"Somos, por más que no queramos serlo, siempre del momento y de sus olores y formas, súbditos del cielo y de la tierra. Aquel de entre nosotros que más se embreña dentro de sí mismo, despreciando lo que le rodea, incluso ese, no se embreña por los mismos caminos cuando llueve que cuando el cielo está sereno...
Cada uno de nosotros es varios, es una multiplicidad de sí mismos. Por eso quien desprecia el ambiente no es el mismo que el que de él se alegra o lo padece. En la inmensa colonia de nuestro ser hay gente de especies muy diversas, pensando y sintiendo de forma muy diferente..."
Bueno, esto es lo que escribe Pessoa y, también, es de lo que suelo hablar con Fede, un infatigable estudioso de la personalidad, cualquier cosa que eso sea. Y es que uno se recuerda a sí mismo siendo tantos y tan diversos que a qué extrañarse que el sentimiento predominante sea el de vergüenza por lo que llegaste a hacer, decir o sentir cuando eras esto u lo otro en tus versiones más detestables.
Porque esa es la desgracia de algunos, que no pueden evitar el sentirse responsables de sus actos. Otra característica de la personalidad que los dioses dan o quitan a su antojo. ¡Y qué le vamos a hacer! Al que le toca la china que se amarre los machos porque no le va a ser fácil olvidarse de la estela que dejaron los malos momentos. Y por eso es por lo que Yahvé decidió dejar a Caín seguir su camino: ya tendrá bastante con sobrellevar el recuerdo de lo que hizo, dijo.
Sin embargo, a veces da la impresión de que hasta Yahvé se equivoca, porque la inmensa mayoría, apostaría, no sobrellevan ese peso por mayores que hayan sido las atrocidades cometidas. Porque precisamente en eso consiste la ley del rebaño a la que se acogen todos los parias de la tierra, en diluir la culpabilidad.
¿O por qué creen ustedes, si no, que tiene tanto prestigio amontonarse? En fin, vamos a dejarlo, porque hagamos lo que hagamos y digamos lo que digamos, solos o amontonados, lo único que a la postre va a contar es si aprendiste a tocar la guitarra o a escribir una historia. Todo lo demás, un estómago con patas... y a trocar al trascantón.
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