcábamos en el centro de París, o de Londres, o de Lisboa, veíamos un hotel, entrabamos, pedíamos una habitación, nos instalábamos y nos tirábamos a la calle en busca de sensaciones. Y lo mejor de todo: nadie fiscalizaba nuestros movimientos por la sencilla razón de que no tenían medios para hacerlo. ¿Sé dan cuenta de a dónde hemos venido a parar en menos de tres décadas?

Nos ha pasado como a la rana del cuento, que acabó cocida por haberse metido en agua templada. Le fueron subiendo la temperatura y no se enteró hasta que ya estaba para ser comida. Todavía recuerdo cuando un bibliotecario de la USAL me dijo que me podía conseguir cualquier artículo científico en un instante. Muy poco después, viviendo ya en Barcelona, compré mi primer laptop y lo conecté al teléfono. Era una conexión lentísima, pero ya te ponía en contacto con todo el mundo. En cuatro días ya tenía una conexión rápida y flipaba. Cada día que pasaba le encontraba una nueva utilidad. El banco, las compras, los mensajes, los viajes... poco a poco, sin comerlo ni beberlo, me había convertido en un discapacitado que había encontrado la ortopedia que le permitía vivir como una persona normal. Tan así era que llegué a olvidarme de mi dependencia de la ortopedia.

Una ortopedia a la que, en un principio, no le veía otra cosa que ventajas. No pensaba para nada en dependencias y, mucho menos, en quién estaba detrás de todos aquellos servicios que me llegaban como por arte de birli-birloque. Todo ello tenía mucho como de sobrenatural. Nunca se me ocurría ponerme a pensar en algo tan evidente como que se me estaba olvidando escribir una carta. Total, para qué, si un mensaje era instantáneo y podías decir lo mismo. 

Pasado un tiempo, no mucho, empezamos a ver películas y series en las que la ortopedia de marras era parte fundamental del argumento. Las terminales informáticas eran utilizadas por las autoridades para perseguir a la delincuencia. Total, a mí, te decías, qué me importa que las autoridades sepan con quién me comunico y en dónde he comprado y el dinero que tengo en el banco y a dónde he ido, si no hago nada malo. Y, a los delincuentes, que se jodan. Que dejen de delinquir y nadie les controlará. 

El siguiente paso fue saber que no hacía falta delinquir para que tus datos estuviesen siendo manejados con fines, en principio, comerciales. Alguien estaba enterado de cuales eran tus gustos y preferencias y por eso era que te llegasen al correo tantos anuncios relacionados con los unos y las otras. Un paso más y ya era al abrir las redes sociales que aparecía en pantalla solo lo que te interesaba. Algún ser sobrenatural te tenía cogida la medida y no paraba de facilitarte la vida.  

Y así hemos llegado a este grado de cocimiento. Ya no somos nada sin la ortopedia, pero con ella somos todavía menos. Y así es que haya tanta gente ahora utilizando la ortopedia para salirse de ella. Te vas a YouTube y hay miles, millones acaso, de vídeos de gente que cuenta cómo trata desesperadamente de salirse del invento y volver a aquella soñada edad de oro en la que, como digo, agarrabas el coche, ibas a Paris y aparcabas delante de la Sorbona. Todo a la aventura y nadie que tú no quisieras se enteraba de tus andanzas. En fin, como ven, historias de discapacitados.   

martes, 7 de febrero de 2023

Lo siento

Siento mucho tener que insistir, pero es que me parece que hasta que no solventemos esto no podremos ser personas. ¿Es verdad o no es verdad que las llamadas vacunas para eso del covid han producido miles, cientos de miles, de víctimas debido a unos efectos secundarios que, al parecer, según acreditan ciertos documentos, injustamente mantenidos secretos, se sabía de sobra que se podían producir? El asunto me parece de tal envergadura que no se puede obviar ni un minuto más. En Japón un grupo de entre los más prestigiosos científicos del país han puesto una demanda al Gobierno por haber ocultado esa información. Ellos están seguros de que, efectivamente, las susodichas vacunas han producido una hecatombe. ¿Cómo puede ser que un grupo de prestigiosos científicos haga una rueda de prensa para explicar el asunto y ningún medio de comunicación se haga eco? Aquí está pasando algo muy raro que si no se dilucida nos va a llevar a todos por delante. 

