jueves, 23 de febrero de 2023

Correlación y causalidad

Veo a la ministra australiana de esa cosa que llaman salud contestando a preguntas molestas que lo que tiene que hacer la gente es ponerse la quinta dosis de la pócima mágica y no solo por ellos sino por el bien de la comunidad. La tipa no se mueve un milímetro de donde estaba. Es lo que tiene ser miembro destacado de una mafia criminal, que si cedes un ápice desmoronas todo el tinglado. Aquí, en España, según me he podido enterar, también siguen con esa milonga en los hospitales. Los pobres están convencidos que si resisten un poco más la gente se irá olvidando de lo que han hecho y santaspascuas. 

Esto, señores, es serio. Recuerdo cuando hace algo más de un año a María no la dejaban vivir sus amigas a golpe de negra premonición porque no se había vacunado. Su familia, directamente, la puso el veto. ¡Oye, tú, y a día de hoy como si no hubiese pasado nada! ¿Tú crees que alguien le ha hecho el menor comentario exculpatorio? ¡Qué va! Lo que no se comenta es porque no existió. 

Así no hay forma, señores. La miseria moral lo corroe todo. A mí, desde luego, no me coge de sorpresa. Toda la historia de la humanidad ha sido lo mismo. Hay una inmensa mayoría que en los momentos turbios se comporta como auténtica basura. Lo cual que, no nos engañemos, tiene sus inmensas ventajas. Porque no siempre es fácil saber de quiénes vivimos rodeados. Y así, con estos sofocones, tenemos la oportunidad de clarificar un poco las cosas. Personalmente, me siento orgulloso de mis amigos y familia, porque al margen de lo que ellos hayan hecho al respecto, a ninguno se le ha ocurrido hacerme la menor observación acerca de mi abstencionismo, negacionismo, o como quiera que sea que la chusma tildaba a los que no hemos creído oportuno meternos por el cuerpo la pócima sagrada. 

Y todo esto, que nadie se haga ilusiones, no se olvida fácilmente. Hemos quedado marcados como quien dice a fuego. Sé lo que es eso porque llegué a vivr con uso de razón las secuelas de la guerra civil. Aparentemente, todo iba como la seda, pero un día aparecía uno con la cabeza aplastada por un pedrusco y otro se declaraba un fuego incomprensible. Los que la hicieron, de algún modo la tenían que pagar. Es una cuestión de justicia divina. De las leyes no escritas del cielo, como decían los clásicos. 

Así que, el que no quiera pudrirse por dentro que entone el mea culpa. El Dr. John Campbell lo hizo y ganó millones de seguidores por todo el mundo. Pocos habrán contribuido tanto como él a desmontar la farsa en curso. Todo el mundo comprende al que rectifica. Pero nadie entiende al que se obstina. Y como es el caso que nos ocupa contra toda evidencia. Una evidencia espeluznante, bien sure. Sin comerlo ni beberlo hemos pasado de una miocarditis cada 250.000 niños a una miocarditis cada cuarenta niños... si ya sé que el que tenga correlación con la vacuna no quiere decir que tenga causalidad, pero... 

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