La vida en apariencia sigue igual. La chusma se amontona a la puerta de los bares o pasea el perro por las alamedas. Los jubilados no se apean del coche ni para cagar y las autoridades no se cansan de organizar eventos e inaugurar centros cívicos. Por cierto, que las susodichas autoridades han llenado la ciudad con carteles de "También de esto se sale", refiriéndose el "también" al despilfarro energético.  Porque, claro, según ellos, de lo que hemos salido, y con nota, es de la famosa pandemia. Lo hicieron todo maravillosamente. Ni un solo periódico ni televisión les ha puesto la menor pega. Y al que lo ha osado, siquiera mínimamente, lo han arrojado a los leones. ¿Y nos vamos a quedar de brazos cruzados ante tamaña desfachatez? No, mira, hasta que esta gente se someta al escrutinio del pueblo soberano la cosa solo va a empeorar. 

Ya digo que lo siento, Pero esto es una cuestión de orden moral que nos concierne a todos. Y allá cada cual si quiere o no quiere esconder la cabeza debajo del ala porque va a dar igual. Y si no se lo creen, cojan, agarren una Biblia y váyanse a lo de Jeremías. Él decía que se lo había dicho el Señor, pero en realidad la que hacía era razonar sobre cuestiones de orden moral. Cuando la gente se salta los preceptos divinos es muy fácil predecir que se va a pegar el castañazo. La experiencia es determinante al respecto. Y esa es la cuestión, que aquí no hay precepto divino que no se haya violado por parte de las autoridades. ¡Por Dios bendito, qué años venimos de pasar! ¿Cómo es posible que todavía no nos hayamos quitado de enmedio a estos gobernantes?

En fin. 


domingo, 5 de febrero de 2023

El cerco

El cerco se estrecha. Me refiero al que la parte de la ciudadanía que todavía no está podrida le está poniendo a los gobernantes y a los que los sostienen que no sabemos muy bien quiénes son, pero que lo suponemos con bastante fundamento basándonos en los datos de la historia. 

Hoy de madrugada he escuchado la homilía de Neil Oliver, un predicador centrado en el estado de la democracia en el Reino Unido. 'We cannot be told what to do by Government' (el Gobierno no nos puede decir lo que tenemos que hacer), ha dicho. Porque el caso es que en Inglaterra existe desde 1215 una cosa que se llama Magna Carta Libertatum (Gran Carta de las Libertades). De las libertades individuales. Desde entonces ha sido una guerra continua, por defenderla el pueblo y por limitarla el poder constituido. Y en ello se está. 

Se está en Inglaterra y se está en todo el mundo. Porque nunca hubo ni habrá otra guerra que la que libran unos por dominar y otros porque no les dominen. A veces cuando los dominadores ven la cosa mal se ponen de acuerdo los de los diversos países para montar una guerra entre ellos que lleve a las poblaciones de sus respectivos países al matadero. Es una cuestión relativamente sencilla por aquello de que al ser humano se le convence con facilidad de que su vecino le está robando. Acuérdense de aquel Pujol que convenció a buena parte de los catalanes de que "Espanya ens roba". A mí desde luego que no me la dio, porque sé a ciencia cierta que aquello lo puso en marcha en connivencia con los mandamases de Madrit, como dicen ellos. Una manera bastante genial y efectiva de poder seguir manejando sin esfuerzo a las masas por el simple procedimiento de tenerlas enfrentadas. 

El problema que tiene ahora el poder en curso es que empleó una mala estrategia para enfrentar a unos con otros. Se inventó todo esto de la pandemia con la finalidad de, por medio del terror, imponer un control estricto sobre las poblaciones. La vacunación era el medio para implantar un carnet digital que permitiría utilizar las nuevas tecnologías, eso que llaman Inteligencia Artificial, para mantener a la gente en el cepo por el resto de sus vidas. ¡Y se acabaron los problemas! El fin de la historia. La alarma sonó cuando una parte de la población se olió el pastel y se negó a vacunarse. Se les empezó a demonizar y parecía que la cosa les funcionaba. Se les comparó con los nazis, con los pitecántropos... se pasaron varios pueblos. Gran parte de la chusma entró al trapo hasta el punto de que se convirtió en peligroso salir a la calle si no habías querido vacunarte. Pero duró poco el embeleco. De la parte de los no vacunados estaba lo mejor de la inteligencia del mundo. Y lo que pasa siempre, que la inteligencia tardará más o menos, pero siempre acaba ganando. Hoy día el noventa por ciento de las poblaciones callan como putas, pero cuando les dicen que se vayan a vacunar se quedan en casa... rumiando su vergüenza por las cosas que llegaron a decir.

No, hoy día los gobiernos no tienen enfrente a unas poblaciones divididas por la vacuna o cualquier otro invento del tebeo. Hoy, saben que están perdidos y por eso no hacen más que dar palos de ciego. Todavía controlan unas cuantas cosas, pero todas se les van agrietando. Ya en los medios de comunicación empiezan a tener voz los demonizados de ayer. ¡Y qué voz! Se oye de extremo a extremo cada vez con mayor delectación. Una nueva casta de héroes está surgiendo, la de los que no se dejaron engañar. Porque es que, además, era todo tan burdo... 

En fin, lo que les decía, que se estrecha el cerco y de nada va a servir meter la cabeza debajo del ala. 


sábado, 4 de febrero de 2023

Perplejidad

Como nunca nos enteramos de la misa la media, lo que es yo, que diría la quiosquera de mi barrio, cada día que pasa estoy más perplejo. Lo que es yo, porque, para lo que no lo es, parece como si nunca hubiese tenido tanto sentido aquel dicho que asegura que al que Dios se la da, San Pedro se la bendice. Que se muere un 20% más de gente de lo que es habitual... no pasa nada. Que ese 20% se componga en buena parte de gente joven... sigue sin pasar. Bueno, ahora, como  Dios se la ha dado a un destacado miembro de la familia real tailandesa parece ser que San Pedro no se la quiere bendecir y la cosa está que arde. Porque es que las evidencias se están haciendo insoportables para la segunda parte contratante de la segunda parte que, en realidad, es la primera. Ya no caben más malabarismos con el lenguaje y es hora de que alguien, o alguienes, den la puta cara. 

Pero, para perplejidad, lo de esa guerra que dicen que hay en Ucrania. ¿Qué se le ha perdido al mundo en aquella guerra entre clanes familiares? Imagínense, España, ¿dónde le queda aquello? Pues, si nos atenemos a todo lo que estamos ayudando a una de las partes en el conflicto, se diría que lo tenemos a la puerta de la cocina. Para los que no sabemos nada de los intríngulis, o resortes, de la historia, todo parece un montaje de opereta. Y, para mayor inri, hagas lo hagas, siempre se te pondrá ante los ojos la ong que te recuerda lo mal que lo están pasando los niños de ese país maldito. ¿Entienden ustedes algo? Yo, es que, aunque quisiese, no podría tener nada contra los rusos. Se me viene a la cabeza toda su literatura, toda su música, y no puedo más que hacerme su hermano de sangre. Claro que la música y literatura de aquellos lares no diferencia mucho, por no decir nada, a rusos de ucranianos. 

Quizá es que sea que así ha corrido siempre el mundo. Se quejaba Ernst Jünger de que cuando estaba tumbado sobre unas tablas en el fondo de una trinchera, leyendo Gengi Monogatori y escuchando el silbido de los proyectiles que pasaban por encima, no se podía quitar de la cabeza que un par de cientos de kilómetros más allá la gente iba a los cafés como si no pasase nada. Oye, a cada uno le toca lo que le toca, no se sabe si por merecimientos propios o porque Dios así lo quiere: también en esto somos como las hojas caídas que son juguetes del viento; nada que ver, en cualquier caso, con esa justicia divina que tanto preconiza el libro de libros. 

En fin, me voy a poner con la partitura de Oblivion que ya parece como que le voy cogiendo el punto. Me tengo que apurar porque ya vienen apretando por detrás las Seis Breviedades de Sergio Assad. Esto de cultivar un huerto es un puro sin vivir. 

jueves, 2 de febrero de 2023

Cepo

El caso es que por circunstancias de la vida llevo unos días que apenas salgo de casa, lo cual que le lleva a uno a hacer cosas que en condiciones normales nunca se me hubieran ocurrido. Y así ha sido que sin saber cómo ni por qué me he puesto a hurgar en los papeles que tengo arrumbados en un cajón. Y he encontrado un cuadernillo en el que hay media docena de historias que escribí cuando, como quien dice, apenas me había apuntado el bozo en lo que a escribir se refiere. Pues bien, me ha parecido que pudieran ser aprovechables para mantenerme entretenido unos cuantos días corrigiéndolas la forma ya que el fondo tiene esa ingenuidad de los principiantes que es lo que a la postre le da a cualquier arte su aquel de genialidad. Así que, por ese lado estoy contento. 

Por el lado en el que estoy un tanto encabronado es por el de siempre, por tener que soportar este sistema político que es lo más parecido a vivir en un cepo. Resulta que me vendría ahora como de molde tomar cierto medicamento que hasta hace no mucho podías comprar en cualquier farmacia por dos perras. Pues bien, ahora, tengo que pedir hora a un médico que sabe sobre el asunto que me concierne la décima parte que yo, tengo que ponerme la mascarilla, le tengo que suplicar una receta de lo que quiero, luego, si lo consigo, más mascarilla para la farmacia... ¿ustedes creen que esto es plan? ¿Pero por qué nos hemos dejado acogotar de esta manera? Y lo que más me desespera es que la gente a mi alrededor no vé por ninguna parte el cepo que les tiene inmovilizados. Nunca entenderé cómo hemos podido llegar a esto. Un sistema en el que por nuestro bien tiene convertido a cada sujeto en un policía de su vecino. Policía o, en el caso de los médicos, en un tiranuelo de mierda. ¡Dios, aquella manera de ejercer la profesión que tenía mi padre! Tengan por bien seguro que, al respecto, hemos retrocedido siglos. 

En resumidas cuentas, que voy a ver si me hago con un pequeño arsenal para las emergencias vía la India. Allí todavía puedes comprar medicamentos sin pedir permiso a la mafia médico-política de turno. En fin, que aquí me iban a pillar a mí si fuese algo más joven. Aunque sería más correcto decir menos viejo. Cualquier país de África me iba a servir mejor que este de mierda que nos dejó en herencia Franco con sus ansias socialdemócratas. ¡Dios, qué engañado he vivido!

miércoles, 1 de febrero de 2023

Torra

Sobre la necesidad de volver de vez en cuando a los principios. El otro día lo hablaba con Santi que me recordaba la importancia de leer a Aristóteles. Y en ello estoy. Con su Metafísica. Es muy curioso y supongo que instructivo, detenerse a pensar cómo el ser humano fue construyendo el edificio del conocimiento. Deconstruyendo el pensamiento mágico que es algo que como si nos fuese dado por gracia divina. El ser humano necesita respuestas a todo lo que le sorprende e inquieta y, cuando no tiene medios para encontrarlas, se las inventa. Es eso que llaman mitología. Lo interesante de todo esto es que el aprendizaje de cada individuo es como el de la humanidad en su conjunto: un penoso o gozoso, según cómo se mire, recorrido desde los cuentos de héroes con superpoderes a los limitados poderes de la razón. 

Es ésta, una transición que nunca se termina. Y, lo más curioso, es la facilidad con la que al menor tambaleo del espíritu evolucionado se retrocede hacia el mito como el más seguro refugio. Ya sea la varita mágica de Harry Potter, ya sea la infalibilidad Clint Estwood, ya la invulnerabilidad de John Wayne, ya sea la pandemia del covid, los ejemplos son infinitos, lo que nos apacigua es participar de la ilusión, siquiera por un rato, de que el mal puede ser vencido. 

La recurrencia del mito, esa es la gran cuestión de nuestra historia. Y no hay forma de avanzar un milímetro hacia una solución de ese cáncer de la humanidad. La dichosa paz infinita que decía aquel subnormal que curiosamente llegó a presidente de las Españas. Esa ansia de paz que solo puede calmar la guerra. Pero vete tú a contarle estas cosas a aquel presidente que seguramente ni siquiera había oído hablar de Aristóteles. 

De esas cosas es de las que te das cuenta cuando partiendo de los principios te pones a reflexionar sobre la realidad circundante. No hay forma de evadirse del miedo a perecer. Puedes despistarle un poco a costa de grandes esfuerzos intelectuales, pero, da igual, siempre vuelve a encontrarte a nada que el ánimo baje de nivel. Y vuelta a empezar con los sacrificios a los dioses. Hay que aplacarles para que no desencadenen su furia. Y si tienen alguna duda al respecto, ¿por qué piensan ustedes que es tan fácil gobernar a una comunidad cualquiera? Solo hay que poner un mito a circular y ya todos vienen a comer a tu mano como corderitos. En fin, Pilarín, que no hay manera de evitar que cuanto más aparente sofisticación hay en mundo menor sea la capacidad de los humanos para ser personas. Todo el día cagaos por la pata abajo. Y perdonen por la torra que les acabo de dar, pero es que esta especie de flojo malestar que vengo arrastrando desde hace unos días me empuja hacia los cerros de Úbeda sin que me queden fuerzas para resistirme.